Crecen los grupos Resurrección: pasar el duelo por un ser querido de la mano de Dios
Desde hace más de 30 años, esta pastoral del duelo ha ayudado a miles de personas a atravesar el sufrimiento por la muerte de un ser querido. Es un método que nació en Argentina y que, en España, se aplica ya en 65 grupos repartidos en 23 diócesis
Jorge Megías ha pasado por muchos duelos, tantos como personas ha ayudado en los llamados grupos Resurrección. Este laico fue quien impulsó en España este método que puso en marcha en Argentina el camiliano Mateo Bautista García hace ya 33 años. Se trata de una pastoral del duelo, vivida en comunidad y con unos pasos específicos, que ya cuenta con unos 65 grupos en 23 diócesis españolas.
Jorge Megías primero pasó por su duelo. El de la muerte de su hija Irene, de 17 años, en tan solo seis días, a causa de una meningitis. Entonces, este ingeniero era agnóstico y ni siquiera estaba casado por la Iglesia. Junto a su mujer, Puri, intentó buscar un sentido a lo que estaban viviendo.
La respuesta, en un libro
Primero pasaron por un psiquiatra que, al menos, reconoció que la suya no era la ayuda que necesitaban. Luego, comenzaron a leer todo tipo de libros de espiritualidades e ideas varias. Hasta que llegaron a uno de C.S Lewis titulado Mero cristianismo. Su vida y la de su mujer dieron un giro copernicano.
Comenzaron a recibir catequesis, se casaron por la Iglesia… en definitiva, se encontraron con Dios. «Todo eso fue producto de la muerte de nuestra hija. Hicimos un duelo de la mano de Dios, directamente, sin grupo y sin nada, porque Dios empezó a enviarnos gracia, nos dimos cuenta y la recibimos», explica a Alfa y Omega. Y así, un día en una parroquia en Ciudad de México, donde vivían por entonces, Jorge leyó un cartel sobre un grupo de duelo Resurrección. «Y me dije: ‘El Señor me está pidiendo que yo me dedique a esto’». Volvieron a España y, en unos cinco años, han ayudado a que esta pastoral del duelo se extienda. Jorge es ahora el responsable en la diócesis de Getafe.
«Yo me he dado cuenta, desde que murió mi hija, que cuando tú tienes una desgracia, el Señor te inunda de gracia. Pero por el sufrimiento te cierras a la recepción de esa gracia y el Señor no puede sanarte porque no le dejas. Precisamente, lo que hace el grupo es ayudar a que te abras a ese Dios amor que quiere sanarte».
¿Qué se vive en estos grupos?
Suelen estar formados por diez dolientes, denominados así porque están sufriendo por la muerte de un ser querido y necesitan un acompañamiento para sanar ese sufrimiento. Cada grupo cuenta con uno o dos coordinadores. Son personas formadas para ello y que han atravesado un duelo y lo han superado gracias al método Resurrección. Antes de comenzar, cada doliente mantiene una entrevista personal con el coordinador. «Ven su caso y el doliente se desahoga. Eso ya empieza a establecer un vínculo emocional», detalla Jorge.
Resurrección tiene dos itinerarios. Uno de doce semanas y otro de treinta. Las reuniones son presenciales y también hay modalidad online. Son una a la semana y los grupos son heterogéneos, hasta tal punto de que hay dolientes que lo son desde hace pocos meses con otros cuyo duelo puede llevar años enquistado. «Si tú no haces algo para dominarlo, acaba dominándote a ti, se instala y echa raíces», subraya Megías. Hay muchos dolientes que combinan la ayuda psicológica con su asistencia al grupo. Pero a muchos «se les queda algo corto y necesitan algo más profundo y que la fe esté más presente».
La sorpresa de la indulgencia plenaria
Cada reunión gira en torno a un tema: el sentimiento de culpa, el perdón, el desapego o la vida después de la muerte. «Porque hay personas que aunque sean bautizadas y tengan fe, están despistadas con lo que es la muerte», añade. Por ejemplo, cuenta que a los dolientes les sorprende mucho el concepto de indulgencia plenaria. Porque llegan al grupo preguntándose qué habrá sido de su ser querido. Si quizá estará en el purgatorio, sufriendo. «Y les decimos: ‘¿Tú sabes que la Iglesia te da un superpoder que es el de sacar a tu ser querido del purgatorio y mandarlo al cielo y se llama indulgencia plenaria?’. Lo explicamos normalmente hacia el final del itinerario. No sabes la serenidad y la alegría que les da saberlo, les cambia la cara. Este es también un método de evangelización».
También hay deberes para casa como escribir una carta a tu ser querido o visionar los vídeos que forman parte del método elaborados por el padre Mateo. Aunque no todos los dolientes cumplen con la tarea o terminan el itinerario. Jorge reconoce que hay que querer y estar abierto a la gracia de Dios: «Hay muchos elementos en contra de la sanación de una persona. Pero, afortunadamente, hay tres tipos de recursos para sanar: los recursos personales, lo que tú tienes dentro de ti; los comunitarios, lo que los demás a tu alrededor pueden hacer para ayudarte a sanar; y el recurso de la gracia de Dios».
El sufrimiento como oportunidad
Jorge insiste en que hacer duelo, y hacerlo bien, es necesario porque «la muerte de alguien que tú has amado mucho, y que además sigues amando porque el amor es más fuerte que la muerte, hace que tu vida no pueda ser ser igual», abunda. Por eso, recomienda este proceso en Resurrección, un duelo de la mano de Dios. Tiene comprobado que, al final de un duelo bien hecho, el doliente se transforma en una persona más madura y más solidaria, hasta «con la necesidad de mitigar el sufrimiento de los demás».
Así, «la muerte del ser querido es educadora para tu vida y es una enorme oportunidad para hacer del sufrimiento crecimiento personal», concluye.
Desde los grupos Resurreción, dan cinco razones para llamar a la muerte por su nombre y no emplear eufemismos que, en muchas ocasiones, no ayudan a superar el sufrimiento.
- Porque un lenguaje claro produce un duelo sano.
- Porque se pierden los objetos, no las personas.
- Porque perdemos pertenencias, no seres queridos, que no fueron de nuestra propiedad. Son un regalo de Dios.
- Porque cuando algo se pierde no sabemos dónde está. Sin embargo, sí sabemos dónde está nuestro ser querido: está con Dios y en Dios.
- Porque la resurrección de Cristo nos ha liberado del peso de la muerte. No hay que temer y eso hace que un cristiano llame a la muerte, muerte.