Yoko Ogawa, galardonada con los premios literarios japoneses más importantes, es una superventas ampliamente traducida al español. Nos deja uno de los libros más interesantes de esta rentrée literaria: Una perfecta habitación de enfermo, que recoge el relato homónimo y otro más, titulado Una mariposa en el hueco de la mano, prácticamente de la misma extensión. Ambos abordan el duelo y la ausencia a través de dos mujeres. El contraste argumental, muy marcado, reside, no obstante, en que la primera historia se centra en la muerte de un joven a los pocos meses de su enfermedad y, la segunda, en el alejamiento progresivo, mental y físico, de una anciana con demencia senil. De ambas, es la primera de las historias la que reviste, sin duda, el mayor valor literario.
Una perfecta habitación de enfermo está protagonizada por una joven casada con un marido al que apenas ve un rato cada día, a la hora de la cena, y que recibe la noticia de que su único hermano, de tan solo 21 años, padece una patología terminal y debe pasar largo tiempo en un hospital, donde ella decidirá acompañarle durante los últimos días de vida. Sabemos desde la primera línea que los dos personajes crecieron sin el afecto de sus padres, fallecidos, además, prematuramente, y es por ello que ahora tienen la oportunidad de dejar atrás una relación familiar fría para profundizar en la grandeza del amor fraternal que son genuinamente capaces de profesarse. La narración describe sentimientos, sensaciones y estados de ánimo que proyectan una sensorialidad muy bella, casi poética; y explora una sutil gama de matices del dolor y del amor. Todo ello aparece muy vinculado, desde dentro, a la rutina de las largas jornadas hospitalarias, tan reconocibles en sus cadencias, en su pulcritud, silencio, serenidad y eterno color blanco. El tono crepuscular lo impone un imaginario que arranca con una suave brisa de finales de otoño, que se desliza a través de los visillos y acaricia el lecho del convaleciente. A ritmo lento, se suceden los pasajes de emoción contenida y contemplativa.
La hermana-cuidadora charlará a menudo con un médico, gentil como ella, que se convertirá en un inesperado apoyo emocional por ser, también como ella, una persona sensible mucho más allá de la empatía. Criado en un orfanato con niños a los que consideró sus hermanos, este personaje secundario clave nos deja claro que la vocación íntima de servicio se le sale por los cuatro costados. Dice que antes de curar, siempre está el consolar.
Respecto al segundo relato que completa el volumen, protagonizado por la joven Nanako que acaba de internar a su abuela en una residencia, basta decirse que nos invita a vislumbrar un ángel detrás del director del geriátrico, del cuidador.
Yoko Ogawa
Tusquets
2026
160
18,90 €