Los tres mártires de las SS, «una Iglesia que no huye»

Los tres mártires de las SS, «una Iglesia que no huye»

Beatificados en Italia tres sacerdotes que pudieron salvar la vida pero decidieron quedarse con el pueblo en las masacres de las SS

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
El tapiz que presidió la ceremonia.
El tapiz que presidió la ceremonia. Foto: Diócesis de Bolonia.

La basílica de San Petronio de Bolonia acogió este domingo la beatificación de tres sacerdotes mártires de las SS, asesinados durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de Ubaldo Marchioni, sacerdote diocesano, Elia Comini, salesiano, y Martino Capelli, dehoniano. Los tres decidieron permanecer junto a la gente en la masacre de Monte Sole, en la que las tropas de las SS atacaron a la población en Italia en represalia por el apoyo a los partisanos.

El primer sacerdote mártir, Ubaldo Marchioni, en 1944 fue destinado a una parroquia cerca de la zona controlada por las tropas alemanas. El 29 de septiembre de 1944 se detuvo en la iglesia para poner a salvo el Santísimo y dar refugio a un grupo de personas asustadas por la llegada de los alemanes.

Don Marchioni invitó a los hombres a refugiarse en el bosque, dejando en la iglesia solo a las mujeres y los niños. Pero las negociaciones con los nazis para liberarlos fracasaron: todos fueron llevados al cementerio y asesinados. Don Ubaldo fue llevado de vuelta a la iglesia y luego asesinado de un disparo en la cabeza, delante del altar.

Testimonio de fe y entrega

Por su parte, el padre Martino Capelli, de los Dehonianos, en el verano de 1944, llegó a Salvaro para ayudar al párroco en el servicio pastoral del pueblo. La zona se encontraba en medio de enfrentamientos armados entre militares alemanes, aliados y grupos partisanos.

El templo durante la celebración. Foto: Diócesis de Bolonia.
El templo durante la celebración. Foto: Diócesis de Bolonia.

Decidió permanecer junto a la población del pueblo cuando el ejército alemán ocupó por la fuerza la zona, exterminando a más de 770 personas. El padre Martino acudió a consolar a los agonizantes, pero fue encarcelado y obligado a transportar municiones. La noche del 1 de octubre de 1944 fue asesinado junto con un grupo de personas consideradas «incapaces de trabajar». Su cuerpo fue arrojado a las aguas del río Reno.

Esa misma noche fue asesinado junto a Martino el salesiano Elia Comini, que había acogido en su casa parroquial a los supervivientes de las represaliaa. «Debemos amar también a estos alemanes que vienen a molestarnos», decía Comini. Pero también encontró la muerte como sus compañeros de martirio al ejercer hasta el final el ministerio sacerdotal.

«Su sangre proclama a Cristo»

En la beatificación de estos tres mártires de las SS, el cardenal Marcello Semeraro destacó que «su secreto no es el heroísmo, sino el amor que se entrega por completo». Aunque los tres sacerdotes tuvieron la posibilidad de ponerse a salvo, decidieron permanecer junto a quienes sufrían. «Renunciaron libremente a su propia seguridad para participar plenamente del destino de los hermanos que les habían sido confiados», explicó Semeraro. «Su sangre no clama venganza, sino que proclama a Cristo», afirmó asimismo. Y definió su testimonio como «la fragancia de una Iglesia que no huye, que no abandona, que se solidariza con los que sufren».