León XIV pide que el llanto de las víctimas de la guerra «conmueva las conciencias» de los poderosos
En la Misa por los fieles difuntos en el cementerio del Verano, ha recordado las lágrimas de quienes han perdido a alguien por «la absurda violencia de la guerra». Y ha animado a tener «confianza en las manos de Dios» que custodian a los fallecidos
El Papa León XIV ha recordado este lunes a todas las víctimas de «la absurda violencia de la guerra». Asimismo, durante la Misa por los fieles difuntos celebrada en el cementerio romano del Verano, ha llamado a los gobernantes a detener los conflictos.
«En este momento queremos rezar por todos aquellos que han perdido recientemente a un ser querido. En particular, por quienes lo han perdido a causa de la absurda violencia de la guerra», ha lamentado el Pontífice estadounidense en su homilía.
En el día en el que recordamos a los fieles #Difuntos el #Papa acude al #Cementerio del Verano de Roma Antes de celebrar #Misa ha depositado un ramo de flores blancas y amarillas sobre una de las tumbas. #Vaticano https://t.co/bxgb2k3vFe
— Eva Fernández (@evaenlaradio) November 2, 2026
Y ha exclamado: «¡Que las lágrimas de tantas madres, de tantos niños y de tantos ancianos lleguen al corazón y conmuevan las conciencias de quienes tienen el poder de hacer callar las armas!».
Oración ante una sepultura
León XIV ha celebrado la Misa en la Conmemoración de los Fieles Difuntos en la explanada de entrada del cementerio monumental del Verano en Roma, ante la presencia de numerosos fieles a pesar de la amenaza de lluvia.

Antes de la Eucaristía, el Papa ha rezado durante unos instantes ante una tumba del camposanto en la que además dejó un ramo de flores blancas y amarillas, los colores de la bandera del Estado vaticano.
En su homilía, el Santo Padre ha recordado que la fe se alimenta con la Palabra y con la «confianza en las manos de Dios», «manos capaces de custodiar el alma de los justos» y promesa de salvación para que, a los fieles difuntos, como dice el Libro de la Sabiduría, «ningún tormento les tocará».
Y ha pedido «que sus manos paternas y seguras los custodien por toda la eternidad, para que puedan disfrutar plenamente de esa unión recíproca y vital que el Señor promete a su pueblo».
«El vínculo no se rompe, se transforma»
Repasando las bienaventuranzas, ha destacado una que, a su parecer, «nos afecta en modo particular»: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados». Ha sido entones cuando ha aludido a las víctimas de las guerras.

Al concluir su homilía, León XIV ha destacado que «la fe en Cristo nos dice que nuestro vínculo con los fieles difuntos no se rompe, sino que se transforma». Una transformación que se acompaña con la oración de sufragio por nuestros seres queridos hacia la plena comunión con el Señor, la misma comunión anticipamos en la Eucaristía.
«Animados por esta fe llena de esperanza, continuamos nuestro camino terrenal, a la espera del día en que Él enjugará toda lágrima, cuando “ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”».
Es la segunda vez que León XIV decide conmemorar a los fieles difuntos en el cementerio del Verano. Ya lo hizo el año pasado, el primero de su pontificado.