«Escucharnos, ese ha sido el gran regalo»: los jóvenes de Madrid ponen fin a la convivencia de Generación Esperanza - Alfa y Omega

«Escucharnos, ese ha sido el gran regalo»: los jóvenes de Madrid ponen fin a la convivencia de Generación Esperanza

Santiago Tedeschi Prades
Foto: Archimadrid.

La segunda edición de la convivencia de verano de Generación Esperanza llegó a su fin en Aguadulce tras varios días de formación, oración y convivencia entre seminaristas y jóvenes laicos de distintas parroquias y movimientos de la archidiócesis de Madrid. El encuentro reunió a 44 jóvenes en torno a un proyecto nacido del documento final del Sínodo, centrado en la transformación que necesitan los seminarios para incorporar la visión sinodal de la Iglesia actual, y contó con formaciones de María Lía Cervino, Monseñor Lucio Ruiz y José Luis Segovia sobre el Concilio Vaticano II, la encíclica Magnifica humanitas y la doctrina social de la Iglesia.

Al cierre de la convivencia, un momento de compartir final con todo el grupo ha permitido recoger nuevos testimonios que confirman y amplían esa experiencia.

«Escucharnos, ese ha sido el gran regalo»

Entre las intervenciones recogidas tras el compartir final destaca que el proyecto pastoral «es de todos» y requiere implicarse «desde el barro». Varios participantes coincidieron en señalar la escucha mutua como el mayor regalo recibido durante estos días.

Otros testimonios giraron en torno a la acción de gracias: por poder estar juntos, descansar y formarse en comunidad, con el Señor como «invitado principal y esencial» de la convivencia, y por comprobar que los jóvenes, lejos de la imagen de estar «perdidos», se implican y trabajan por la Iglesia. También se subrayó la esperanza de ver a jóvenes conscientes de que la misión de la Iglesia «es suya», y la importancia de crear vínculos, valorados incluso por encima de la propia formación recibida.

Una de las intervenciones planteó una pregunta que atravesó buena parte del compartir: ¿cómo seguir siendo humanos cuando otros pretenden dictar el futuro? Frente a ello, se defendió que la fragilidad no es un error que corregir, sino parte de la realidad a la que hay que estar atentos, junto a Dios, sin dejar que el caos tenga la última palabra.

Foto: Archimadrid.

Comunión, oración y misión

Varias intervenciones insistieron en tres palabras clave para describir lo vivido: comunión, oración y misión. Se subrayó la necesidad de los jóvenes y de la Iglesia de caminar juntos, aprendiendo unos de otros. En cuanto a la oración, varios testimonios destacaron la experiencia de encontrar siempre a alguien rezando durante estos días, y la llamada a preguntarse, tanto a nivel personal como eclesial, qué dice la Iglesia de sí misma. Sobre la misión, se recordó que la Iglesia de Madrid tiene un territorio con mucha gente dentro de él, y que esta no depende únicamente del sacerdote, sino de que cada joven no se quede en casa.

Otros testimonios agradecieron la oportunidad de descubrir que la vocación a la santidad «la compartimos todos», el compromiso de seguir ayudando a los hermanos heridos para que puedan perdonar, y la certeza de que la sinodalidad se impone como una necesidad para todos.

Se insistió también en la llamada a permanecer unidos a Cristo para que la Buena Noticia se extienda a todo el mundo, y en la importancia de conocer la doctrina social de la Iglesia para poder responder al mundo actual como «hombres de paz», recordando las palabras de León XIV: «La paz esté con vosotros».

El cardenal Cobo: «He visto ganas de ir tejiendo vínculos»

También el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, partició en los últimos días de la convivencia y compartió sus impresiones. A su juicio, el encuentro ha supuesto un ejercicio de atrevimiento por parte de un grupo diverso de jóvenes que en el futuro tendrán responsabilidades dentro de la pastoral diocesana, y que ahora aprenden a construir y a «cocrear juntos», no solo desde lo que ya conocen, sino desde los vínculos creados y desde la oración compartida.

Preguntado por cómo ve a los jóvenes de Madrid, el cardenal ha señalado que existe una gran sed de autenticidad entre quienes ya participan en la pastoral, junto a mucha gente alejada que observa a la Iglesia sin llegar a entenderla del todo. Ha subrayado que los jóvenes cuentan hoy con una gran capacidad de trabajo y con comunidades fuertes, aunque persisten grandes retos misioneros tanto para los más cercanos como para los más alejados, algo que —ha recordado— quedó también de manifiesto con la reciente visita del Papa.

