Monjas aprenden los trucos de cocina de Le Cordon Bleu

Monjas aprenden los trucos de la escuela de cocina Le Cordon Bleu

Contemplare organiza un curso en la prestigiosa escuela de cocina para contemplativas especializadas en repostería

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto de familia en la formación, con las clarisas de Salvatierra a la izquierda. Foto: Diócesis de Vitoria.
Foto de familia en la formación, con las clarisas de Salvatierra a la izquierda. Foto: Diócesis de Vitoria.

La Fundación Contemplare, que apoya a los monasterios de clausura de toda España para hacer viable y sostenible su día a día, ha organizado de la mano de la escuela de cocina Le Cordon Bleu un curso especial para afinar más los productos que estas monjas elaboran en sus obradores. Así, en esta edición, dos hermanas clarisas del convento alavés de Salvatierra, de la diócesis de Vitoria, han podido aprender nuevas técnicas para su afamada confitería. «Nuestro deseo es conservar la tradición, que siempre han caracterizado a nuestros dulces, pero también seguir aprendiendo para innovar y ofrecer lo mejor a nuestros amigos y clientes», afirma sor Inés Fernández de Quincoces, abadesa de la comunidad de clarisas, que envío a la formación a dos de sus hermanas.

¿Cómo ha sido la experiencia de participar en esta formación? 
—Ha sido una experiencia muy positiva, tanto por todo lo que hemos aprendido como por el trato recibido. Tanto la escuela Le Cordon Bleu como el equipo de Contemplare y el campus universitario donde se ha celebrado nos han acogido de maravilla. Se nota que todos quieren ayudar a la vida contemplativa y las hermanas han vuelto encantadas. 

Un momento de la formación en Le Cordon Bleu. Foto: Diócesis de Vitoria.
Un momento de la formación en Le Cordon Bleu. Foto: Diócesis de Vitoria.

¿Cómo surgió la posibilidad de participar? ¿Lo solicitaron ustedes o fueron invitadas? 
—Nos llamaron ellos. Este último año hemos colaborado con Contemplare porque elaboramos dulces, especialmente en Navidad, con diez variedades de turrones y también mazapanes. Nos pidieron productos para venderlos y promocionarlos. Gracias a ese contacto, un día nos llamaron por teléfono para invitarnos al curso y nos dijeron que podían asistir dos hermanas. 

Además, recientemente han recibido un reconocimiento por su trabajo. 
—Sí. La Academia Vasca de Gastronomía, que tiene carácter internacional, nos ha concedido un premio a nuestro mejor dulce. Estamos muy contentas porque es un reconocimiento al trabajo que hacemos. 

Aprender y abrir puertas

¿Qué han aprendido durante el curso? 
—Hemos aprendido varias recetas, aunque quizá eso no sea lo más importante. Algunas serán difíciles de incorporar a nuestro trabajo diario, pero nos llevamos muchos conocimientos técnicos, consejos y explicaciones muy útiles. Las hermanas hicieron muchas preguntas y, además, nos dijeron que cualquier duda que tengamos podremos consultarla con el equipo. El chef que impartió la formación nos atendió extraordinariamente bien. 

Más que aprender una receta concreta, lo importante es abrir puertas, adquirir nuevos conocimientos y saber que contamos con personas a las que podemos acudir cuando necesitemos orientación. 

¿Van a aplicar algo de lo aprendido a sus productos? 
—Iremos haciendo pruebas. Algunas elaboraciones nos gustaron mucho y queremos experimentar con ellas. Sin embargo, hay recetas que utilizan productos con una vida útil muy corta y eso dificulta su comercialización, sobre todo cuando hacemos envíos. Tendremos que estudiar cuáles se adaptan mejor a nuestra realidad. En cualquier caso, lo más valioso ha sido todo lo aprendido alrededor de las recetas y mantener el contacto con ellos. 

¿Cómo ve la situación de los monasterios que viven de la repostería en España? 
—Hay mucha diferencia entre las comunidades que están en una ciudad y las que vivimos en pueblos. En las ciudades es mucho más fácil vender todo lo que elaboran. En cambio, quienes estamos en zonas rurales dependemos mucho más de que la gente venga hasta el monasterio o de los pedidos. 

¿Cómo afrontan ustedes esa dificultad? 
—Hace años decidimos abrir una página web y enviar nuestros productos por transporte a toda la península. Eso nos ayuda mucho. De hecho, podríamos elaborar muchos más dulces durante el año, pero la demanda es la que marca el ritmo. Nuestro momento de mayor actividad es entre octubre y diciembre, cuando llega la campaña de Navidad. Entonces sí que trabajamos intensamente.