Riesgos sanitarios tras el terremoto en Venezuela: «Las próximas semanas serán decisivas»
Una médico especialista explica los principales riesgos sanitarios tras el terremoto en Venezuela: falta de agua potable, enfermedades infecciosas, atención a crónicos y salud mental
La emergencia en Venezuela entra en una crítica fase de riesgos sanitarios epidémicos y colapso en los sistemas de salud. Una semana después de la catástrofe, empieza a preocupar el riesgo inminente de brotes de enfermedades como el cólera o el dengue debido a la falta de agua potable. Cristina López, médico y directora del Departamento de Odontología y Biomedicina de la Universidad Europea de Andalucía, alerta de las consecuencias físicas y del severo trauma psicológico que se ciernen sobre la población.
—¿Cuáles son los principales riesgos sanitarios a los que se enfrenta Venezuela días después del terremoto?
—Cuando pensamos en un terremoto solemos fijarnos en los edificios derrumbados, las personas atrapadas bajo los escombros o los hospitales desbordados. Pero, desde el punto de vista sanitario, el verdadero reto empieza después de la emergencia inmediata. Venezuela afronta ahora una situación muy compleja, con más de 2.000 fallecidos y unos 11.000 heridos. Muchas personas se han quedado sin vivienda y viven al aire libre, mientras que numerosos hospitales han sufrido daños estructurales que reducen su capacidad asistencial. Ya no hablamos solo de los traumatismos provocados por el seísmo, sino de las consecuencias derivadas de la falta de agua potable, el deterioro del saneamiento y el hacinamiento de miles de personas, que genera condiciones de insalubridad.
Enfermedades infecciosas
—¿Por qué se insiste tanto en el acceso al agua potable?
—Porque tras el terremoto se han roto las redes de abastecimiento y el alcantarillado. Sin acceso a agua segura aumentan mucho los riesgos de enfermedades infecciosas. El agua contaminada y los alimentos en mal estado pueden provocar diarreas agudas y enfermedades como el cólera, que puede causar una deshidratación muy grave si no se trata a tiempo. Garantizar agua potable es, en estos momentos, la prioridad número uno desde el punto de vista de la salud pública.

—También ha mencionado el riesgo de dengue. ¿Cómo influye el terremoto en su propagación?
—El dengue no aparece por el terremoto en sí, sino por las condiciones que este genera. Al romperse las redes de agua se producen acumulaciones de agua estancada, que favorecen la proliferación de mosquitos transmisores de esta enfermedad. Además, Venezuela ya es una zona endémica para el dengue. Hablamos de una situación que obliga a mantener una vigilancia epidemiológica muy estrecha.
—¿Qué otros problemas sanitarios preocupan en estos momentos?
—La interrupción de los servicios básicos. El sistema sanitario ya sufría importantes carencias antes del terremoto y ahora el acceso a medicamentos es todavía más difícil. Se necesitan sueros, antisépticos, analgésicos, antihipertensivos y muchos otros tratamientos esenciales.
Además, no podemos olvidarnos de las personas con enfermedades crónicas, como diabetes, asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o patologías cardiovasculares. Estas personas necesitan un seguimiento continuo y, tras una catástrofe de estas dimensiones, ese seguimiento queda gravemente comprometido.
Impacto sobre la salud mental
—Más allá de la salud física, ¿qué consecuencias puede tener una tragedia así sobre la salud mental?
—El impacto psicológico es enorme. La Organización Mundial de la Salud insiste en que, tras una catástrofe de esta magnitud, la atención a la salud mental debe formar parte de la respuesta desde el primer momento. Muchas personas han perdido a familiares, sus viviendas y todas sus pertenencias. Han presenciado escenas muy traumáticas, con personas fallecidas o atrapadas bajo los escombros. Todo ello puede desencadenar ansiedad, insomnio, estrés agudo e incluso trastorno por estrés postraumático, por lo que es imprescindible ofrecer apoyo psicológico desde la fase inicial de la emergencia.

—¿Qué tipo de respuesta sanitaria requiere una situación como esta?
—Necesitamos una intervención multidisciplinar. No hacen falta únicamente médicos; también farmacéuticos, psicólogos, ingenieros, personal de emergencias, bomberos y fuerzas de seguridad. Además, desde el punto de vista epidemiológico, las dos o tres primeras semanas son decisivas. Es fundamental mantener una vigilancia activa para detectar cuanto antes cualquier incremento de enfermedades infecciosas. Si comienzan a aumentar significativamente los casos de diarrea, por ejemplo, podría ser el primer indicio de un brote de cólera. La respuesta debe combinar atención médica inmediata con medidas sólidas de salud pública.
—¿Complica aún más la situación el contexto previo del país?
—Sin duda. Venezuela ya partía antes del terremoto de una situación sanitaria y epidemiológica muy frágil. Eso hace que el riesgo de que aparezcan complicaciones sea mayor. Muchas personas no tienen acceso a agua potable, no pueden continuar el tratamiento de sus enfermedades crónicas y están expuestas a desarrollar infecciones. Por eso es imprescindible actuar con rapidez y reforzar tanto la asistencia sanitaria como las medidas de prevención y vigilancia epidemiológica.