Vicente Martín en el Encuentro Diocesano de Niños: en la vida, «gana el que más ama»
La llamada a la santidad ha marcado el Encuentro Diocesano de Niños de Madrid. Algo que no es poner cara de aburrido ni hacer cosas imposibles, sino dejar que el amor de Jesús brille a través de cada uno
La archidiócesis de Madrid ha realizado este 24 de octubre el Encuentro Diocesano de Niños. Cerca de 200 niños entre 8 y 12 años han participado en el Seminario Conciliar de una jornada marcada por momentos en los que «habéis jugado, habéis cantado, habéis compartido risas», como les decía el obispo auxiliar, Vicente Martín en la Eucaristía celebrada en la catedral de la Almudena, momento para «darle las gracias a Jesús por todo lo vivido».
Ser santos
Un encuentro en el que se ha hablado sobre la santidad, como recordó el obispo, que hizo ver a los participantes que «Jesús nos explica en el Evangelio, de la manera más sencilla posible, qué significa ser santos». En sus palabras mostró que, ante la pregunta por el mandamiento más importante, «Jesús resume todo en dos frases que caben en el corazón de un niño», que hablan del amor a Dios y al prójimo.
📰Monseñor Vicente Martín, en el #EncuentroDiocesanoNiños: En la vida, «gana el que más ama» ➡️Cerca de 200 niños han participado en el #SeminarioConciliar de una jornada marcada por momentos en los que «habéis jugado cantado y compartido risas» https://t.co/u9OWtYJFr6 https://t.co/P8wnauoTA4
— Archidiócesis de Madrid (@archimadrid) October 24, 2026
Jesús permite «distinguir dos rostros, el del Padre y el del hermano», que nos muestran ver el rostro de Dios que se refleja en muchos. Desde ahí subrayó que «en cada hermano, especialmente, en el más pequeño, frágil y necesitado, está presente la imagen misma de Dios». Para Vicente Martín, esa es «la regla de oro de los amigos de Jesús» y que en la vida «no se gana por ser el que más sabe, ni el que más puntos tiene, ni el más fuerte, sino en el que más ama».

Para el obispo, «amar a Dios es dejar que Él sea nuestro mejor amigo, contarle lo que nos pasa, escucharle cuando rezamos o cuando leemos su Palabra». A ello se une el amor al prójimo, que es «abrir los ojos y ver a Jesús en nuestro compañero de clase, en nuestro hermano o en el abuelo en casa». Desde ahí hizo ver a los niños que se puede ser santo a su edad, poniendo como ejemplo a santo Domingo Savio. De hecho, «ser santo no es poner cara de aburrido ni hacer cosas imposibles. Ser santo es dejar que el amor de Jesús brille a través de ti».
Fe alegre y contagiosa
A los niños, a partir de la imagen de una linterna, les dijo que «somos linternas de Jesús», y puso ejemplos de ello, como compartir el bocadillo, pedir perdón, ayudar en casa, invitar a jugar a quien está solo. Algo que pone de manifiesto que «Jesús vive en mí y yo quiero querer como Él quiere». Desde les invitó a ser como los cristianos de Tesalónica, con una fe «alegre y contagiosa, que todo el mundo la conocía».

El obispo finalizó con una anécdota vivida por una niña en la catedral de la Almudena, que la llevó a afirmar que, a ejemplo de las vidrieras, «los santos son los que deja pasar la luz del amor de Dios a través de sus vidas». Desde ahí invitó a los niños a ser «santos en equipo», a tener gestos de amor y acordarse de «hablar con Jesús cada noche, como se habla con el mejor amigo». Junto con ello, pidió «que Él llene vuestro corazón de alegría y os haga verdaderos testigos de su luz en Madrid». También que sean santos, pues «los santos son los campeones del amor».