Los chavales de las parroquias pueden reforestar. Así sucedió en en Tres Cantos - Alfa y Omega

Los chavales de las parroquias pueden reforestar. Así sucedió en en Tres Cantos

Los niños de la escuela de ocio y tiempo libre Jeímaros, que se reúne en Santa María Madre de Dios, demuestran que la ecología integral se hace arremangándose

Rodrigo Moreno Quicios
El hijo de Nieves fue el primero en plantar su árbol sobre lo que el fuego quemó en 2025. Foto: Nieves López

El 11 de agosto del año pasado, Tres Cantos sufrió un grave incendio que acabó con la vida de una persona, arrasó cuatro viviendas y provocó numerosas pérdidas —también de 18 caballos— en las granjas a su alrededor. Una de ellas era una explotación apícola de una familia vinculada a la parroquia Santa María Madre de Dios «que siempre nos ha ayudado mucho con los campamentos de verano» y con la que sus feligreses se han solidarizado a lo largo del año ayudándola a su reconstrucción, nos cuenta Nieves López, profesora de la escuela de ocio y tiempo libre Jeímaros que se reúne en esta iglesia. De hecho, cuando la llamamos por teléfono, tiene que separarse del grupo de chavales al que está cuidando en ese momento para oírnos mejor.

«La finca la lleva una familia normal y humilde que trabaja con abejas y nos hemos volcado en lo que hemos podido», explica López. Casi un año después del desastre, nos narra que «poco a poco la han ido rehaciendo y una cosa que hemos hecho ha sido ir con niños a replantar árboles», apunta esta profesora de la escuela de ocio y tiempo libre. El primero, quien ilustra esta noticia, es su propio hijo. «Se nos ocurrió colaborar con esta familia que tiene mil trabajos, también con caballos, burros y gallinas, porque es una oportunidad para que los niños sepan de dónde viene la leche y los huevos, porque hoy parece que creen que proceden directamente del supermercado», desgrana López. La acción consistió en «ir a pasar una mañana con la familia, que nos explicó cómo hacer el agujero para plantar un árbol, qué abono había que echar, cómo pisar la tierra y regarlo».

Formar sin videojuegos

Nieves López nos explica que la escuela de ocio y tiempo libre Jeímaros debe su nombre a un antiguo canto de los primeros cristianos que habla «del torrente de agua viva que cae por la montaña». Y detalla que «plantea un símil con lo que somos todos los cristianos». Esta iniciativa cuenta con 25 profesores que, más allá de esta formación lúdica, en su vida profesional no se circunscriben por completo en la docencia sino que se dedican a todo tipo de actividades. «Somos tantos porque cada uno es especialista en lo suyo, por ejemplo, los primeros auxilios los imparte un pediatra».

Los niños de la escuela de ocio y tiempo libre Jeímaros plantaron pequeños árboles de invernadero. Foto: Nieves López

Esta feligresa recalca que esta iniciativa «está reglada», expide «un título oficial» a los aproximadamente 15 niños que cada año pasan por ella y anima a otras parroquias a seguir este camino porque «para crear una escuela de ocio y tiempo libre basta con dos personas». En su caso, «lo que nos une son las ganas de formar a los chavales para que gasten su tiempo en algo diferente a los videojuegos».

Por último, amplía que en Santa María Madre de Dios tienen varios proyectos y que los niños de Jeímaros colaboran estrechamente «con un grupo de Laudato Si que organiza muchas actividades». Por ejemplo, «cuando preparamos los campamentos, nos aconsejan con la gestión de los residuos o qué alimentos comprar para no generar más impacto del necesario».