El Santo Padre reivindica en Francia el proyecto europeo
En Metz, León XIV pidió un «redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro» ante retos como la integración de personas procedentes de distintas culturas
Muchas instantáneas han dejado los cuatro días históricos de León XIV en Francia, que él mismo definió en el avión de regreso como «llenos de bendiciones. Casi milagros»: desde las 800.000 personas en los Campos Elíseos de París para la Misa del sábado a su oración en Lourdes y el fervor del rosario con antorchas o las caricias a enfermos, que han encarnado sus insistentes declaraciones contra la ley de eutanasia. Pero la jornada menos vistosa, el lunes en Metz, es la que el Papa eligió de forma más personal.
París y Lourdes eran «paradas casi obligatorias», admitió el cardenal Jean-Marc Aveline, presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, durante el acto sobre las raíces de Europa en esta ciudad. Para la otra etapa, entre opciones como Ars o Lisieux, el Santo Padre eligió Metz. «Una parada en Lorena le permitiría hablar de guerra y paz, de Europa y de reconciliación», le había dicho Aveline. Esta región no solo fue escenario de históricos enfrentamientos entre Francia y Alemania; también cuna de uno de los padres de la Unión Europea, Robert Schuman.

«Hacer allí un discurso de tanta envergadura», ante dirigentes como el presidente galo, Emmanuel Macron; el príncipe Alberto de Mónaco; el gran duque Guillermo de Luxemburgo, o el expresidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, «indica la importancia que tiene para el Papa el proyecto europeo en un mundo cada vez más complicado», asegura a Alfa y Omega Manuel Barrios, secretario general de la Comisión de Conferencias Episcopales de la UE (COMECE), que participó en la cita. En un contexto de «enfrentamientos y no respeto a la legalidad internacional», el Papa «quiere recuperar la centralidad europea» y que el continente esté «a la altura de su misión».
La ausencia de dirigentes actuales de la UE no va a impedir, en su opinión, que el discurso tenga impacto en el futuro. «La del Papa es una voz muy escuchada». Barrios resalta, dentro del mismo, su reivindicación del «derecho internacional y el multilateralismo». En un tiempo en que «las relaciones humanas y entre los Estados se vuelven cada vez más bárbaras», dijo León XIV, estas realidades «hacen hincapié en la igualdad efectiva de los Estados en sus relaciones mutuas y constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación».

«También en Europa ha reaparecido la guerra», lamentó el Santo Padre, que el domingo en Lourdes había invitado a todos los fieles a rezar durante octubre el rosario por la paz. En Metz, profundizó en que «es necesario comprometerse en un diálogo paciente, mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz». Esta búsqueda «no debe confundirse con un irenismo ingenuo», reconoció, sino que exige «esfuerzos creativos» en vez de caer en «la ilusión del rearme».
Con todo, la idea a la que el Santo Padre dedicó más tiempo fue a la necesidad de «un redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro». Sobre las raíces, junto con otras contribuciones reivindicó que «no se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo», pero no como «un criterio confesional exclusivo». Este diálogo es, aseguró, el que permitirá abordar el momento de «alcance histórico» actual por el «encuentro sin precedentes entre pueblos y culturas» debido a la inmigración. Sin dejar de reivindicar vías legales y seguras, operaciones de rescate y asistencia a las víctimas con las mismas palabras que en Canarias, fue más allá: subrayó que «acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia», en cuyo «espíritu» debe entrar. Y señaló el camino. Por la tarde, ante las impactantes vidrieras de la catedral de San Esteban, durante su última Misa en el país, reiteró que «el futuro de Europa no reside en la uniformidad, sino en la armonía de las diferencias, donde la herida del pasado se convierte en una abertura que deja filtrar luz».

