HAM: la pregunta que nadie quiere hacerse. ¿Y si no conocemos toda la historia?  - Alfa y Omega

HAM: la pregunta que nadie quiere hacerse. ¿Y si no conocemos toda la historia? 

«Yo nunca viví nada de eso». Ese era también el argumento que me repetía. Y es verdad. No viví muchas de las cosas que hoy se denuncian. Pero un día comprendí que ese razonamiento tenía una trampa. No haber vivido algo no demuestra que no haya ocurrido

Anónimo
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Foto: Magnific.

Cuando hace un año leí en la prensa la lista de acusaciones contra las Hijas del Amor Misericordioso (HAM), reaccioné como todos: «Eso es imposible». «Es una persecución». «Los periodistas mienten». «El obispo tiene algo contra las HAM». «La Rota no conoce la realidad». 

Lo dije con total convicción. Porque conocía a las hermanas. Las había visto rezar. Las había visto servir. Las había visto sacrificarse. Las había visto entregar su vida por Cristo. Y precisamente por eso me parecía absurdo creer cualquier acusación

Hoy entiendo que ese razonamiento tenía un problema enorme. Confundía la apariencia de santidad e incluso los frutos espirituales, con la imposibilidad del abuso y la historia de la Iglesia demuestra justamente lo contrario. Los grandes abusos espirituales casi nunca nacen en comunidades que parecen malas. Nacen en comunidades que parecen extraordinariamente buenas. Porque, si fueran evidentemente perversas, nadie permanecería en ellas. 

«Si hay algo que corregir, que se corrija» 

Creo que hoy muy pocas personas cercanas a la comunidad sostienen que todo sea perfecto. La mayoría admite que puede haber errores: «Si la Iglesia dice que hay aspectos que mejorar, que se mejoren». «Si ha habido fallos de gobierno, que se corrijan». «Si alguna o algunas hermanas han actuado mal, que se les corrija también». 

Eso resulta asumible, pero lo que cuesta aceptar es algo muy distinto: que el problema no sea una suma de errores aislados, que no se trate únicamente de cuestiones organizativas, de formación o de gobierno. Que, si las investigaciones terminan confirmándolo, el problema sea mucho más profundo y afecte a la forma de ejercer la autoridad, de vivir la obediencia y de relacionarse con las personas. 

Aceptar esa posibilidad obliga a reinterpretar muchos años de experiencias. Y eso duele. 

«Yo nunca viví nada de eso» 

Ese era también el argumento que me repetía. «Yo nunca he visto nada raro». Y es verdad. No viví muchas de las cosas que hoy se denuncian. Pero un día comprendí que ese razonamiento tenía una trampa. No haber vivido algo no demuestra que no haya ocurrido. Ninguna persona ha conocido todos los rincones de una comunidad. Cada cual ha conocido una parte. 

Otras personas conocieron una realidad muy distinta. Precisamente por eso existen las investigaciones. Porque la verdad completa casi nunca coincide con la experiencia parcial de una sola persona. Quizá la experiencia que había vivido era verdadera, pero incompleta. 

Y aceptar esa posibilidad cambió por completo mi manera de mirar todo lo que estaba ocurriendo. 

La archidiócesis de Madrid decreta la supresión de las Hijas del Amor Misericordioso

La archidiócesis de Madrid decreta la supresión de las Hijas del Amor Misericordioso tras considerar inviable su continuidad tras un «prolongado y doloroso proceso de discernimiento eclesial». La institución recuerda que las personas que han formado parte de esta asociación «continúan perteneciendo plenamente a la Iglesia católica» y reitera su disponibilidad para acompañarlas pastoralmente.

Siempre había una explicación 

Durante años escuché la misma explicación cada vez que alguien abandonaba la comunidad hablando mal de ella. «Estaba desequilibrado». «Tenía problemas psicológicos». «No entendió la vocación». «Su familia le manipuló». «Buscaba hacer daño». 

Al principio esa explicación parece suficiente, incluso tranquiliza. Porque permite mantener intacta la imagen que tenemos de la comunidad. Pero con el tiempo surgió una pregunta muy sencilla: ¿Cuántas veces puede repetirse la misma explicación antes de que deje de ser convincente? 

Porque ya no hablamos de una sola persona, ni de dos. Son personas de edades distintas, épocas distintas en la Comunidad y entornos distintos. Muchas ni siquiera se conocían entre sí. Y, sin embargo, describen dinámicas sorprendentemente parecidas.  

¿Es razonable pensar que todas estaban confundidas? ¿Que todas mentían? ¿Que todas estaban desequilibradas? ¿Que todas las familias eran enemigas de la vocación religiosa? Puede ocurrir en algún caso, pero ¿en todos? 

La pregunta que lo cambió todo 

Hubo una pregunta que lo cambió todo: ¿Qué es más probable? ¿Que todas las personas que han denunciado abusos, junto con sus familias, estén equivocadas o mintiendo? ¿Que el cardenal tenga una especial aversión a las HAM? ¿Que los jueces de la Rota sean todos personas fácilmente engañables? O, por otro lado, ¿que quienes estábamos cerca de la comunidad simplemente no conociéramos toda la realidad

No es una pregunta cómoda, pero sí una pregunta honesta. Porque una cosa es no haber vivido personalmente determinadas situaciones. Y otra muy distinta es concluir que, por eso, esas situaciones no pudieron existir. 

No son solo titulares 

Durante mucho tiempo pensé que todo se reducía a una campaña de prensa. Pero después llegaron las actuaciones de la propia Iglesia. Ya no eran únicamente testimonios. Hay investigaciones canónicas, visitas oficiales y medidas extraordinarias. 

Eso no significa que todo lo publicado sea necesariamente cierto. Ni que toda acusación quede automáticamente demostrada. Pero sí significa que la Iglesia ha considerado que existen motivos suficientemente serios como para investigar y adoptar decisiones de gran alcance. Y eso merece ser tomado en serio. 

La comunidad y las hermanas 

Nada de esto significa que las hermanas sean malas personas, al contrario. Creo sinceramente que la gran mayoría de ellas son personas profundamente buenas, generosas y sinceramente entregadas a Dios. Precisamente por eso esta situación resulta tan dolorosa. 

Porque reconocer que puede haber una comunidad con dinámicas gravemente dañinas no implica pensar que todas las personas que viven dentro actúan con mala intención. 

Muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Las primeras víctimas de una estructura abusiva son personas que entraron buscando únicamente amar más a Cristo

Una invitación 

Este artículo no pretende condenar a nadie. Tampoco pretende que nadie crea ciegamente todo lo que se publica. Solo quiere hacer una invitación. No descartes automáticamente aquello que contradice la imagen que tienes de la comunidad. Yo también pensaba que era imposible. Yo también creía que todo podía explicarse por unos pocos errores o por personas resentidas. Hasta que comprendí que la realidad podía ser mucho más compleja de lo que jamás había imaginado. 

Buscar la verdad nunca es traicionar a una comunidad. Al contrario. Si una comunidad está edificada sobre Cristo, nunca tendrá nada que temer de la verdad. Dios nos bendiga a todos.