¿De dónde nace nuestro juicio? - Alfa y Omega

Hace pocos días, hablando a un grupo de obispos recientemente ordenados, el Papa les dijo que vivimos en una época de cambios rápidos, en que los avances de las tecnologías de la comunicación y de la inteligencia artificial han abierto posibilidades que, hasta poco, ni siquiera hubiéramos imaginado. Pero, advirtió, «ciertamente no pueden liberar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias, como lo demuestran trágicamente las crisis que estamos atravesando». La ilusión de que la política o la técnica puedan exorcizar todos nuestros demonios es tan vieja como el mundo, y los católicos no estamos vacunados contra ella. Cuántas veces juzgamos los acontecimientos de la historia desde las categorías que nos ofrecen los medios, los expertos, o simplemente la opinión dominante.  

El Papa recordó que la Iglesia acaba de celebrar el Jubileo de la Esperanza no porque viva fuera del mundo, sino porque «enviada por Cristo, está llamada a anunciar a todos el Evangelio de la salvación». Pero, ¿cómo anunciar y comunicar la esperanza en medio de un mundo que parece ahogarse en la angustia por el futuro? El Papa ha indicado a los obispos, con toda sencillez y con toda autoridad, que la encíclica Magnifica humanitas ofrece «una visión y un método para afrontar el gran desafío de la custodia de lo humano en la era de la inteligencia artificial». 

Ahora que vemos removerse, quién sabe por qué intereses, a los directivos de las grandes empresas de la IA que nos advierten de diversos peligros, conviene recordar que León XIV se anticipó a los debates de estos días con un documento profético. Es una responsabilidad de todos nosotros, los cristianos de pie, leerlo, asimilarlo, acogerlo, y juzgar desde la sabiduría de la Iglesia, no desde la opinión dominante o los intereses de las empresas de turno. Una responsabilidad y una gran fortuna.