10 cosas que deberíamos saber sobre el suicidio
Entender bien este problema de salud pública es una de las mejores herramientas para abordarlo con éxito. Ofrecemos algunas claves en el contexto del día mundial dedicado a su prevención
Uno de los mitos en torno al suicidio, según Sandra Pérez-Rodríguez, directora del equipo de estudio sobre este tema en la Universidad de Valencia, es que «todas las personas que lo intentan tienen un problema de salud mental». La ideación suicida «llega por múltiples factores» (desesperanza, soledad no deseada, dolor físico…) que «influyen en esa decisión. y no siempre hay» una enfermedad mental subyacente. Sí es cierto que «el riesgo se incrementa de forma significativa» en los casos «con dos o más trastornos», matiza Ana Fernández Villar, psiquiatra y coordinadora del Área Sanitaria de Salud Mental en Fundación Hospitalarias Cantabria.
«Hay múltiples señales de alarma» de que alguien puede intentar quitarse la vida, explica Pérez-Rodríguez. «A veces se hacen comentarios más o menos explícitos como “no tengo ganas de vivir”, “no encuentro sentido a esto”, “no tengo ganas de nada” o “me gustaría no despertarme”». También pueden producirse cambios de actitudes y comportamientos. Hay personas que «dejan de ir a clase, se salen de los grupos, se aíslan, empiezan a consumir más drogas o alcohol o bajan su rendimiento académico». Sentirse una carga, pensar que los demás estarían mejor sin ellos o que no son importantes también debe ponernos en alerta.
Si alguien muestra indicios preocupantes, Pérez-Rodríguez recomienda intentar averiguar «hasta qué punto está mal o ha sido percepción nuestra», sin miedo a preguntar explícitamente si se ha planteado quitarse la vida. Está totalmente desaconsejado minimizar su dolor con mensajes como «todo va a salir bien» o «si lo tienes todo…», o apelar a la culpa. «El sufrimiento ajeno nos molesta», pero hay que escucharlo y «validarlo» siempre. Se puede decir «no me hago a la idea de lo que estás pasando, pero veo que estás sufriendo». Es importante ofrecer compañía («estoy contigo») y conocer recursos hacia los que orientar, pero «nunca prometer algo que no puedes cumplir».
En 2024 se produjo la cifra más alta en menores de 20 años de los últimos tiempos, 90, y fue la primera causa de muerte externa. Además, «en torno a un 10 % tienen ideación suicida», asegura Pérez-Rodríguez. «Muchas veces no hay diagnóstico» de enfermedad mental. Puede estar conectado con «el cambio social: menos conexión cara a cara; relaciones de pareja poco sanas»; problemas en la familia, por ejemplo de «no aceptación» por parte de los padres o «el mal uso de las redes. También hay factores sociales» como el empleo o la vivienda. Con todo, las tasas más altas son las de hombres mayores de 85 años: 40,2 casos por 100.000 habitantes.
Los hombres representan el 73,4 % de los casos de suicidio, con una tasa de 12,1 por 100.000. «Ellas lo intentan más, pero los varones usan métodos más letales», explica Pérez-Rodríguez. «Es algo poco explorado», que nos invita a «escuchar el sufrimiento de ellos», que se expresa de una manera diferente. Los hombres sufren más aislamiento social y estereotipos que obstaculizan la expresión emocional y el acceso al apoyo. «Es una tarea pendiente atender a esas formas de sufrimiento que no se manifiestan de forma verbal».
«No hay un patrón claro» que demuestra el mito, muy extendido, de que «quien dice que se va a suicidar lo hace para llamar la atención pero realmente no lo hace, y el que quiere hacerlo lo mantiene en silencio», asegura Pérez-Rodríguez. «Lo que es cierto es que verbalizar la conducta suicida nunca es manipulativo». Más que llamada de atención, prefiere considerarlo «una llamada de socorro. Esa persona no quiere morir: lo que desea es dejar de sufrir».
«Cada vez hay más investigación en la que se ve que el sentido de la vida juega un papel protector frente a la sintomatología suicida», asegura Fátima Lorca, directora del Área de Psicología de la Universidad Villanueva: «Las personas que tienen metas vitales, un propósito, que saben para qué están aquí, tienen menos riesgo». Este conocimiento se puede emplear tanto en prevención —«cuando hablo en colegios no hablo de suicidio, hablo de sentido de la vida»— como en el abordaje: «Cada vez hay más terapias que trabajan esto. Creo que es un complemento buenísimo para cualquier intervención», sin sustituir otros tratamientos.
«A nivel mundial se sabe» que formar bien sobre el suicidio a la población general «mejora el conocimiento y las actitudes; la gente pierde el miedo a preguntar» directamente a personas de su entorno cuando les preocupa que tengan ideaciones en este sentido y los pueden animar a pedir ayuda. «No hay tanta información sobre si se traduce en una reducción» de las muertes, matiza Pérez-Rodríguez. Su equipo de la Universidad de Valencia desarrolla el proyecto Gatekeepers, que además de ofrecer esta formación hace un seguimiento para saber si lleva a «más intervenciones en clínicas» de su entorno.
«A nivel mundial se sabe» que formar bien sobre el suicidio a la población general «mejora el conocimiento y las actitudes; la gente pierde el miedo a preguntar» directamente a personas de su entorno cuando les preocupa que tengan ideaciones en este sentido y los pueden animar a pedir ayuda. «No hay tanta información sobre si se traduce en una reducción» de las muertes, matiza Pérez-Rodríguez. Su equipo de la Universidad de Valencia desarrolla el proyecto Gatekeepers, que además de ofrecer esta formación hace un seguimiento para saber si lleva a «más intervenciones en clínicas» de su entorno.
«Si has pensado en el suicidio o estás sufriendo, pide ayuda», concluye Sandra Pérez-Rodríguez. Para situaciones de urgencia está el 112. Además se puede llamar las 24 horas al 024, o al Teléfono de la Esperanza: 717 003 717.