Para Barrios, esta llamada a abordar los problemas desde las propias raíces «permitirá mucho desarrollo posterior» en la reflexión sobre sus palabras. Reconoce además que le «sorprendió y alegró que nombrara el artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la UE», que señala que esta «respetará» y «mantendrá un diálogo abierto, transparente y regular» con las comunidades religiosas, que es la base de la labor de COMECE. Llamó también a respetar «la autonomía de las Iglesias», valores que —explica Barrios— se ven afectados por ejemplo en el actual juicio ante el Tribunal de Justicia de la UE sobre la eliminación de los registros de Bautismo de las personas que apostatan.
Religiones por la paz… y la vida
El acto sobre Europa se complementó con el encuentro interreligioso previo. Durante el mismo, se leyó y firmó el Llamamiento de Metz, que afirma que «ninguna paz se construye sin la presencia del otro y en contra del otro». Christian Krieger, presidente de la Federación Protestante de Francia, explica a Alfa y Omega que es «el resultado del trabajo conjunto», durante semanas, de «representantes de las diversas confesiones, quienes se comunican regularmente». Entre «discrepancias reales», «buscamos qué podíamos expresar juntos sin que nadie tuviera que renunciar a su identidad». El resultado es un triple compromiso: a «fomentar diligentemente un diálogo constructivo»; a «continuar educando a las nuevas generaciones en la comprensión mutua de nuestras tradiciones» y a «permanecer unidos» para trabajar por justicia y la paz.

León XIV incidió allí en que «invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación», y en que «nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar» como «inspiración divina». Les recordó además «la responsabilidad directa de cada uno de nosotros» de usar el discurso religioso para «apelar a desarmar los corazones y las palabras». En otro momento de su discurso, presentó a las religiones como «guardianas de la vida: ellas afirman su valor sagrado. Su fecundidad se demuestra en su presencia amorosa junto a las personas más vulnerables y más frágiles». Introducía así en uno de sus discursos con más proyección uno de los leit motiv del viaje.
Entre quienes le escuchaban no estaban solo los líderes de cada religión, apunta a Alfa y Omega Jean-François Bour, OP, director del Servicio Nacional para las Relaciones con los Musulmanes de la CEF. «De diversas diócesis han partido delegaciones interreligiosas» de creyentes de a pie. Además, el viernes, en cientos de mezquitas del país se habló en positivo de la visita del Santo Padre, por indicación del rector de la Gran Mezquita de París. Algo relevante cuando Francia se prepara para unas elecciones en las que previsiblemente se produzcan «controversias respecto a la convivencia».
En el reciente viaje a Francia del Papa León XIV, del 25 al 28 de septiembre de 2026, y concretamente a Metz, donde está la casa de Robert Schuman, el Pontífice ha rescatado gran parte del pensamiento del mismo, como profesor de Derecho Internacional que defendió siempre el derecho internacional y el sistema de Naciones Unidas. León XIV resaltó su aportación a la paz y a la reconciliación entre los europeos después de la Segunda Guerra Mundial: «Solo con pequeños pasos se puede dar vida a esta solidaridad concreta»; y lo citó en su frase «Europa no será de una vez, ni una obra de conjunto. Será gracias a realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho».
El texto más conocido de Schuman es la Declaración del 9 de mayo de 1950, en la que siendo ministro de Asuntos Exteriores de Francia, propone una paz para Alemania y para el resto de los países europeos. Así, inicia la primera de las tres comunidades europeas cuando dice: «El Gobierno francés propone colocar el conjunto de la producción francoalemana de carbón y acero bajo una Alta Autoridad Común». Con ello, establece que esta organización, que será la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, será la «primera etapa de la federación europea». Es también importante resaltar el vínculo profundo que tienen Europa y la paz para Schuman —«Europa no se hizo y tuvimos la guerra»—, y también para el Papa.
Quizás una de las aportaciones más relevantes de la Declaración, leída casi 80 años después, es comprobar el grado de acierto que tiene respecto a la proyección estratégica y a los efectos más importantes, en la medida en que hoy la guerra entre Francia y Alemania no es solo efectivamente impensable, sino estructuralmente imposible, gracias a la solidaridad de hecho expresada anteriormente. Esta Declaración no es solo un proyecto o una estrategia a largo plazo, sino que ha sido una guía útil para los siguientes casi 80 años, que ha servido para fundamentar las ideas y los proyectos sucesivos. Incluso está sirviendo para orientar los proyectos federales de reforma de la Unión en la actualidad.
Francisco Aldecoa
Presidente del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo