De recibir ayuda a evangelizar a los niños
Diego y Luz ilustran la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras. Al llegar a España recibieron ayuda y ahora son agentes imprescindibles en su comunidad
Diego vino a España en 2023 huyendo de la guerrilla de Colombia, donde se había mudado en 2018 huyendo de las presiones de la política de Venezuela, de donde es natal. «Mi mujer y yo llegamos con mucho temor por todas las estafas de las que le advierten a uno; Madrid es muy grande y te puede devorar fácilmente», nos cuenta este abogado aún homologando su título en nuestro país. Su plan era emplear la capital tan solo como aeropuerto e instalarse en otra ciudad más pequeña, pero tras presenciar una agresión racista nada más bajarse de la estación de tren, regresó a la metrópolis confiando en que aquí sería mejor acogido. «Mi mujer es peruana, chiquita y morenita y tenía miedo de que alguien la tratara mal», nos confía. Es un temor que se le disipó en Oasis, un grupo de espiritualidad en la parroquia madrileña de Nuestra Señora de la Concepción en el que, nada más llegar, «nos atendió una señora española muy amable que se llama Estrella» y que les facilitó todo tipo de contactos para alquilar una habitación sin sufrir a timadores.
Tres años después, la situación de Diego es otra y es él quien ayuda a los demás. No solo participa en la oración con este grupo que semanalmente puede reunir a unas 180 personas, como en este tiempo ha completado un Diplomado en Derecho Migratorio con la Universidad a Distancia de Madrid, ayuda a otros migrantes con sus gestiones y, sobre todo, a que nadie les tome el pelo. El sábado pasado, por ejemplo, les impartió una charla para, «con el móvil, ver cómo crear el certificado digital y consultar la carpeta ciudadana donde se almacena toda la información sobre el proceso que estamos siguiendo».
Su historia rima con la de Luz, quien ilustra como él a la perfección la exhortación pastoral Comunidades acogedoras y misioneras. Es un documento que la CEE publicó en 2024 y que reivindica a los migrantes como protagonistas de la evangelización. Esta paraguaya vino a España hace doce años «con mucho miedo porque dejé allí a mi hijo». No obstante, «aunque salí de mi país, Dios no salió de mí». Ahora la vida es otra porque ha podido traerlo y ampliar aquí su familia. Al llegar, se alojó los primeros meses con un alquiler muy simbólico en la casa de una religiosa, pero rápidamente pasó de receptora a emisora de ayuda. «En mi país era profesora de Primaria y fui catequista desde los 15 años», por lo que, en cuanto una amiga le presentó la oportunidad, se ofreció como catequista en Nuestra Señora de África. Allí le habla de Dios a otros muchos niños de origen migrante como ella y descubre que «cada uno tiene su historia y tiene que adaptarse, pero, gracias a Dios, Él está con nosotros».