Lucio Ruiz: «Cada donación por un matrimonio se dedica íntegra a los pobres» - Alfa y Omega

Lucio Ruiz: «Cada donación por un matrimonio se dedica íntegra a los pobres»

Tras once años como secretario del Dicasterio para la Comunicación, este sacerdote argentino lo es ahora en el dedicado al Servicio de la Caridad

Rodrigo Moreno Quicios
El nuevo secretario desgranó la encíclica 'Magnifica humanitas' en Generación Esperanza.
El nuevo secretario desgranó la encíclica Magnifica humanitas en Generación Esperanza. Foto: Jóvenes Madrid.

—¿Cómo conoció su nombramiento en el Dicasterio para el Servicio de la Caridad?
—El Santo Padre, en una audiencia que tuvo con todos los secretarios [lo era entonces del Dicasterio para la Comunicación, N. d. R.], me llamó aparte y me pidió trabajar en el del Servicio de la Caridad si estaba disponible. Yo le dije: «Con todo el amor del mundo, estamos para servir a la Iglesia». La cuestión importante de nuestra vida como consagrados es estar disponibles. Saber el qué y el cómo siempre viene después.

—¿Cómo vivió la noticia?
—Con toda la alegría del mundo. Tras once años en el de Comunicación, el Papa me vuelve a confirmar y no tenía por qué volver a un dicasterio. Es normal que pidan un cambio de misión y es bueno para la institución que uno no permanezca tantos años. Para mí es una novedad lo que voy hacer, pero sé la importancia que el Papa Francisco le quiso dar —y hoy le da León XIV— cuando erigió la caridad como un dicasterio.

—¿Qué prioridades tienen?
—El dicasterio tiene horizontes muy grandes. Por una parte está la caridad local, lo que necesitan las parroquias. También está la caridad internacional, a la que se llega por las nunciaturas cuando suceden catástrofes como el terremoto de Venezuela. No se puede decir que una cosa tenga prioridad y la otra no. El dicasterio tiene sectores y cada uno tiene que ocuparse paralelamente. No puedes decirle a uno que no coma para darle al otro.

—¿De qué maneras se financia?
—Una de las fuentes son las bendiciones apostólicas. Cada vez que se pide una por un matrimonio o un bautizo, no se cobra, pero sí se pide una donación que se dedica al 100 % a los pobres. Va completamente íntegro y ahí adquiere valor la teología de la bendición, que tiene un brillo particular porque Dios bendice y el hombre se preocupa del hermano y lo que necesita.

—Este dicasterio es famoso por volcarse con Ucrania y Gaza.
—La lista de los lugares a los que ayuda es enorme. Y la organización que hay que hacer para buscar fondos y acompañar a las instituciones es muy estratégica. Gracias a Dios, la caridad es fuerte en el mundo. Buscamos impulsar a las instituciones que quieren hacer algo por las personas y darles un encaje institucional, como en una universidad o una fábrica, a través de enlaces internos. Es estratégico, pero es muy bonito.

—La gente alejada conoce su labor. ¿Siente la responsabilidad de presentarles a la Iglesia?
—Es importante mover la caridad de todos, no solo de los creyentes. Cuando alguien tiene hambre o dolor, es humano ayudar. Poder desarrollar el corazón de todas las personas es importante, pero también lo es dar un mensaje religioso y que ese «gracias» sea una manera de predicar la ternura de Dios a quien quiere ayudar más allá de su fe.

—¿Cómo ha vivido su participación en Generación Esperanza?
—Me impactó muchísimo la iniciativa. Juntar a jóvenes y seminaristas para formarse y compartir es una idea brillante que desarrolla una Iglesia sinodal donde laicos y clero trabajan juntos en un mismo amor y servicio, aunque cada cual viva su propia vocación. Así se maduran vocaciones, se superan prejuicios y distinciones.

Es la primera vez que conozco una experiencia así de varios días. Pude verlos en la formación y la oración, pero también en la diversión viviendo cada uno su ministerio de manera natural y me pareció una genialidad.