Mientras Maite buscaba preocupada a su marido, «él solo quería decirme que me quería» - Alfa y Omega

Mientras Maite buscaba preocupada a su marido, «él solo quería decirme que me quería»

Mario sobrevivió al accidente ferroviario de Urda, aunque tiene graves heridas. El matrimonio se despidió enfadado y ahora vive una segunda vida agradecidos a Dios y pendientes de sus hijos

Redacción
El farmecéutico de Urda descubrió esta historia. Foto: Belén Díaz

Antonio García, el farmacéutico de Urda, acudió rápidamente al lugar del accidente ferroviario para ayudar en todo lo que tuviera en su mano. Allí encontró a un hombre malherido que pedía a quien se le acercaba darle un último mensaje a su mujer: «Cuida de los niños y Dios es bueno». La historia de la que fue testigo el boticario se ha viralizado a raíz de sus apariciones en medios de comunicación y la propia familia la ha narrado en primera persona. Esto es lo que cuentan:

Maite relata las horas de angustia que vivió tras conocer el accidente de tren en el que viajaba su marido y cómo esta experiencia les ha brindado una nueva oportunidad para el amor, la familia y la fe.

Mario Aguado había salido de casa muy temprano para viajar a Sevilla por motivos de trabajo. Su mujer, Maite, se quedó en Madrid con sus tres hijos pequeños. Era una mañana aparentemente normal, pero una despedida marcada por el cansancio y las dificultades familiares se convertiría en un recuerdo imposible de olvidar.

«Cuando vi salir a Mario de casa, no nos despedimos como yo habría querido», reconoce Maite. El matrimonio acababa de regresar a España tras una misión evangelizadora especialmente difícil y atravesaba una etapa de incertidumbre. «Me despedí de él enfadada, sin decirle cuánto le quería».

Horas después, mientras hacía unos recados, Maite leyó un mensaje en el grupo familiar: «Accidente de tren en Toledo». Inmediatamente pensó en Mario, que viajaba hacia Sevilla y no respondía a sus llamadas.

«Empecé a pensar que podía estar muerto, que le había dejado marcharse sin decirle cuánto le quería, que mis hijos crecerían sin su padre». La angustia se apoderó de ella hasta que recibió una llamada de su padre: Mario estaba vivo, aunque tenía una pierna gravemente herida.

Comenzaron entonces las horas más largas de su vida. Sin saber dónde estaba su marido ni a qué hospital sería trasladado, Maite esperaba desesperadamente noticias. Finalmente, una mujer que se encontraba en el lugar del accidente consiguió llamarla para tranquilizarla: Mario estaba siendo atendido, consciente de lo ocurrido, aunque muy medicado.

En medio de aquella incertidumbre, Maite encontró refugio en su fe. «Dios es su padre. Va a venir. Con pierna, sin pierna, da igual. Va a venir conmigo y con los niños», repetía mientras rezaba por él.

Pero lo que más profundamente la conmovió fue descubrir que, mientras ella intentaba localizar a Mario, él, herido y asustado, solo quería hacerle llegar un mensaje. No dejaba de pedir a quienes le auxiliaban: «Dile a Maite que la quiero, que la quiero. Dile a los niños que les quiero, que les cuide, que les quiero».

«Esto es algo que nunca voy a olvidar: que en este negro día, mientras yo buscaba desesperadamente a mi marido, él solo buscaba la manera de decirme que me quería. Y como él todavía no podía hacerlo, no paró hasta encontrar a alguien que me lo dijera».

Mario fue finalmente trasladado al Hospital Universitario de Toledo, donde tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de urgencia por sus graves lesiones. Cuando Maite consiguió llegar hasta él, lo encontró rodeado de cables, con heridas y todavía aturdido por la medicación.

Al verla, Mario abrió los ojos y exclamó: «¡Mi mujer!». «Le abracé y entonces, solo entonces, respiré», recuerda emocionada.

Mario lloraba, pedía perdón y agradecía continuamente la ayuda recibida. Repetía los nombres de las personas que le habían auxiliado, consciente de que habían sido fundamentales para salvarle. También confesó a Maite que durante horas había temido quedarse parapléjico o perder una pierna.

Aquella experiencia ha marcado profundamente al matrimonio. Para Maite, ha supuesto comprender de una forma nueva la fragilidad de la vida y la importancia de expresar el amor incluso en los momentos difíciles.

«Aquel día entendí que hay palabras que no deben nunca, nunca, dejarse para después, y que para un matrimonio, decirse “te quiero” es siempre urgente, a cualquier hora, pues uno no sabe si cinco minutos después lo va a poder decir».

Profundamente creyentes, Maite y Mario han encontrado consuelo en su fe, en sus familias y en las oraciones de su comunidad cristiana de San Pedro, en Alcobendas. Su agradecimiento se extiende también a los equipos de emergencia, sanitarios y personas que ayudaron a Mario, sin olvidar el sufrimiento de las demás víctimas y sus familias.

«Tenemos, gracias a Dios, una nueva oportunidad, una vida entera por reconstruir, tres hijos pequeños que nos esperan y tantas cosas pendientes entre nosotros. Solo me quedan fuerzas para dar gracias a Dios por darnos esta nueva oportunidad de vivirlas. Por eso y porque es bueno».