En la causa de don Giussani «personas críticas con él reconocían su grandeza, fe y honestidad»
Ennio Apeciti, delegado del arzobispo de Milán para la causa de canonización de Luigi Giussani y que recientemente habló de un posible milagro, destaca para Alfa y Omega, entre la ingente documentación reunida, cómo el fundador de Comunión y Liberación «te transmitía que lo eras todo para él en ese momento» y sabía «dar esperanza»
La última edición del Meeting de Rímini, celebrada en esta ciudad italiana del 21 al 26 de agosto, será recordada por la visita del Papa León XIV, la segunda vez que un Pontífice se hacía presente en la cita. Pero dentro del amplio programa cultural, hubo otro momento importante para los miembros de Comunión y Liberación, movimiento al que está vinculada la Fundación Meeting por la Amistad entre los Pueblos, que organiza el encuentro.
Fue la mesa redonda titulada Don Giussani, un regalo para el presente, dedicada al fundador de Comunión y Liberación, cuya causa de canonización cerró su fase diocesana la pasada primavera. Fue allí donde Ennio Apeciti, delegado del arzobispo de Milán para este proceso, desveló detalles del mismo.
Quizá el que más expectación suscitó fue que existe un hecho extraordinario «en particular que quisiera proponer a la Santa Sede como un milagro típico». Es un caso entre «diversos relatos de milagros» que «creemos que pueden ser examinados».
Con todo, Apeciti matizó que «existen muchos requisitos estrictos al respecto». Y aclaró que «no puedo decir más». En conversación con Alfa y Omega, sí ha desvelado otros detalles de la causa.
—¿Cómo fue su labor durante la fase diocesana de la causa de Luigi Giussani?
—El trabajo fue muy largo. Llevó más de diez años, porque según las normas de la Iglesia tuvimos que recopilar todos los documentos existentes sobre don Giussani, todo lo que había escrito, todos los documentos sobre su vida, para reconstruirla lo más completamente posible, con sus relaciones, lo que dijo en diversas conferencias, congresos, en la escuela, las cartas que recibió y escribió.
Este mar de documentos es impresionante para un hombre como él. Tenemos más de 1.000 y estimamos que al final habrá entre 40.000 y 50.000, entre cartas y papeles. Siendo una persona de tan alto calibre no podíamos permitirnos ninguna oscuridad ni duda. El Papa Benedicto XVI fue de gran ayuda en este sentido, recomendándonos que hiciéramos bien las cosas. Obviamente, tenía que salir a la luz la verdad absoluta que pudiera dar ejemplo a toda la Iglesia.
—¿Qué sintió en el momento de concluir su labor?
—Fue muy conmovedor. Fue maravilloso escuchar sus discursos, porque don Giussani tenía una calidez especial al hablar (más que al escribir). Y no solo lo conocimos a él. Fue estupendo hacerlo también con la gente: unas 85 personas —solo elegimos a 85—. Al hablar de su maestro aún se podía ver la emoción. Hombres y mujeres cuyas vidas habían sido marcadas y transformadas por el encuentro con este sacerdote. Uno de ellos era un chico que no creía, un joven de clase media de Milán de aquella época. Decía que entró en la clase de Giussani agnóstico, incluso burlándose, y salió convertido.
—¿Usted lo conoció en persona?
—Sí. Lo traté varias veces en mi vida, especialmente en relación con causas de los santos. Por ejemplo, era muy cercano a Pablo VI y cuando trabajamos en su causa lo entrevisté personalmente. Era un entusiasta del que había sido su obispo, se le iluminaban los ojos al recordar las palabras de Pablo VI. A veces este le decía «ten cuidado, no crees tensión, muévete con cautela, incluso si estás solo con los hermanos». O cuando siendo aún arzobispo de Milán le reconoció: «No comprendo sus ideas y métodos, pero veo los frutos y le pido que siga así». O la famosa frase de 1975: «Ánimo para usted y sus jóvenes, porque este es el buen camino».

—¿Cómo era de cerca?
—No era muy guapo [risas]. Pero la belleza estaba en sus ojos, en su sonrisa y su bondad. Lo que siempre me impactaba eran sus ojos, tan profundos, tan claros, que te penetraban o te hacían sentir que realmente te seguían. Hablaban desde el corazón y sentías que te miraba. Y su sonrisa verdaderamente acogedora. Era alguien que te hacía sentir que te quería. También su voz era cálida, reconfortante.
—Para enviar toda la documentación a Roma emplearon una furgoneta. ¿Qué complicaciones surgieron al recopilarla, dado que Comunión y Liberación es un movimiento presente en todo el mundo?
—Como he dijo, tuvimos que enviar testimonios de todo el mundo, incluso de Japón. Lo que enviamos a Roma ni siquiera fue todo. Era tan impresionante que acordamos enviar solo una parte, mientras que el resto se envió digitalmente para que pudieran leerlo sin emplear un bosque entero para fotocopias. El material es impresionante y no ha sido fácil por esta razón. También había que distinguir entre su figura y los asuntos de la Fraternidad de Comunión y Liberación. Siempre lo he dejado claro: estamos llevando a cabo el proceso de canonización de un hombre, no de un movimiento.

—¿Hay algún testimonio que le haya resultado particularmente significativo, que le haya impactado y que pueda compartir?
—No podemos mencionar nombres, porque todo sigue bajo secreto. Ahora Roma tiene que evaluarlo todo y verificar si lo hemos hecho bien, así que hay que actuar con prudencia. Es difícil elegir. Creo que lo más bonito es cuando conocimos incluso a personas que creíamos un poco críticas con Giussani. Me impactó que, al hablar de él, aunque no compartían sus ideas, reconocían la grandeza de este hombre, su fe, su honestidad. Fue hermoso e importante escuchar esto.
Recuerdo dos casos. Una carta en la que un obispo le enumera cosas con las que cree no estar de acuerdo, pero termina la carta diciendo «le escribo por el aprecio que le tengo, porque reconozco en usted la profunda fe, el amor por la Iglesia que ambos compartimos».
Otro menciona a una tercera persona que tampoco compartía las ideas de Giussani pero cuando salió de una reunión con él dijo a este testigo: «Este es un gran hombre, alguien que siempre creyó en lo que hacía, porque es la grandeza de la fe la que da sentido a la vida».
—¿Qué aspecto de Giussani quisiera transmitir a quienes no conocen su figura o Comunión y Liberación?
—El ejemplo de un hombre que te tomaba en serio, que se tomaba en serio a todos. Yo lo llamaría una preferencia. Muchos testigos han coincidido en que te transmitía que lo eras todo para él en ese momento, en ese encuentro, que te amaba.
Y hoy sería aún más importante el saber dar esperanza, transmitir confianza. Y todo eso en nombre de Cristo. Porque Giussani no puede explicarse sino por su verdadero interés, su amor infinito por el Señor.