La parroquia de la sierra en la que la gente «se conoce y se cuida» - Alfa y Omega

La parroquia de la sierra en la que la gente «se conoce y se cuida»

Cerca de Nuestra Señora del Enebral, la Virgen salvó a unos pastorcillos de la nieve y los lobos. Hoy es un oasis en una zona donde hay «poca vida comunitaria»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El templo es la parroquia «de toda la vida» de Collado Villalba.
El templo es la parroquia «de toda la vida» de Collado Villalba. Foto: Begoña Aragoneses.

De las tres parroquias que tiene Collado Villalba, la de Nuestra Señora del Enebral es «la de toda la vida», asegura Pedro Manzano, su párroco. Tiene su origen en el final del siglo XVI, cuando aquí se levantaba un asentamiento de familias de ganaderos y canteros. De hecho, la piedra granítica típica de la zona se utilizó para construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. 

La titular del templo toma su nombre de una aparición de la Virgen a unos pastorcillos junto a un enebro. Se habían perdido durante una nevada y se encontraban a merced del frío y de los lobos, pero María los guio hasta el pueblo. «Una señora nos ha protegido», contaron a sus familias al llegar, y hoy una imagen datada en el siglo XVIII recuerda aquel prodigio. 

Este fue siempre un lugar tranquilo al noreste de Madrid, pero aceleró su crecimiento durante el siglo XX, debido al desmesurado crecimiento de la capital. Hoy son muchos los que duermen en cualquiera de las numerosas urbanizaciones de la zona y bajan por las mañanas a trabajar a la ciudad tomando la A-6, pero el territorio más cercano a Nuestra Señora del Enebral sigue teniendo ese encanto tradicional de pueblo de la sierra. 

Durante una celebración dominical.
Durante una celebración dominical. Foto: Begoña Aragoneses.

«Los del pueblo son fundamentalmente mayores que llevan aquí toda su vida», cuenta Manzano, que refiere asimismo un boom de matrimonios jóvenes que han llegado a Collado Villalba sobre todo después de la pandemia de 2020. Todos ellos tienen su lugar en un templo de construcción renacentista, con un característico atrio que ocupa todo el lateral de la iglesia. En su interior, un arco de medio punto da paso al presbiterio, en el que destaca una pila bautismal del siglo XVIII, en la que se han bautizado generaciones de feligreses. 

En cuanto a los grupos que alimentan la fe, además de catequesis de iniciación cristiana para niños y adolescentes, en Nuestra Señora del Enebral también se ofrecen catequesis de adultos, en colaboración con otra parroquia del pueblo, Santísima Trinidad. Además, la atención de Cáritas se reparte en conexión con esta parroquia. «Estamos coordinados para poder ofrecer mejor servicio», dice Pedro Manzano. 

Junto a ello, hay un grupo de hombres nacido en los retiros de Emaús que se reúne semanalmente aquí, más otros tres grupos de oración al estilo de la lectio divina, convocados en distintos días de la semana para sacar provecho de la Palabra. El año pasado comenzó una experiencia de acompañamiento a las personas mayores, de modo que una vez al mes se reúnen para escuchar un tema de formación y compartir una merienda. A este respecto, Manzano refiere una dificultad compartida con otras parroquias, la falta de locales suficientes para poder realizar más actividades pastorales. «Nos tenemos que valer de lo que podemos, pero aun así estamos contentos», cuenta el sacerdote.

La imagen de Nuestra Señora del Enebral.

La imagen de Nuestra Señora del Enebral. Foto: Begoña Aragoneses.

En el territorio parroquial conviven dos colegios religiosos «con los que estamos muy unidos y colaboramos en catequesis y formación de los alumnos», un hospital con capellanía propia, y un tanatorio que atienden tanto Manzano como otros sacerdotes de Collado Villalba, entre ellos uno de República Democrática del Congo que estudia en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y ayuda en Nuestra Señora del Enebral.

Para terminar, el párroco refiere una realidad común a otras parroquias de la sierra madrileña: «Aquí la pastoral suele ser muy difícil por las grandes extensiones, lo que genera poca vida comunitaria». Por eso, parroquias de pueblo como la suya «mantienen todavía un aire tradicional. La gente se conoce y se cuida, hay más relación entre todos. Y los feligreses en general quieren mucho al sacerdote y lo aprecian. Aquí me invitan tanto a comer que no doy abasto», concluye divertido.