El «aura» de León XIV con las familias del Vaticano: son «el espejo en el que Dios se ve a sí mismo»

El «aura» de León XIV con las familias del Vaticano: son «el espejo en el que Dios se ve a sí mismo»

El Papa ha participado en la fiesta para las familias de empleados del Vaticano, donde ha bromeado con los chicos con expresiones de moda como «six-seven» y «aura»

María Martínez López
El Papa saluda a los niños reunidos en la fiesta. Foto: Vatican Media.
El Papa saluda a los niños reunidos en la fiesta. Foto: Vatican Media.

Las bromas se han intercalado en la tarde de este sábado con el agradecimiento del Papa a quienes trabajan para el Vaticano y la invitación a que, sobre todo, sean reflejo de Dios en sus familias. Ha sido en la plaza del Governatorato, donde se celebraba la tercera edición de la fiesta para las familias de los trabajadores del Vaticano.

Ya el año pasado León XIV se acercó por sorpresa a esta cita, convocada para que pudieran reunirse después del verano. Esta vez se le esperaba. Muchos de los niños presentes habían participado en el campamento urbano que ya visitó el Santo Padre. Este sábado ha vuelto a recurrir a uno de los gestos suyos que más se han difundido entre los muchachos y jóvenes: el six-seven subiendo y bajando de forma alterna las dos manos abiertas.

«Durante el verano tuve la oportunidad de reunirme con muchos niños. Me alegra mucho veros aquí; todos habéis aprendido un poco de matemáticas. ¿Cuánto es six-sevensix-seven? ¡Eso es 13, muy bien!», dijo, despertando las carcajadas no solo de los más jóvenes, sino también de los mayores.

Animados por esta disposición del Santo Padre, algunos adolescentes le han lanzado un nuevo reto: «Papa, Papa, ¿puede decir “aura”?». «¿Aura?», reaccionó, para regocijo de los chavales, narra Salvatore Cernuzio en Il Papa alle famiglie in Vaticano: «Siete un grande miracolo, donate la vita per gli altri» – Vatican News.

El Santo Padre también tuvo otros gestos de cercanía: bendijo a los recién nacidos, besó en la cabeza a los niños que corrían hacia él, estrechó manos de muchos ancianos y hasta respondió algunas preguntas.

¿Cuáles son los dos milagros de la familia?

El Papa ha centrado sus palabras, más que en el carácter de empleados del Vaticano, en la realidad de sus familias. Les ha recordado una «hermosa frase» de san Juan Pablo II: «La familia es el espejo en el que Dios se ve a sí mismo» y «ve los dos milagros más bellos y grandiosos». Uno, dijo el Papa León XIV, «es dar vida»; el otro, «dar amor».

Los bebés presentes han recibido la bendición del Pontífice. Foto: Vatican Media.
Los bebés presentes han recibido la bendición del Pontífice. Foto: Vatican Media.

En cuanto a la primera parte de la frase, el Pontífice ha invitado a imaginar «a su familia, imaginemos también a esta familia que nos reúne aquí». «Dios quiere verse en nuestra comunidad, en nuestra familia, en vuestra familia».

A continuación, sobre los dos milagros que se dan en su seno, ha invitado precisamente a «dar vida y dar amor». «Quiero agradeceros a todos, a vuestras familias, este gran milagro que son».

«Es una alegría servirle»

«Cada día, quizás también nosotros podamos mirar a nuestra familia como este espejo de Dios», ha invitado. Y así «redescubrir el amor divino, lo que significa dar vida, lo que significa no vivir solo para uno mismo, no ser egoísta, sino dar vida a los demás, en la familia, entre amigos y entre quienes aún no lo son».

Saludo del Santo Padre a los presentes. Foto: Vatican Media.
Saludo del Santo Padre a los presentes. Foto: Vatican Media.

«Que nuestra celebración de esta noche sea también un espejo del amor de Dios», ha sido el deseo final del Papa. «Sintamos verdaderamente esta alegría que solo Dios puede darnos y que hoy nos sigue dando: la alegría de estar juntos en celebración, como este espejo del amor de Dios».

Antes, en su saludo inicial, la hermana Raffaella Petrini, presidenta de la Gobernación, ha reafirmado al Papa «una vez más nuestra gratitud y afecto filial hacia usted». También ha reiterado «que es una gran alegría para nosotros servirle y ayudarle, aunque sea modestamente, en la gran misión que el Señor le ha encomendado».