A los jóvenes de Madrid, el arzobispo les ha pedido implicarse en la creación de espacios donde puedan hacerse responsables de la pastoral, confiando en que el Espíritu tiene también un proyecto propio para la gente joven y habla a través de ella. El reto, ha insistido, está en preguntarse continuamente qué pide el Espíritu a cada joven en el momento presente.

Foto: Archimadrid.

Testimonios de cara al Congreso de Pastoral con Jóvenes

Varias de las entrevistas recogidas al cierre de la convivencia enlazan ya con la preparación del Congreso de Pastoral con Jóvenes, previsto para febrero de 2027.

Serafín, colaborador en la DELEJU, ha subrayado como Aguadulce ha sido «una oportunidad para encontrarnos y compartir nuestra vida de fe, en un entorno que favorecía el trato cercano, sencillo y más personal […] Durante estos días, hemos tenido formaciones, se han hecho diversas dinámicas de grupo, hemos disfrutado de tardes en la playa donde han surgido conversaciones de lo más variadas, hemos animado juntos a la Selección Española en el mundial… sin olvidarnos, por supuesto, que Dios era el centro de esta convivencia, haciéndose presente especialmente en los momentos de oración y en la celebración de la Eucaristía». Si algo ha resonado estos días con fuerza en el corazón de todos es «el deseo de una verdadera comunión entre todos los jóvenes de Madrid» y todavía con los ecos de lo vivido en la visita del Papa León XIV a Madrid y con la vista puesta en proyectos futuros, «volvimos con el propósito de mayor compromiso y entrega por construir Iglesia en Madrid, queriendo también implicar a otros jóvenes en este deseo de sinodalidad y de vivir juntos la alegría del evangelio. Aguadulce es salir de la propia realidad, es escucha, es comunión».

Fray Diego ha señalado que esta semana ha supuesto para él una llamada a vivir su consagración y su carisma de forma abierta a toda la Iglesia, entendiendo que ese carisma es un don recibido para entregar, en la misma línea de apertura universal que recordó la reciente visita del Papa a Madrid, de quien se queda con la idea de que los jóvenes pueden cambiar la historia con el amor.

Julio, seminarista de segundo curso, resume lo vivido con una frase: «He visto a Cristo en cada uno de los jóvenes y lo que he oído es deseo, puro deseo». Explica que ese deseo se traduce en sed de comunión, de compartir y convivir, y de conocer cómo reza y adora a Dios cada persona según su propia experiencia y movimiento. Personalmente, asegura que estos días le han hecho volver a ser consciente de cuántos jóvenes están enamorados de Cristo, lo que ha reavivado en él el deseo de acompañarles y entregar su vida por la Iglesia.

Jorge, también seminarista de segundo curso, coincide en señalar una gran sed de Dios y de santidad entre los jóvenes, y apunta que de cara al Congreso convendría trabajar en cómo concretar esa búsqueda en la vida ordinaria de los jóvenes de Madrid. Entre las propuestas que más fuerza han tomado durante estos días, destaca la insistencia en la oración como punto de partida: «Pararse delante del Señor para que desde ahí se pueda hacer todo lo demás. Sin eso, el resto caerá».

Foto: Archimadrid.

María José Serna, de la parroquia Nuestra Señora de África, apunta que la sed de Cristo de los jóvenes de Madrid se traduce sobre todo en una necesidad de sentirse amados y de amar, un amor que muchas veces se ve limitado por distintas circunstancias. Espera que el Congreso sea ocasión no solo para dejarse amar, sino también para aprender a amar al hermano a través de la oración y la escucha activa, y que sirva para que más jóvenes conozcan y se enamoren de la Iglesia de Madrid, más allá del amor a Cristo que ya profesan.

Lucía Martínez, de la parroquia San Lucas Evangelista, espera que el Congreso sea un punto de encuentro entre jóvenes de realidades distintas y una ventana para reconocer aquello que duele y que a veces se prefiere no mirar.

Foto: Archimadrid.

Por su parte, Jorge, seminarista de tercer curso, señala que el trabajo ya iniciado en equipos apunta a un anhelo compartido: que Cristo «prenda fuego en Madrid en cada corazón», también en el trabajo, la universidad o los colegios. Su deseo es que los jóvenes regresen a casa llevando a Cristo consigo más allá de la parroquia, y que, como seminarista, pueda encontrar en el futuro comunidades verdaderamente enamoradas de Cristo.

Con este cierre, la convivencia de Generación Esperanza se despide dejando en sus participantes una experiencia de comunión, formación y descubrimiento vocacional que la archidiócesis de Madrid espera seguir cultivando de cara al Congreso de Pastoral con Jóvenes de febrero de 2027.