León XIV en Francia: Claves de un viaje centrado en la vida, la fe y Europa - Alfa y Omega

El viaje de León XIV a Francia entre el 25 y 28 de septiembre de 2026 ha sido un éxito. El Papa llegó al país galo como «seguidor de Jesucristo» para proclamar la paz en un momento internacional especialmente marcado por las guerras. ¿Qué claves marcaron este viaje apostólico?

  1. León XIV ha presentado a Francia como una nación cuya historia cultural ha contribuido a la búsqueda de la verdad, la belleza y el bien, en la tradición de escuelas, universidades, ciencias, artes, literatura y filosofía como instrumentos al servicio de la humanidad. Francia, también cuna de sus antepasados, se convierte en laboratorio de cultura, razón y fe, además de libertad, igualdad, fraternidad y derechos humanos. 
  2. Educación como búsqueda de la verdad. Educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en formar personas capaces de buscar la verdad y servir al bien común. Educar es ayudar al ser humano a «ser» más, afrontar la pregunta por el sentido y proteger la dignidad de cada persona. La relación ciencia, cultura, educación y fe constituye uno de los ejes del viaje.
  3. Notre-Dame y su reconstrucción aparece como símbolo de esperanza y unidad. Algo que parecía destruido definitivamente puede renacer mediante la colaboración y el esfuerzo común. La catedral es imagen así de la sociedad que puede reconstruirse desde la unidad y la esperanza. 
  4. La dignidad humana como criterio fundamental. Es una constante en sus discursos: la persona no puede quedar subordinada a la eficiencia, a la técnica o a los intereses sociales. La grandeza de una civilización se mide por cómo protege y acompaña a los más vulnerables de la sociedad. El progreso tecnológico necesita un discernimiento ético. La IA debe estar al servicio de la persona y no convertir la eficiencia en criterio para determinar el valor de una vida. La IA no es solamente una cuestión tecnológica. Los sistemas artificiales pueden correlacionar datos, pero no responden a la pregunta por el sentido de la existencia.
  5. Defensa explícita de la vida. La tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano. El respeto mutuo y la protección de la vida de toda persona humana constituyen una responsabilidad de cada uno y de todos, que comienza con una conversión de la inteligencia y del corazón, y que requiere un compromiso real y desinteresado para con nuestros hermanos y hermanas. Reclama el Papa León XIV una medicina al servicio de la persona, desarrollar cuidados paliativos e investigación y rechaza que los avances científicos o os algoritmos puedan convertirse en criterio para decidir quién debe vivir.
  6. Una comprensión positiva de la laicidad. No plantea las relaciones Iglesia-Estado desde la confrontación, sino desde la «justa laicidad» y la cooperación. Así la religión no debe ser excluida del espacio público; Estado e instituciones religiosas pueden colaborar al servicio de la persona, de la verdad, del bien y de la belleza (GS 76).
  7. Una Iglesia francesa llamada a recuperar su herencia. A los obispos les pide el Santo Padre valentía, audacia y creatividad misionera. No oculta las heridas y errores de la Iglesia, los abusos, pero invita a reconocerlos, curarlos y reparar el patrimonio espiritual recibido. El objetivo no es la nostalgia, sino una renovación misionera. Anunciar a Cristo no se opone al diálogo con quien no cree. «Vivir en Cristo» significa recibir una misión que une evangelización, fraternidad, escucha y respeto.
  8. Una Iglesia cercana a los pobres, migrantes y excluidos. Los pobres no son una categoría sociológica, sino «la misma carne de Cristo» y presenta la acogida, la escucha, la integración y el intercambio de dones como caminos concretos para construir una civilización del amor. 
  9. El diálogo interreligioso como camino hacia la paz. Dialogar no significa renunciar a la propia identidad, sino abrirse al otro con verdad. Las religiones tienen una responsabilidad común: impedir que el nombre de Dios sea utilizado para legitimar la violencia y convertirse en artesanas de paz y fraternidad. Europa debe recuperar sus raíces para construir la paz. León XIV vincula las raíces cristianas del continente con la reconciliación, la unidad, la dignidad humana y la construcción de la paz. No propone volver al pasado, sino recurrir a las raíces para afrontar el futuro.
  10. La juventud signo de esperanza. Observa el Papa León XIV con atención el crecimiento del catecumenado entre los jóvenes adultos. Frente a la desorientación contemporánea, propone acompañar a los jóvenes mediante comunidades vivas, solidaridad y una sólida formación doctrinal. 

El viaje culminó en Lourdes, donde adquiere una dimensión explícitamente mariana y espiritual. María, que viene a recordarnos la grandeza y la trascendencia de nuestra vocación a la vida, a la vida eterna. Hace también el Papa una llamada triple a la ¡penitencia!, obra inspirada por el amor en solidaridad con la humanidad: amor a Dios, con el que queremos reparar la herida de su Corazón causada por nuestros pecados; amor a todos nuestros hermanos los hombres que no escuchan esta llamada a la conversión y a quienes sus faltas los conducen hacia la muerte. De Lourdes, además, «se marcharán como misioneros de la esperanza». León XIV, pone a Francia bajo la protección de la Inmaculada y recuerda su tradición como «Reino de María». 

Podemos ver este viaje a Francia una propuesta de humanismo integral: recuperar la verdad y la cultura, defender la dignidad de toda persona, renovar la misión de la Iglesia y reconstruir Europa desde sus raíces de fraternidad, diálogo y paz. 

P. Isaac González Marcos, OSA.