Generación Esperanza los unió durante el curso y los llama a construir más
44 jóvenes —una mitad seminaristas y la otra agentes pastorales— han vuelto a reunirse en Aguadulce (Almería). Estos encuentros hacen que se motiven unos a otros para dinamizar la diócesis y tomen conciencia de que comparten misión
«Generación Esperanza para mí es una cosa bastante nueva. Me la presentaron a lo largo de este curso en el LAB, una formación que hago con la Delegación de Jóvenes, y mi novio y dos chicos de su parroquia me animaron a ir». Nos lo cuenta Lucía Martínez, de 23 años, quien se define como «uno de los fichajes de última hora» para esta convivencia que, del 1 al 5 de julio y por segundo año, ha reunido en Aguadulce (Almería) a 44 jóvenes para formarse por la mañana y crear lazos en la playa por la tarde. Una mitad exacta son seminaristas de la archidiócesis y la otra, veinteañeros con responsabilidad en los grupos de jóvenes de sus parroquias.
Martínez confiesa que «más o menos sabía que estas eran unas convivencias donde se trabajaría mucho la sinodalidad y habría formación y ratitos de oración». No en vano, han contado con ponencias de María Lía Zervino, miembro del Dicasterio para los Obispos; Lucio Ruiz, el nuevo secretario del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, o José Luis Segovia, vicario Pastoral de la archidiócesis. El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha presidido las Eucaristías y explicado las líneas pastorales para Madrid siguiendo los mensajes de León XIV. No obstante, lo que esta laica destaca es que «me he hecho amiga de mucha gente, también seminaristas». Puede parecer anecdótico, pero se trata de una meta clarísima que permitirá que en el futuro estos agentes pastorales tengan contacto estrecho con varios sacerdotes y ellos, a su vez, conozcan en detalle la vida de los laicos. Así, los unos convocarán a los otros cuando necesiten manos y aliados.

Lo ilustra a la perfección Pablo Herrera, seminarista de la archidiócesis, repetidor en esta cita y que, tras participar en julio del año pasado, movilizó a los agentes pastorales que allí conoció para organizar un coro para la peregrinación diocesana al Jubileo de los Jóvenes en Roma, un mes después. Esta pequeña iniciativa fue posible gracias «a una chica que coordinaba el grupo de jóvenes de su parroquia» y que supo convocarlos. «Estos vínculos dan frutos a la hora de trabajar juntos», presume Herrera. Reivindica la necesidad de «ir tejiendo redes en la diócesis» y apunta que, también a raíz de la experiencia de 2025, «muchos jóvenes han venido este curso a las adoraciones de los martes en el seminario».
Pablo Herrera subraya que durante este encuentro «en todo lo que hacemos Jesús está en el centro». Esto permite una conexión más profunda que la que viene de la mera diversión y «que podamos compartir entre nosotros utilizando el método de la conversación en el Espíritu». También se nota en que «rezábamos laudes juntos por la mañana» y vísperas por la tarde. A su juicio, sumar a más jóvenes a la liturgia de las horas «es algo muy bueno porque es la oración que hace toda la Iglesia y una forma muy bonita de estar unidos».
En el ocio también hay lazos
Eso sí, la formación y la oración se han combinado con el esparcimiento, con momentos en los que también ha participado con naturalidad el arzobispo. «Es verdad que los seminaristas estamos más acostumbrados a verlo, pero ha sido un gusto y una riqueza tenerle en este contexto y en el ambiente distendido por las noches después de cenar», opina Herrera. Subraya que «los jóvenes lo agradecen y es un acercamiento muy grande ver al obispo entre ellos». Martínez recalca que «te podías acercar a él con familiaridad» y, en el mejor de los sentidos, nos confía que «a veces perdías la sensación de que llevaba un título delante».
Almudena Porras, repetidora como Pablo Herrera, tiene 24 años y forma parte del consejo pastoral de la parroquia Santa Teresa Benedicta de la Cruz. También está convencida de que las convivencias del año pasado dieron frutos que se han visto durante todo este curso. Sin ir más lejos «nos juntamos con la parroquia de Nuestra Señora de la Paz para hacer juntos el curso de monitor de ocio y tiempo libre y en la visita del Papa se ha mantenido relación». Al igual que lo que Lucía nos contaba sobre la amistad, este reunirse para conseguir un título puede parecer menor, pero realizar actividades conjuntas entre las parroquias fue otro de los desafíos que se plantearon en 2025.

Por último, sin haberse coordinado en su respuesta, Lucía, Pablo y Almudena coinciden en su conclusión de estos días. «Necesitamos educarnos más porque los medios de comunicación nos desinforman mucho sobre temas importantes y necesitamos poder enseñar bien», dice la primera. «Los seminaristas tienen más conocimiento de teología, dan pie a conversaciones muy profundas y necesitamos más formación», dice la segunda. Y por alusiones, Herrera concluye que «se ha generado la conciencia de que somos corresponsables en la misión de la Iglesia y tenemos que hacerla llegar a nuestra realidad cotidiana y a nuestra parroquia».
«Vamos a coger las llamadas del Papa, a leer sus documentos y os invito a ver los retos que nos está lanzando», emplazó el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, al repasar con los asistentes a Generación Esperanza sus conclusiones. Aparte de llamarlos a «alzar la mirada», les pidió seguir «mirando a toda nuestra diócesis, a los que creen en la Resurrección y a los que no». También salir «hacia quienes más sufren», pues Madrid «tiene muchas ciudades dentro y hay realidades de dolor impresionantes». Y, por último, les lanzó una última llamada a «crecer en la identidad diocesana» para «saber que la Iglesia es más grande y que cuenta con nosotros».