Un sociólogo, sobre polarización: «La precariedad puede haber llevado a la gente al hartazgo»

Un sociólogo, sobre polarización y elecciones: «La precariedad puede haber llevado a la gente al hartazgo»

Las palabras del Papa en el Congreso llamando a superar la polarización «no creo que hayan caído en saco roto: son una inspiración» en este momento, asegura Esteban Sánchez Moreno, decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología León XIII de la Fundación Pablo VI

María Martínez López
Sánchez Moreno es catedrático de Sociología. Foto: cedida por Esteban Sánchez.
Sánchez Moreno es catedrático de Sociología. Foto: cedida por Esteban Sánchez.

—¿Qué papel cree que va a jugar la polarización creciente en nuestro país en la campaña electoral para las recién convocadas elecciones del 29 de noviembre? ¿Lo ha jugado en la convocatoria?
—¿A qué polarización se refiere? Porque lo ocurrido en la Puerta del Sol es un momento coyuntural dentro de un marco más amplio que es en el que se van a celebrar las elecciones, que es la polarización social. Yo la detecto claramente. No voy a hablar de la política, que seguramente la hay también puesto que los discursos de los distintos partidos se dibujan en términos de antagonismo y enfrentamiento.

La polarización social se refleja en conceptos y situaciones que se detectan en las redes sociales y las conversaciones cotidianas, como las referencias al ambiente en las cenas de Navidad, o lo que ocurre en los bares por las mañanas. A poco que pongas el oído te das cuenta de que hay temas que polarizan, vinculados en gran medida a la polarización de los discursos políticos: la migración, las ideas sobre desigualdad, sobre pobreza, sobre el Estado de bienestar y las políticas de protección social. Nos encontramos claramente con una división cada vez más patente.

—¿Entre polarización social y política qué fue antes, el huevo o la gallina?
—Es difícil decirlo. Tenemos dos hipótesis: la primera es que los discursos políticos se han ido polarizando de manera interesada y en ese proceso han transmitido mensajes esquemáticos, muy directos, muy ideologizados, que de alguna manera se han transformado en polarización también social.

La otra es que determinados procesos sociales especialmente relevantes e intensos en la vida de las personas han acabado generando un estado de opinión que los partidos recogen. Por ejemplo, la creciente presencia de personas migrantes, la precariedad laboral, la dificultad para acceder a la vivienda. Son situaciones que las personas experimentan, no que solo ven por la televisión —aunque también—. Esa precariedad general puede haber llevado a la gente a posturas de hartazgo, frustración y rechazo.

Yo creo que hay un poco de las dos cosas. Lo que sí se puede percibir de manera bastante clara es que en los últimos dos años los discursos políticos se han polarizado de una manera patente: conmigo o contra mí, posiciones totalmente opuestas, antagónicas y enfrentadas ante procesos muy importantes.

—¿Ha habido una aceleración en los últimos meses?
—Sí, ha ido progresivamente creciendo. Hay detonantes muy claros: la crisis en Ceuta fue un punto de inflexión; el desahucio de Maricarmen otro… Pero si uno se para a pensar ve que la reacción es mucho más rápida. Si lo de Ceuta se hubiera producido hace dos años las reacciones enfrentadas no habrían sido tan inmediatas como son ahora en cuanto se produce una situación social que tensa.

Todos los problemas de la corrupción y la percepción de la misma también influyen. Aunque eso es un proceso estrictamente políticos, mientras que los que citábamos antes son estrictamente sociales.

Migrantes durmiendo en la calle en Ceuta a comienzos de septiembre. Foto: EFE / Reduan.
Migrantes durmiendo en la calle en Ceuta a comienzos de septiembre. Foto: EFE / Reduan.

