Fulton Sheen ya es beato
El cardenal Tagle reivindica al arzobispo estadounidense como un evangelizador que nunca se atribuyó las conversiones que acompañaron a su éxito en radio y televisión: «Prefería ser simplemente un portero», dijo durante la beatificación
El arzobispo estadounidense Fulton Sheen ya es beato. El Papa León XIV autorizó su beatificación mediante una carta apostólica que fue leída este jueves 24 de septiembre por el cardenal Luis Antonio Tagle durante la celebración en The Dome at America’s Center, en San Luis (Misuri). Tras la proclamación, se presentó una imagen del nuevo beato y, de manera simultánea, fue desvelada su tumba en la catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción.
El proprefecto del Dicasterio para la Evangelización, enviado especial del Vaticano para presidir la beatificación, quiso, durante la homilía, alejar la figura de Sheen de la idea de un comunicador preocupado por su propia audiencia. «¿Qué hace bienaventurado a un evangelizador?», planteó. ¿El tamaño de su audiencia, el alcance de un programa de radio o televisión, el número de personas que escuchan, leen o responden? Para el cardenal, la respuesta está en otro lugar: en la comunión con Cristo.
Recordó que Sheen nunca se atribuyó las conversiones que pudieran producirse a través de su predicación. Cuando Pío XII le preguntó cuántas almas había convertido, respondió que no las había contado para no caer en la tentación de pensar que eran mérito suyo. Prefería describirse como «simplemente un portero», alguien que a veces podía conducir a las personas hasta «la puerta abierta de la casa de Dios».
It’s official, Fulton Sheen is a Blessed! Just moments ago, Luis Antonio Cardinal Tagle proclaimed the Solemn Formula of Beatification for the beloved American Archbishop, theologian and philosopher, who garnered worldwide fame as the premier Catholic televangelist.
— Catholic Sat (@CatholicSat) September 24, 2026
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El cardenal filipino recuperó además una frase que Sheen utilizaba para explicar su vocación sacerdotal: «Fui llamado a contar esta historia —el Evangelio—. Nunca me canso de contarla. Nunca me canso de mejorar la forma de contarla. Amo mi vocación».
Durante décadas, esa historia llegó a millones de personas a través de la radio y la televisión, pero Tagle insistió en que la importancia de su labor no estaba en la celebridad alcanzada, sino en aquello que anunciaba. «San Pablo no se predica a sí mismo, sino a Jesucristo como Señor», recordó.
Preocupación por los «anónimos»
La segunda gran dimensión que Tagle destacó fue la comunión con las personas concretas, especialmente con los pobres y vulnerables. El Evangelio, señaló, no envía a los discípulos a un «mundo» abstracto, sino a hombres y mujeres con nombre, historia, heridas y dignidad.
En este punto recordó la preocupación de Sheen por aquellos que corren el riesgo de convertirse en «anónimos», entre ellos los pobres. Para el nuevo beato, la atención a quienes sufren no era una cuestión ideológica, sino una consecuencia de seguir a Jesús y de la propia misión evangelizadora de la Iglesia.
Tagle recuperó también una intervención de Sheen durante el Concilio Vaticano II, en 1964, en la que reclamó que la Iglesia tomara conciencia de la pobreza de buena parte del mundo. «Como solo un Cristo herido pudo convertir a un Tomás que dudaba, así solo una Iglesia herida por la pobreza puede convertir a un mundo que duda», afirmó entonces Sheen, según recordó el cardenal.Y puso como ejemplo la propia vida del arzobispo estadounidense, que destinaba a los pobres parte de los ingresos obtenidos por sus actividades y promovía el apoyo a las Iglesias más necesitadas.

El momento más emotivo de la homilía llegó con el relato de un viaje de Sheen a Buluba, en Uganda, donde visitó un centro que acogía a unas 500 personas afectadas por la lepra. El arzobispo llevaba cruces de plata para entregárselas. Uno de los enfermos se acercó: había perdido parte del brazo y la mano. Al ver sus heridas, Sheen se estremeció y dejó caer la cruz. Pero aquel instante se convirtió, explicó Tagle, en una confrontación con el significado de lo que llevaba: ¿cómo podía ofrecer el signo de Cristo, que se hizo vulnerable y tocó a los que sufrían, mientras él mismo retrocedía ante las heridas de aquel hombre? Sheen venció el miedo, tomó su carne herida entre las manos y llegó a considerarse «la persona número 501 con lepra».
«Bienaventurado el vaso de barro que saca su fuerza de Jesús», concluyó el proprefecto, retomando una imagen de san Pablo. Y añadió: «Bienaventurado el evangelizador convertido al contemplar y tocar las heridas de Cristo Resucitado en los hermanos y hermanas heridos».
La última imagen que dejó de Sheen fue la de un misionero que no se queda en una evangelización abstracta, sino que «profundiza en el corazón de los pobres para encontrar allí a Jesús». Así, concluyó, la grandeza del nuevo beato no se mide por los millones de personas que llegaron a escucharle, sino por aquel a quien nunca se cansó de anunciar y por su capacidad para reconocer al mismo Cristo en quienes más sufrían.
Ganador de un Emmy
Sheen, fallecido en 1979, fue una de las grandes figuras de la comunicación católica del siglo XX y un pionero de la evangelización en los medios. Durante más de una década habló de Dios, el Evangelio y la Iglesia a través de la radio y, desde los primeros años de la televisión, se convirtió en uno de los rostros religiosos más conocidos de Estados Unidos. Su programa Life Is Worth Living llegó a millones de espectadores.
Su popularidad alcanzó tal dimensión que en 1952 recibió un Emmy por su programa televisivo. En aquella época, los espectadores no podían mostrar su reacción mediante un «me gusta», pero miles de cartas llegaban cada semana a la cadena con peticiones de oración, agradecimientos y donativos destinados a las misiones.

El éxito comunicativo de Sheen, sin embargo, no se apoyaba únicamente en su carisma. El arzobispo preparaba minuciosamente sus intervenciones y consideraba los medios de comunicación instrumentos al servicio de la evangelización. Su legado continúa hoy en internet y las redes sociales, donde sus grabaciones y escritos siguen llegando a nuevas generaciones.
Pero la beatificación pone el foco también en una dimensión menos visible de su vida. Sheen insistía en que el reconocimiento público o el número de personas alcanzadas por la predicación no son lo que conduce a una persona a los altares. Para él, la unión con Dios, la coherencia de vida y la capacidad de vivir la cruz eran esenciales.
Una de sus prácticas espirituales más características fue la hora santa: una hora diaria de oración ante el Santísimo Sacramento, incluso en los momentos de mayor actividad o dificultad. Desde allí, explicaba, encontraba la fuerza para sostener su intensa actividad pastoral y comunicativa.
El Papa León XIV ha establecido que la memoria litúrgica del beato Fulton Sheen se celebre el 9 de diciembre, aniversario de su fallecimiento.
Los influencers de la fe ya tienen su santo
La beatificación de Fulton Sheen confirma la actualidad de una figura que ya antes de la televisión entendió los medios como un territorio privilegiado para anunciar el Evangelio.
En un artículo publicado el pasado 21 de septiembre en Alfa y Omega, Guido Vassallo, responsable de la edición italiana de su autobiografía, recordaba precisamente esta dimensión de Sheen: un comunicador capaz de llegar a millones de personas, pero convencido de que detrás de toda evangelización debía estar la unión con Dios.