El sufrimiento de las víctimas de Urda «no nos es ajeno» para los Premios STELLA 2026
Estos galardones reconocen iniciativas educativas católicas. Aparte de recordar a los fallecidos del accidente de tren, también visibilizaron —entre otros— proyectos de teatro inclusivo
«Nada de lo humano nos es ajeno. Su sufrimiento no nos es ajeno», dijo el pasado miércoles Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo, sobre las víctimas del accidente ferroviario en Urda. Lo hizo durante una gala en la Universidad Pontificia de Salamanca para entregar los Premio STELLA 2026 sobre la misión educativa de la Iglesia y que quedó inevitablemente eclipsada por la reciente catástrofe en la que han fallecido un mínimo de 69 personas. El también presidente del Consejo General de la Iglesia en la Educación de la CEE celebró asimismo una Eucaristía en la que pidió consuelo para las víctimas y sus familias.
Al margen del trágico suceso, en esta ceremonia se reconoció a nueve iniciativas ejemplares que ilustran la declaración conciliar Gravissimum educationis —sobre el papel de la educación cristiana—, un documento que en octubre de 2025 cumplió 60 años.

Entre los galardonados están el Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo, la Cátedra de Innovación y Salud Mental Digital de la Universidad Pontificia Comillas, las Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión, el teólogo Francesc Torralba, los salesianos, el seleccionador Luis de la Fuente, el ilustrador Fano, la Escolanía de Lluc y un premio conjunto para la Universidad de Salamanca, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Facultad de Teología San Esteban.
Teatro contra la «timidez patológica»
Además, también se premió a la profesora de Religión Patricia Mármol, quien dirige el proyecto teatral inclusivo El teatro vive en mi cole en el que participan, entre otros perfiles, chicos con parálisis cerebral. Hace tan solo unos días fue entrevistada por Alfa y Omega y nos confió sobre sus alumnos que, «después de tantos años trabajando en educación especial, siempre diré que ellos me han enseñado más a mí que yo a ellos». Consideró «impresionante la ilusión que tienen» e incluso contó el caso de «una alumna cuya timidez era casi patológica».

Según narraba, la chica «no conseguía levantar la cabeza para mirarte a los ojos, tenía el pelo largo y se ponía todo el pelo delante de la cara para no tener que mirar». La solución, tras consultar a la madre de la niña, fue centrar todo el año en combatir aquel miedo escénico y, a final de curso, en el día del estreno, «conseguimos que atravesara todo el escenario con la cara levantada, con una sonrisa de oreja a oreja y con todo el pelo recogido». «Casos como ese tengo millones, te puedes imaginar las lágrimas de su madre y las mías», nos confesó.