—¿Veremos la traslación a las urnas de lo vivido este fin de semana, incluso con conatos de violencia?
—Espero que no. Pero en escenarios cada vez más polarizados la violencia empieza a ser cada vez menos extraña. Esta es una de las consecuencias de la polarización, que podríamos también llamar enfrentamiento que se puede dar de distintas formas. Confío en que sean situaciones aisladas protagonizadas por grupos muy reconocibles y muy en los extremos. Pero no nos engañemos, en situaciones de polarización alta, la violencia de mayor intensidad se puede producir de manera más natural.

—Esto se produce solo cuatro meses después del histórico y aclamado discurso del Papa en el Congreso y su llamada a superar la polarización. ¿Cayeron en saco roto sus palabras?
—Ha sido la única persona capaz de poner de acuerdo a los grupos políticos en España. No creo que cayeran en saco roto; son una inspiración y una fuente de discernimiento. Pero sinceramente nos queda mucho para llegar a posicionarnos cerca de lo que dijo. Por eso él habla de desarmar las palabras. Para terminar con este ambiente de posturas radicalmente enfrentadas lo primero que hay que hacer es volver al diálogo.

No hablo del político sino del social: en la comunidad, entre las personas. Hay que empezar a recuperar ese dialogar basado en nuestras discrepancias, pero con voluntad de llegar a un acuerdo, de evitar las palabras que enfrentan, que pone en cuestión la dignidad de otras personas… Este diálogo no será la consecuencia de que se reduzca la polarización, sino que es la medicina frente a ella.

Acampada en la Puerta del Sol para protestar por la situación de la vivienda. Foto: José Calderero de Aldecoa.
Acampada en la Puerta del Sol para protestar por la situación de la vivienda. Foto: José Calderero de Aldecoa.

—Pero para eso el enfermo tiene que querer tomarla. ¿Cómo conseguirlo?
—Esto lo digo como ilusión pero no con firme convencimiento: la clave está en que las personas se vuelvan a encontrar en contextos naturales. Vemos que hay problemas, que las personas sufren porque llegan mal a final de mes, porque perciben que la llegada de migrantes pone en peligro su estilo de vida… Si el problema empieza ahí, la solución está ahí.

Debemos romper con ese individualismo que es tan peligroso. Y en Magnifica humanitas el Papa señala que la comunidad es el antídoto frente a esas posiciones que nos definen en contraposición con los otros. Hay que empezar a tejer desde abajo. Y si empezamos, al final seguramente los discursos tengan que asumir que las posiciones polarizadas no les van a servir.

—No da tiempo a algo así para el 29 de noviembre…
—Creo que no. Hay que ser realistas.

—¿Más allá del aspecto más superficial de los discursos, de los insultos, cómo está nuestro país de confianza en las instituciones?
—La confianza en las instituciones es un elemento central de la cohesión social. Si no se confía en las instituciones que deben salvaguardar los principios básicos de la convivencia y la democracia todo se hace más difícil. En España en general se confía en algunas, como la Corona, pero hay bastante menos —y está bajando— en la clase política, porque se percibe que la respuesta que da a los problemas cotidianos no es la indicada. Ahí es donde empieza la polarización. Hay un acuerdo básico en que hay problemas de gran magnitud. Por ejemplo, nadie está en desacuerdo en que el acceso a la vivienda es uno de ellos. La polarización se produce sobre las soluciones.

Esta erosión de la confianza en las instituciones políticas es preocupante. La confianza cuesta mucho ganarla y es difícil perderla. Se confía ya más en otro tipo de instituciones, como las asociaciones vecinales o las entidades del tercer sector, incluida Cáritas, por la confianza en que sus soluciones son las que se necesitan. Ojalá esa pueda ser una vía para reconstruir el tejido social.

Lo que dijo León XIV en el Congreso
  • «El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca. En este contexto, la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia».
  • «Es urgente construir una cultura de la reciprocidad. La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos».
  • «La paz no es solamente una realidad política o institucional. Nace también en la conciencia, allí donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación. Por eso, se instaura y se protege también a través del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; pueden iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro. Quienes ejercen una responsabilidad pública tienen, por eso, una especial obligación de custodiar la palabra para «desarmar el lenguaje». La firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación».