17 de julio: santas mártires de Compiègne, las monjas «fanáticas» decapitadas en la guillotina - Alfa y Omega

17 de julio: santas mártires de Compiègne, las monjas «fanáticas» decapitadas en la guillotina

La Revolución francesa fue poco a poco estrechando el lazo sobre estas carmelitas que se ofrecieron «en holocausto» para que se restaurara «la paz en la Iglesia y en el Estado»

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Vidrieras en la iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en Norfolk.
Vidrieras en la iglesia de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en Norfolk. Foto: Wikimedia Commons / John Salmon.

«Me trae aquí el deseo de una vida heroica», dice Blanca, una joven aspirante a entrar en el carmelo de Compiègne. Este es el comienzo de Diálogos de Carmelitas, la obra de Georges Bernanos que cuenta de manera literaria uno de los más sangrantes episodios de la Revolución francesa, por el que 16 monjas carmelitas fueron arrancadas de su convento para ser decapitadas en el centro de París.

El carmelo de Compiègne, al norte de Francia, fue fundado en 1641, en la estela de la reforma de santa Teresa de Jesús que introdujo en Francia su gran discípula, Ana de Jesús. Las monjas llevaron aquí una existencia pacífica durante siglos, hasta que en 1789 estalló la Revolución. Antes de que acabara el año, el Gobierno revolucionario decretó la suspensión de los votos en los monasterios y la confiscación de bienes del clero, y en febrero de 1790 se suprimieron las órdenes religiosas en Francia. Monjas y monjes de todo el país fueron invitados a volver a sus casas, aunque no fueron obligados. En Compiègne, las carmelitas al completo decidieron quedarse y permanecer unidas, a la espera de acontecimientos. 

Sin embargo, la persecución no tardaría en desatarse, alentada por la caída de la monarquía en agosto de 1792. Un mes después, el 14 de septiembre, las carmelitas fueron expulsadas de su convento; era la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, una coincidencia que vivieron con alegría, antes de desperdigarse por grupos en distintas casas de familias de los alrededores.

Sin embargo, todas permanecieron en contacto y unidas en oración. Intuyendo la gravedad de lo que se avecinaba, la superiora de la comunidad, la madre Teresa de San Agustín, propuso a sus hermanas realizar un acto de consagración mediante el cual la comunidad se ofrecería «como holocausto» para que se restaurara «la paz en la Iglesia y en el Estado», un ofrecimiento que se haría realidad poco tiempo más tarde.

Contrarrevolucionarias

El 21 de enero de 1793, el rey Luis XVI murió guillotinado en París mientras la turba cantaba la Marsellesa. El temible Reinado del Terror liderado por Robespierre dio comienzo el 10 de junio del año siguiente, desatando una oleada de represión cada vez más brutal en todo el país. En Compiègne, las autoridades locales fueron acusadas de «moderación» en el nuevo entorno revolucionario, motivo por el cual las monjas hicieron el papel de chivo expiatorio: fueron detenidas el 22 de julio y llevadas a París para ser juzgadas en una pantomima que acabó acusándolas de «fanatismo» y de formar «sociedades secretas contrarrevolucionarias».

Encarceladas en el antiguo monasterio de la Visitación, testigos declararon que se las podía oír cantar salmos de madrugada, en una actitud festiva que se acentuó el 16 de julio, la memoria de Nuestra Señora del Carmen.

Al día siguiente, el 17 de julio de 1794, las llevaron a morir. Subidas a unas carretas, iban cantando himnos, «como si fueran a una boda», contó un testigo. Una multitud impresionada guardaba silencio al verlas llegar al cadalso cantando el Veni Creator. Antes de bajar, todas renovaron sus votos religiosos, mientras la superiora les dio a besar la cruz a cada una, su último gesto de cariño al Señor antes de morir en la guillotina. «Ahora todo es más claro y sencillo. No se trata más que de morir, ¡pero morir juntas!», decía dice la superiora de las monjas al final de la obra de Bernanos, mostrando su martirio «como el último oficio que rezaremos en comunidad».

El Terror concluyó súbitamente apenas diez días después, algo que muchos han visto como fruto de su martirio. La Francia católica les fue siempre devota, hasta que el Papa Francisco reconoció su santidad por la vía de la canonización equivalente en diciembre de 2024.

El calendario revolucionario

Las monjas fueron guillotinadas el 29 de mesidor del año II, según el calendario republicano ideado por los revolucionarios para romper con el orden del Antiguo Régimen. Su objetivo fue sustituir el calendario gregoriano, estrechamente asociado al cristianismo y a la monarquía, por un nuevo sistema que simbolizara el inicio de una nueva etapa política.

El punto de partida de esta nueva referencia temporal era la toma de la prisión de la Bastilla, que reemplazaba de este modo al nacimiento de Cristo. El calendario comprendía también una reorganización completa del año, con una nueva denominación y duración de los meses. Concretamente, mesidor era el nombre del décimo mes del calendario republicano, el primero de la estación veraniega, y comenzaba el 19 de junio para concluir el 18 de julio.

Su nombre, mesidor, se formuló a partir de una palabra creada a partir de dos vocablos, uno latino y otro griego, que unidos significarían «el don de la cosecha», en referencia a los trabajos agrícolas propios de este tiempo del año. Así, con su martirio en este mes, las monjas fueron cosechadas y dieron fruto para el cielo.