Loreto Gala: «Cuantas más cosas tenemos, más cargamos y menos libres somos» - Alfa y Omega

Loreto Gala: «Cuantas más cosas tenemos, más cargamos y menos libres somos»

Madre de cuatro hijos, escribió Austeridad. El valor de la sencillez (Ed. Ciudadela) tras un recorrido personal en el que pasó de estar absorbida por el consumismo y las prisas a una vida «con más paz y sentido»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Loreto en casa con sus hijos.
Loreto en casa con sus hijos. Foto: Miriam Javé.

—¿Qué fue lo que le hizo darse cuenta de que necesitaba reducir sus pertenencias?
—En determinado momento me di cuenta de que, con el ritmo de vida que llevaba, muy rápido y comprando a última hora, tenía una sensación de peso y de carga. Pensé: «Es que tengo demasiadas cosas, hay que empezar a hacer espacio». Entonces leí Goodbye, things, un popular libro sobre minimalismo escrito por el japonés Fumio Sasaki. Me decidí a prescindir de muchas pertenencias y quedarme solo con aquello que realmente necesitaba. Cuanto más tenemos, más cargamos y menos libres somos. Y cuanto menos tenemos, más libres nos sentimos.

Además, soy una persona muy espiritual, y notaba que mi forma de vivir contrastaba mucho con el peso que le estaba dando a lo material. De hecho, materialismo y consumismo quitan espacio para lo espiritual.

—¿Y ahí descubrió que la austeridad podía ser la virtud que daba sentido a todo?
—Sí. La austeridad es un estilo de vida, va más allá del mero minimalismo. No es algo únicamente estético, tiene una mayor trascendencia. Es la virtud que nos lleva a una reflexión: estamos en el mundo, pero no somos el centro del mundo. Y tenemos que preguntarnos cómo queremos utilizarlo y cuidarlo.

La austeridad nos invita a pensar y reflexionar más, a no ser materialistas y a no consumir tanto. Se trata de darle más espacio a la parte espiritual, porque el espíritu es más importante que lo material.

—¿Por dónde comenzó a aplicar este planteamiento?
—Por la alimentación. Me di cuenta de que en casa comíamos muy rápido y mal, con muchos ultraprocesados y mucho azúcar. Empecé a interesarme por una alimentación más responsable con uno mismo y con el entorno.

Después llegó la ropa. Con motivo de una mudanza empecé a sacar cosas del armario y pensé: «Esto lo tengo desde hace diez años y no lo he usado». Hice una limpieza, lo regalé y lo doné todo. Me quedé con lo imprescindible, con aquello que sabía que realmente iba a utilizar.

—Es decir, que no se trata solo de quitarse cosas de en medio.
—Para nada. Es un modo de vivir que invita mucho a la reflexión, a la honestidad, al autoanálisis y a la intención. Empiezas a preguntarte: «¿Para qué lo quiero?», «¿por qué lo quiero?», «¿cuál es el fin?». Y eso lo aplicas poco a poco a cualquier consumo.

—¿Esa reflexión sobre el consumo acabó trasladándose a su casa?
—Claro. Si hablamos de sostenibilidad y queremos cuidar más el ambiente y nuestra manera de producir y consumir, eso también se empieza a reflejar en casa. Hubiera sido un doble discurso no hacerlo.  

—¿Cómo lo hizo?
—Sobre todo, con naturalidad. Cuando impones algo, luego viene el rebote. Mi hija mayor tiene 17 años y prácticamente ha nacido con esto. Han ido creciendo con estos valores. Desde pequeños, hemos intentado explicarles las cosas y llevarles a la reflexión.

—¿Por ejemplo?
—Si un niño tiene sed y te pide que le compres una botella de agua, puedes preguntarle si puede esperar 20 minutos hasta llegar a casa. Entonces le explicas qué ocurre si compramos una botella de plástico y dónde acaba. Es algo que se va poniendo en práctica. Otro ejemplo: en casa tenemos la regla de que, si entra una prenda, sale otra.

—¿Sus hijos entienden esta propuesta?
—Sí. Los niños tienen una tendencia muy bonita hacia el cuidado. Cuando empiezas a hablar de ello, lo entienden muy rápidamente. Muchas veces, el obstáculo somos nosotros. No debemos entrar en el juego de pensar: «Soy mal padre porque no le doy lo que me está pidiendo». Es al revés: soy buen padre o buena madre porque le estoy dando lo que necesita, no lo que me pide.

—¿Cómo gestionan los regalos de cumpleaños y Navidad?
—Los Reyes nos traen un regalo común para toda la familia y luego uno pequeño individual, porque somos seres humanos y necesitamos cosas. Pero insistimos también en el regalo de la experiencia: ir al cine, a patinar… Parece poco, pero son vivencias que se quedan en la memoria de todos para siempre.

—¿Qué es lo que más has ganado usted con todo este proceso?
—Paz. A mí lo que más me ha traído es paz, sentido y coherencia interna, saber que estás haciendo las cosas bien y educando en una crianza consciente, buena y sana. Mis hijos cuentan que sus compañeros quieren venir a nuestra casa porque es la única donde no se arrepienten de haber comido tanto. Vienen a descansar, a desconectar. Es una alternativa más consciente, más conectada y más tranquila.