Ante las elecciones, releamos el discurso de León XIV
El 29 de noviembre es un buen termómetro para ver el poso dejado por el pontífice en el Congreso
El discurso de León XIV en el Congreso fue definido como histórico desde el primer momento. En estos días en que los españoles hemos sido convocados a las urnas cobra una importancia todavía mayor. Ante la exigencia de tomar postura de cara al 29 de noviembre, lo decisivo es dejar claro, como decía el Papa, «el deseo de servir al bien común y de recordar aquello que hace verdaderamente humana la convivencia».
Frente a su papel de dar «forma jurídica a la convivencia social», en el hemiciclo vemos todo lo contrario. León XIV reconocía «la legítima diversidad de posiciones», pues una sociedad cada vez más enfrentada condiciona gravemente «una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común».
Debemos preguntarnos si sigue vivo un país que ha reconocido al ser humano «como alguien cuya dignidad precede a toda utilidad», si perdura una nación donde «todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes», en el que «la dignidad, la justicia y el bien común sean la medida de las relaciones sociales».
No es baladí asumir que «la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad». Igualmente, que «cuando el bien común deja de ser horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos».
Los mismos que aplaudieron atronadoramente al Pontífice se enfrentarán, de modo muchas veces duro, ante temas que abordó: educación, familia, dignidad humana, defensa de la vida, drama migratorio… León XIV reclamaba «una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro… el respeto mutuo en medio de la discrepancia». Y es que «la firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación». La cuestión es si asumimos su deseo: «Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza».