Cáritas denuncia que la mitad de las personas en alquiler le dedican más de un tercio de su salario - Alfa y Omega

Cáritas denuncia que la mitad de las personas en alquiler le dedican más de un tercio de su salario

El informe La vivienda imposible alerta sobre la práctica consolidada de realquilar habitaciones y señala que siete de cada diez inquilinos no podría financiar una compra

Rodrigo Moreno Quicios
Presentación del informe elaborado por Cáritas Española y Fundación FOESSA. Foto: Fundación FOESSA

La vivienda se ha convertido en uno de los principales factores de desigualdad y exclusión social. Así lo advierte el estudio La vivienda imposible: del alquiler inaccesible al realquiler de supervivencia, presentado por Cáritas Española y la Fundación FOESSA, que señala que el 50,6 % de las personas que viven de alquiler no dispone de ingresos suficientes para acceder a una renta que no supere el 30 % de sus recursos. Además, siete de cada diez inquilinos no podrían financiar la compra de una vivienda.

El informe subraya que el problema va más allá del mercado inmobiliario. La vivienda condiciona la posibilidad de mantener un empleo, cuidar de la familia, estudiar, preservar la salud y participar en la comunidad. Por eso, advierte Cáritas, tener un techo no siempre significa disponer de un hogar. La vivienda es también un espacio de seguridad, intimidad, descanso y arraigo desde el que construir un proyecto de vida.

Se consolida el realquiler

Una de las consecuencias de la dificultad para acceder a una vivienda completa es el aumento del realquiler de habitaciones. En 2025, 266.435 personas atendidas por Cáritas, casi una de cada cuatro, recurrieron a esta alternativa. Aunque compartir piso puede ser una elección, se convierte en un problema cuando es la única opción disponible.

Una promoción de nuevas viviendas. Foto: Europa Press

Estas situaciones pueden implicar acuerdos informales, ausencia de contrato, inseguridad sobre la duración de la estancia y dificultades para empadronarse. La habitación termina concentrando todas las actividades cotidianas, desde dormir y comer hasta estudiar o cuidar de los hijos. El informe alerta de una «presencia sin permanencia», es decir, pagar por un espacio sin tener la seguridad de poder quedarse.

No basta con construir más

La precariedad residencial también amplía las diferencias entre hogares. Quienes cuentan con una vivienda familiar o patrimonio disponen de una ventaja frente a quienes destinan gran parte de sus ingresos al alquiler y no consiguen ahorrar. Jóvenes, familias monoparentales, personas migrantes y hogares con ingresos bajos o variables figuran entre los colectivos más afectados.

Nuevas viviendas en construcción. Foto: Europa Press

Ante esta situación, Cáritas advierte de que construir más viviendas no garantiza por sí solo el acceso de quienes quedan fuera del mercado. La respuesta, sostiene, debe incluir un parque público de vivienda social más amplio, alquileres asequibles y mayor seguridad en la tenencia.