«Cada cuatro años tiene lugar uno de los mayores acontecimientos de nuestro planeta. Para la mayoría de nosotros es fácil seguirlo; para otros no…». Con esa frase de los créditos de apertura arranca La gran final (2006), de Gerardo Olivares, una pequeña joya del cine español que, recién acabado el Mundial, merece una segunda vida. Puede verse gratis en RTVE Play y en Filmin bajo suscripción, dos plataformas desde las que redescubrir una película que demuestra que el fútbol puede ser mucho más que un espectáculo deportivo: es una medida de la condición humana.
La premisa es tan sencilla como brillante. Tres historias paralelas situadas en las montañas del Altái, en Mongolia; en el desierto del Sáhara, en Níger, y en la selva amazónica de Brasil, convergen en un mismo deseo: encontrar un televisor para ver la final del Mundial de 2002 entre Alemania y Brasil. A partir de ahí, Olivares construye una comedia de apariencia ligera que acaba revelándose como una profunda reflexión sobre la dignidad, la desigualdad y la universalidad de las ilusiones.
La presentación de los personajes es prodigiosa. En Mongolia sobresale el muchacho al que todos consideran tonto, salvo su abuela, que intuye una inteligencia distinta. Es ella quien pronuncia una de las frases más memorables del filme: «Asistiendo perpleja a la existencia un día más», toda una filosofía entre la profundidad y la ironía. La anciana, en mitad de la estepa, se convierte en la conciencia silenciosa de una película que observa sin juzgar y retrata con enorme delicadeza el perfil psicosocial de las comunidades autóctonas.
Olivares jamás convierte a sus protagonistas en estampas exóticas. En el Sáhara, un camión abarrotado atravesando la arena resume esa mirada: la cotidianidad puede ser tan pequeña como inmensa; tan trivial como conmovedora. Todo depende del lugar desde el que se contempla. Basta recordar al indígena encaramado a un árbol, adornado con plumas de colores, intentando captar la retransmisión del partido desde la única televisión que probablemente existe a decenas de kilómetros. También resulta impagable el comentario del tuareg: «Vamos con Alemania, lo dice el de la silla». Una broma que recuerda que incluso en los lugares más remotos existen jerarquías y clases sociales. Como también existe la picaresca de enganchar un cable para ver el partido.
Aunque el fútbol articula el relato, la verdadera protagonista es la naturaleza. Y resulta hermoso que ese sustantivo femenino adquiera semejante protagonismo precisamente en una cinta donde las mujeres apenas tienen voz pública, pero sostienen la vida cotidiana. Montañas, desierto y selva dejan de ser escenarios para convertirse en personajes. Olivares firma así una película humanista, divertida y emocionante, capaz de recordarnos que compartir un partido es una de las experiencias más universales.
Gerardo Olivares
España
2006
Comedia
Todos los públicos