La receta del Papa ante la multiculturalidad en Europa: redescubrir las raíces y escuchar al otro

La receta del Papa en Metz ante la multiculturalidad en Europa: redescubrir las raíces y escuchar al otro

León XIV ha lamentado que la guerra haya vuelto al continente y ha pedido «diálogo paciente», «audacia en la negociación» sin «irenismo ingenuo» y «esfuerzos creativos» en vez de solo confiarse al rearme

María Martínez López
León XIV durante la lectura de su discurso.
León XIV durante la lectura de su discurso. Foto: Vatican Media.

El Papa León XIV ha recuperado, ante representantes de toda Europa, sus palabras en Canarias durante su visita a España. Y, al mismo tiempo, ha reconocido su insuficiencia ante un momento de «alcance histórico». 

«La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra», ha insistido ante el presidente francés, Emmanuel Macro, durante su discurso en el encuentro En las raíces de Europa por la paz y la unidad.

Sin embargo, sus palabras no se han centrado en las políticas migratorias. Incluso si todas esas reivindicaciones se cumplieran, «no sería suficiente», ha admitido. «Acoger a una persona significa integrarla como en la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, sus capacidades y sensibilidades, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge». 

Europa, ha afirmado, está viviendo un momento de «alcance histórico» por el «encuentro sin precedentes entre pueblos y culturas». Esto «pide un redescubrimiento creativo de nuestras raíces y, al mismo tiempo, una escucha atenta del otro». 

Este diálogo «es posible» por «la universalidad de los valores fundacionales de Europa». Es además necesario «para redescubrir el papel central de la persona humana y dar un significado real a palabras como libertad, democracia, paz y unidad». Y «podrá dar una base sólida a nuestras sociedades, permitiendo trabajar de manera más eficaz por la paz y por un mundo reconciliado». 

El continente cuenta para ello con el testimonio de sus padres fundadores, entre ellos Robert Schuman, que supieron «superar la oposición entre las identidades culturales y dar vida a las instituciones europeas». Escuchaban a León XIV, entre otros, el príncipe Alberto de Mónaco, el gran duque Guillermo de Luxemburgo y el expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker. El mismo Macron había invitado a numerosos mandatarios europeos y representantes de la UE, y el Vaticano había dejado la abierta a encuentros bilaterales al terminar el encuentro.

¿Qué es Europa?

Al inicio de su discurso y tras escuchar al presidente galo, el Papa ha reconocido que «siempre es difícil definir a Europa», ha reconocido. «Debe entenderse como una realidad cultural e histórica antes que geográfica», pues «fue tomando conciencia de sí misma gradualmente» desde la civilización helenística, el Imperio romano y la difusión del cristianismo. Pero luego fue integrando «nuevas culturas como las germánicas y eslavas», en continua expansión.

A lo largo de su «turbulento recorrido histórico», una constante es que «Europa se ha desarrollado y ha progresado cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro». Entre estos encuentros, ha citado la presencia árabe en la península ibérica y la proyección hacia América. 

El Papa entre Macron y el cardenal Aveline, presidente del episcopado francés. Foto: Vatican Media.
El Papa entre Macron y el cardenal Aveline, presidente del episcopado francés. Foto: Vatican Media.

El patrimonio religioso

Otra contribución clave fue el legado de san Benito en cuanto «la ayuda a los pobres», la educación, «los hospitales y la medicina», el desarrollo de las ciencias, el derecho, «y la organización de las ciudades y de los propios Estados». «Sin este acervo monástico, la civilización europea, tal como la conocemos, no existiría». 

Citando a los padres de la UE, el Santo Padre ha afirmado que «no se puede hablar de Europa sin mencionar el cristianismo». Esta referencia no es «un criterio confesional exclusivo», sino que «permite comprender mejor hasta qué punto la apertura a lo trascendente es siempre una dimensión constitutiva de la persona humana y una fuente viva de civilización».

Así lo refleja el artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que promueve el diálogo entre las instituciones de la UE y las religiones. También a nivel europeo, «la laicidad que rige la vida de los Estados no solo implica el carácter aconfesional de las instituciones civiles, sino que presupone una verdadera colaboración entre las partes». Y, por otro lado, «el respeto» de las autoridades hacia «la autonomía de las Iglesias y la promoción de su libertad de organización, de expresión y de culto».

Sobre Schuman, el Pontífice ha subrayado que «su formación cristiana le educó en el valor de la igualdad» y «le enseñó la dignidad del trabajo. La sucesión de diversas soberanías nacionales le inculcó la importancia del derecho internacional y el valor de la palabra dada». 

Crecido entre el orgullo y la venganza, «se comprometió con la paz y la hermandad entre los pueblos que, después de haber luchado durante mucho tiempo, finalmente reconocieron que se necesitaban mutuamente».

Ni irenismo ni rearme: paz creativa

Entre su herencia, ha subrayado «un profundo deseo de paz» para un tiempo como el actual, en que «también en Europa ha reaparecido la guerra». «Es necesario comprometerse en un diálogo paciente, mostrar audacia en la negociación y estar dispuestos a sacrificar algunas posiciones por el bien superior de la paz». 

Esta búsqueda «no debe confundirse con un irenismo ingenuo», ha reconocido. Pero al mismo tiempo «hay que tener cuidado con la ilusión del rearme». Ha cuestionado si «realmente estamos haciendo “esfuerzos creativos” para promover la paz en el mundo, o si simplemente estamos tratando de “detener la hemorragia de la guerra” y prepararnos mejor para las que suponemos que todavía están por venir». 

Han asistido al acto 1.200 personas. Foto: Vatican Media.
Han asistido al acto 1.200 personas. Foto: Vatican Media.

Relaciones «cada vez más bárbaras»

El Santo Padre ha reivindicado asimismo «el derecho internacional y el multilateralismo», que «hacen hincapié en la igualdad efectiva de los estados en sus relaciones mutuas y constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto». 

Esto contrasta con un panorama en que «las relaciones humanas y entre los Estados se vuelven cada vez más bárbaras. Se menosprecia el valor de la palabra dada; y se presume más bien de la mentira y el engaño». 

«Europa puede poner fin a esta espiral gracias al respeto por el otro», pues «ha demostrado ampliamente, en los últimos 80 años, que es posible hacer valer opiniones, reivindicaciones e intereses divergentes, encontrándose en lugar de enfrentarse».

León XIV ha señalado además la llamada de Schuman al realismo y la valentía. Citándole, ha recordado que «Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho». 

Llamamiento a los jóvenes

El Papa ha concluido su largo discurso dirigiéndose a los jóvenes. A ellos les ha pedido valor para «vivir de manera responsable la misión de construir la paz, en su corazón, en sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus pueblos y de toda Europa», sin someterse a «la lógica de la violencia y la opresión». 

«¡Amen la vida en cada momento y no le teman al futuro!», ha exhortado. Esto implica no tener miedo a «formar una familia, a tener hijos, a defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre de la madre hasta su último aliento». 

Asimismo, los ha invitado a «trabajar incansablemente al servicio del bien de sus comunidades, incluso a través del compromiso político. ¡Sean artífices de comunidad!».