Los santos que hicieron del deporte un camino hacia Dios
Mientras España se enfrenta esta noche a Francia en las semifinales del Mundial de fútbol con el sueño de alcanzar una nueva final, la Iglesia recuerda que el deporte no es solo competición. Desde el alpinista Pier Giorgio Frassati hasta el esquiador Juan Pablo II, varios santos encontraron en el esfuerzo físico una escuela de virtud, amistad y encuentro con Dios
España volverá a detenerse este martes a las 21:00 horas para seguir a la selección de Luis de la Fuente en su duelo frente a Francia por un puesto en la final del Mundial de 2026.
La pasión por el deporte forma parte de la vida cotidiana de millones de personas y también ha estado presente en la historia de la Iglesia. Lejos de considerar la actividad física como algo secundario, numerosos santos la entendieron como una escuela de disciplina, sacrificio, compañerismo y superación personal.
El ejemplo más conocido es el del santo Pier Giorgio Frassati, fallecido con solo 24 años y canonizado el pasado 7 de septiembre en Roma junto al joven Carlo Acutis. Apasionado del alpinismo, recorría los Alpes italianos convencido de que cada ascensión era también una forma de elevar el alma hacia Dios. Su lema, «Verso l’alto» («Hacia lo alto»), continúa inspirando hoy a miles de jóvenes montañeros.
También san Juan Pablo II fue un auténtico deportista. Practicó esquí, senderismo, montañismo, piragüismo, natación e incluso jugó al fútbol como portero durante su juventud. Ya siendo Papa siguió escapándose siempre que podía a la montaña para caminar o esquiar. Durante su pontificado defendió repetidamente que el deporte ayuda a educar en virtudes como la perseverancia, el respeto, la solidaridad y el dominio de uno mismo.
En la educación de los jóvenes destacó igualmente san Juan Bosco, que utilizó los juegos y el deporte como herramienta pedagógica en los oratorios salesianos. También san Felipe Neri fomentaba la actividad física y el juego entre los muchachos de Roma convencido de que la alegría era un camino privilegiado hacia Dios.
Aunque no fue un deportista en sentido moderno, san Pablo recurrió continuamente al lenguaje del atletismo para explicar la vida cristiana. Sus cartas comparan la fe con una carrera en la que importa perseverar hasta el final: «He combatido el buen combate, he terminado la carrera, he mantenido la fe».
A ellos se suma la figura de san Sebastián, patrón de numerosos deportistas y especialmente de los arqueros. Su fortaleza física, reflejada tradicionalmente en el arte, ha simbolizado durante siglos la resistencia y la fidelidad hasta el martirio.
León XIV: «El deporte enseña a perder sin odiar y a ganar sin humillar»
La visión cristiana del deporte ha vuelto además al primer plano con las palabras que pronunció León XIV durante el encuentro Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la economía y el deporte, celebrado recientemente durante su visita a Madrid. El Pontífice reivindicó el deporte como una auténtica escuela de convivencia, capaz de formar personas más allá del rendimiento o la competición.
«Permitidme dirigir finalmente vuestra atención a un mundo que, como sabéis, no me es ajeno: el del deporte. Pensemos cuántos de nosotros aprendimos el respeto por el adversario en un campo de juego más que escuchando un discurso. Cuántos deportistas nos enseñan a perder sin odiar, a ganar sin humillar o a levantarse después de caer», afirmó.
León XIV enlazó esta reflexión con uno de los grandes referentes del deporte en la historia reciente de la Iglesia, san Juan Pablo II, recordando unas palabras que hoy cobran especial actualidad: «En estos tiempos en que, por desgracia, diversas formas de violencia, y por lo tanto de odio, tienden a desgarrar nefastamente el tejido de la solidaridad social, vosotros [los deportistas] contribuís, por vuestra parte, a dar un testimonio luminoso de cohesión, de paz, de unión, en una palabra de “saber estar juntos”».
El Papa subrayó que este mensaje resulta «más actual y oportuno que cuando resonó por primera vez», especialmente en un contexto internacional marcado por la polarización y los conflictos. Precisamente por ello, añadió, el deporte sigue siendo uno de los lenguajes universales capaces de tender puentes entre personas y pueblos.
Muchos aficionados creen que san Mamés fue un deportista o incluso un patrón del fútbol. Sin embargo, la historia es muy distinta.
San Mamés fue un joven mártir cristiano del siglo III originario de Capadocia. Según la tradición, durante las persecuciones romanas fue arrojado a las fieras, pero un león no lo atacó y permaneció junto a él. Por eso la iconografía cristiana suele representarlo acompañado de este animal.
Siglos después, junto al lugar donde se levantó el primer campo del Athletic Club existía un asilo y una ermita dedicados a San Mamés. Cuando el estadio se inauguró en 1913 heredó ese nombre.
De ahí surgieron dos de los símbolos más conocidos del club bilbaíno. El estadio empezó a conocerse como La Catedral, por la devoción casi religiosa que despierta entre la afición, y los futbolistas pasaron a ser llamados los leones, en recuerdo del santo al que estaba dedicado aquel lugar.
San Mamés no fue futbolista ni patrón del deporte, pero su figura terminó dando identidad a uno de los clubes más emblemáticos del fútbol español y a uno de los apodos más famosos del deporte europeo.