Hakuna: «Queremos seguir viviendo esto como niños»
Entrevista exclusiva al grupo Hakuna, nominado al Grammy Latino. «Dios, en cuanto le dejas una rendija abierta, se cuela», dicen
Tras su nominación a los Premios Grammy Latino, Jaime, Alex y Patricia, componentes del grupo Hakuna, hacen balance de su trayectoria y afirman que «solo queremos seguir atentos a lo que Dios vaya inspirando nuestra vida. No tenemos ningún objetivo más allá de eso».
—Acabáis de recibir una nominación a los Grammy Latino y dijisteis que estáis «en shock». ¿Qué ha supuesto para Hakuna que la canción Tú haya llegado hasta aquí, y qué significa para vosotros este reconocimiento?
—De primeras fue un shock, porque no lo esperábamos ni mucho menos. Pero además también una alegría muy grande por la suerte de recibir un premio de tal calibre y con tan alto reconocimiento en la industria de la música. Para nosotros significa vivir agradecidos con conciencia de que Dios siga haciendo lo que le dé la gana y abriendo caminos. Ojalá que esto pueda servir para que muchos puedan conocerle más y mejor, que al final es lo que nos mueve.

—Hakuna empezó como una experiencia de fe y hoy llena conciertos y llega a miles de jóvenes. ¿En qué momento os disteis cuenta de que ya no erais solamente un grupo de música, sino un fenómeno que estaba conectando con toda una generación?
—Hakuna realmente nace como un grupo de jóvenes que juntos siguen a Cristo, recibiendo todo de la Eucaristía. Desde el primer momento, la música estuvo presente, pero como un fruto más de esa Vida. Además de la música, desde el inicio surgieron igualmente iniciativas de formación, retiros, voluntariados, etc., todo ello manifestación de esa Vida recibida.
Esta sed de sentido, de búsqueda de un Dios que es Amor, es algo que estaba en el corazón de los jóvenes y de la sociedad: en los conciertos, viajes, retiros, adoraciones… Sencillamente, lo que ocurre es que la persona reconoce con el corazón eso que estaba buscando. Encuentra el agua viva, reconoce que ahí está esa Verdad.
Un tabú roto
—¿Algún punto de inflexión en este sentido?
—Quizá, por decir algún momento concreto, en el tercer concierto que hicimos en Vistalegre en 2022 fuimos capaces de percibir un cambio. O más bien, de ver la punta del iceberg de un cambio muy significativo. Si bien hasta ese momento para muchos hablar de la fe, o incluso de la espiritualidad, podía ser un tema delicado, incluso tabú, parecía como si se hubiese roto esa barrera. De alguna manera, en medios, en redes sociales, estaba ocurriendo algo… En realidad, lo que ocurrió fue que algo muy real pero hasta entonces invisible se manifestaba. La fuerza de todo esto es que era algo que ya estaba, puesto que es algo que nos precede. Es un anhelo de la persona que siempre ha estado pero que quizá en algunos momentos había quedado en un segundo plano.
—Este año la música cristiana tiene una presencia especialmente significativa en los Grammy Latino. ¿Qué está pasando para que un género que durante mucho tiempo estuvo en un espacio más minoritario esté ganando protagonismo en la industria?
—Es verdad que normalmente en música cristiana y música católica como tal no suele haber muchos nominados. Por eso nos hace muchísima ilusión, porque en este premio también va ligado a un reconocimiento a toda la Iglesia. Y nos ha encantado que justo sea en este proyecto, en este disco, donde hay una canción que es Tú, el único rey, que tuvimos la oportunidad de grabarla con muchos otros grupos católicos como dando un mensaje de unidad de la Iglesia.
Que haya esta nominación implica el animar a otros grupos a que se atrevan a arriesgarse y crear música católica sabiendo que el mundo, cuando hay un trabajo muy bien hecho, también puede reconocerlo. Para Hakuna Group Music supone reafirmar la idea de hacer las cosas en lo escondido sin buscar sobresalir por encima de otro, con toda la profesionalidad, desde el anonimato, desde lo escondido.
El corazón de los jóvenes
—¿Qué creéis que buscan los jóvenes en estas canciones? ¿Tiene que ver con la necesidad de esperanza, de sentido y de comunidad que existe en una sociedad marcada por la soledad y la incertidumbre?
—Yo creo que los jóvenes tienen sed de lo que han tenido siempre sed los jóvenes, que es de una vida con sentido, de cambiar el mundo. Eso es muy propio de la juventud, de los ideales, de entregarse a los demás. Lo bueno de estas canciones es que recogen esos mismos deseos porque son escritas por otros chavales. Cuando uno habla de esos de esos anhelos que tiene en el fondo de su corazón, resuena con todos los demás porque de verdad estás contando lo que tú quieres, lo que te gustaría, cómo te gustaría que fuera el mundo, cómo te gustaría ser tú, y eso es una verdad universal. Por eso muchas personas se ven identificadas. Es como una verdad que viaja del corazón del que lo ha escrito al corazón que del que lo recibe. Precisamente hoy, cuando hay más autosuficiencia, más aislamiento, más individualismo, especialmente resuena este mensaje que habla de que quiero entregar mi vida, que quiero tener una comunidad, una familia.
—Muchas personas que escuchan Hakuna no necesariamente se consideran creyentes o practicantes. ¿Puede la música convertirse en una puerta de entrada a la fe para personas que quizá no se acercarían a una iglesia?
—La música es un arte que no pide permiso para entrar en el corazón, porque cuando hay una verdad profunda detrás va como una flecha. Claramente es una puerta de la entrada de la fe, porque Dios en cuanto le dejas una rendijita abierta, se cuela. En Hakuna hemos aprendido lo que es vehicular con algo como tan bello y tan atrayente como la música para que Dios entre en el corazón de las personas.
Mirada al futuro
—Ahora que estáis nominados a un Grammy Latino, ¿qué os gustaría que ocurriera después? ¿Qué sueño tenéis para Hakuna y, sobre todo, qué no queréis perder por el camino?
—La verdad es que no lo pensamos. En realidad, no pretendemos nada, ni tenemos ningún objetivo concreto más allá de seguir compartiendo la vida que vamos recibiendo previamente de Dios, solo seguir atentos a lo que él vaya inspirando nuestra vida. No tenemos ningún objetivo más allá de eso, ni ninguna meta de tocar en este sentido.
Más que eso, lo que no queremos perder es esa inocencia, esa gratuidad, ese ir desenvolviendo como un niño este regalo. Queremos seguir viviendo esto como niños, atentos a lo que Dios quiera regalarnos y sin salirnos de ahí.