Álvaro de Juana: «Ser católico es compatible con interpretar personajes oscuros»

Álvaro de Juana, actor: «Ser católico es compatible con interpretar personajes oscuros»

El actor Álvaro de Juana participa en Salto de Fest, el evento de evangelización de la Universidad Villanueva

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Álvaro de Juana durante su intervención en Salto de Fest. Foto: Universidad Villanueva.
Álvaro de Juana durante su intervención en Salto de Fest. Foto: Universidad Villanueva.

La Universidad Villanueva organizó el jueves el evento Salto de Fest, en el que participaron actores, cantantes y matrimonios que dieron charlas inspiradoras sobre vocación. Entre ellos estuvo el actor Álvaro de Juana, conocido por obras como el musical El rey león y series como Amar es para siempre y Élite. 

—¿En qué momento descubriste que querías dedicarte a la interpretación? ¿Qué te atrajo de este mundo y qué has descubierto de ti mismo a través de él? 
—Técnicamente, empecé con tan solo un año, porque mi padre trabajó durante muchos años en una empresa, en la parte publicitaria. Cuando necesitaban al típico bebé de ojos azules para un anuncio de pañales, me llamaban a mí. No sé si eso tiene algo que ver con mi deseo de ser actor, porque mi hermano también lo hacía y no siguió ese camino. 

Con ocho años me llegó la inspiración de ser actor mientras mi madre me leía un cuento. Yo siempre le preguntaba por qué actuaban así los personajes. Era muy pesado con eso y mi madre lo sufrió hasta que le dije: «Creo que quiero ser actor». Mis padres podían asentir y reírse o apuntarme a una escuela de teatro. Todavía me sorprende que hicieran lo segundo. Allí empecé a descubrir que aquello me gustaba mucho. Me llevó a algún casting importante al que fui sin ningún tipo de ambición, pero me cogieron para el musical de El rey león, en la Gran Vía. Estuve allí casi dos años, prácticamente todos los días, delante de miles de personas. Ese fue mi primer contacto con el mundo profesional de la interpretación. A partir de ahí desarrollé una carrera a la que todavía sigo intentando dar forma. 

Formación y talento 

—¿Y cómo se construye una carrera como actor? ¿Hasta qué punto puedes decidir qué papeles interpretas? ¿Buscas proyectos, te los ofrecen o tienes que decir que sí a todo? 
—Primero, con formación y una base mínima de talento. La formación es muy importante, como en cualquier profesión, para tener herramientas. A partir de ahí, la carrera se construye con un representante que trabaja mano a mano contigo. Es quien se encarga de los castings, las pruebas, los contratos y toda la parte más técnica de la profesión. Así, tú llegas al set y te dedicas a hacer tu trabajo, sin tener que estar buscando castings ni pruebas. 

Álvaro de Juana, a la derecha, con Javi Nieves y el cantante Inazio. Foto: Universidad Villanueva.
Álvaro de Juana, a la derecha, con Javi Nieves y el cantante Inazio. Foto: Universidad Villanueva.

La carrera también se construye diciendo que no a algunas cosas. Es tan importante el sí como el no. En esta profesión recibes muchos noes: te presentas a diez castings y te cogen en uno, y en los otros nueve te dicen que no, siendo optimista. De la misma manera, tienes libertad para decir que sí o que no a proyectos y personajes. En mi caso, he podido decir que no a alguno. 

—¿Y cómo decides dónde están los límites? ¿Hay papeles, escenas o películas con los que no te gustaría tener relación? 
—Hay una línea fina. Yo, como actor, no estoy obligado a compartir el pensamiento de un personaje. Mi trabajo es interpretarlo, trabajar la empatía. No necesariamente tengo que defenderlo cuando termina el rodaje. 

Como en todos los trabajos, lo importante es tener claro quién eres y cuáles son tus valores. Ser católico es perfectamente compatible con contar historias e interpretar personajes más o menos complejos u oscuros. Mi trabajo consiste en trabajar la empatía para ser capaz de entender por qué una persona es así. Y, por supuesto, está bien y es lícito tener límites y no querer cruzarlos. 

Dones al servicio de Dios 

—Estamos en la Universidad Villanueva, donde vas a hablar delante de muchos jóvenes. ¿Qué responsabilidad tenéis los actores y los creadores audiovisuales con quienes ven vuestros trabajos? Cuando eliges un papel, ¿piensas en la repercusión que puede tener en la gente de tu edad? 
—La realidad es que es un trabajo como otro cualquiera, pero tiene el factor de la visibilidad. Nadie te asegura cuántas personas van a ver una serie en la que estás trabajando. Yo trabajo de la misma forma si me preparo para un personaje que van a ver diez personas en una obra de teatro que si lo van a ver millones y millones en una plataforma como Netflix. 

La base es el trabajo bien hecho: poner tus dones al servicio de Dios. Eso no significa interpretar la vida de los santos o estar hablando de Dios todo el rato en el trabajo. Significa ser puntual, aprenderte bien tus líneas, ser amable con los compañeros y no juzgar al que tienes delante. 

Con todo eso vas transmitiendo, no solo a las personas que puedan ver la serie, sino también a tus compañeros. Personalmente, no pienso en una obligación moral de tener que convertir a nadie ni de traspasar de alguna manera esa barrera. Hago mi trabajo con normalidad y ya está. 

La fe que sostiene todo 

—¿Qué valores intentas que estén presentes en tu vida profesional y personal? 
—En general, trato de que la fe no sea solo una parte de mi vida, sino que sea la que sostenga todas las demás. Es algo que voy aprendiendo con el tiempo. De alguna manera, creía que mi vocación principal era ser actor, porque empecé muy joven. Pensaba que eso era lo que me iba a hacer feliz, pero me he dado cuenta de que no. Uno se va haciendo pleno y creciendo como persona a través de distintas pequeñas vocaciones que forman su verdadera vocación, aquello a lo que está llamado. 

En cuanto a los valores, intento poner en práctica todo lo que Jesús nos ha dicho, nos ha pedido y nos ha enseñado en el Evangelio. Aunque del dicho al hecho hay un trecho, cada día es una lucha. Somos nuestra miseria e intentamos mejorar. Los valores católicos son valores de vida, de alegría, de disfrutar y de estar al servicio de los demás. Ese es el enfoque que me gustaría dar a mi vida. 

—¿Crees que el cine y las series reflejan las inquietudes y preocupaciones de los jóvenes, desde las más materiales hasta las más profundas? ¿Cómo ves lo que se produce en España y lo que consumimos en las plataformas? 
—Creo que hay, como en todos lados, cosas muy buenas y cosas muy malas. A mí no me corresponde juzgarlas, pero sí veo que fenómenos como The Chosen están teniendo, por alguna razón, un éxito brutal y están respondiendo a una necesidad. 

También me voy más allá del cine, a la música. Con movimientos como Hakuna ves que se está despertando una inquietud que en realidad siempre ha estado despierta, pero no siempre era accesible. A través de estos vehículos, como las series y canciones de este tipo, creo que la gente está respondiendo y cada vez hay más demanda de ello. Creo que tiene que haber de todo, pero, en general, también hay películas y series muy buenas.