1.000 días después, la guerra de Gaza no puede ser algo normal - Alfa y Omega

1.000 días después, la guerra de Gaza no puede ser algo normal

Nadie debería convencerse, todavía más si somos gente de fe, de que la guerra es inevitable. La diplomacia debe hablar más alto

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El 3 de julio se cumplieron 1.000 días de la guerra en Gaza. En Magnifica humanitas, León XIV habla de la normalización de la guerra. El texto recoge las palabras de Pablo VI ante la Asamblea de la ONU, donde hablaba de «conflictos de una ferocidad impresionante». Los más de 72.000 muertos, entre ellos 20.000 niños, y casi 172.000 heridos registrados en la Franja, son elementos que nos llevan a decir que estamos ante esa ferocidad de la que el Papa Montini hablaba hace más de 60 años. Aquel 4 de octubre de 1965 exclamaba: «¡Nunca más la guerra!». Adelantaba en sus palabras situaciones actuales cuando señalaba que los conflictos «a menudo han afectado masivamente a las poblaciones civiles, causando víctimas inocentes, oleadas de refugiados, desestabilización social y heridas de larga duración».

Más allá de ideologías que pretenden justificar todo tipo de atrocidad, es bueno recordar, como hace León XIV en su encíclica, la necesidad de tener la conciencia de «evitar a toda costa un nuevo conflicto mundial». La preocupación del actual Pontífice, como ya había pasado con su predecesor, es la «rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional, mientras se erosionan precisamente aquellos criterios éticos que habían limitado su uso».

Lo que está pasando en Gaza tiene que ver con la dignidad de la persona. Allí la cultura del poder ha enmudecido a la cultura de la fraternidad y el bien común. Una disyuntiva que resulta clave, todavía más si nos decimos cristianos. De hecho, León XIV subraya frente al uso de la fuerza que «la humanidad cuenta con instrumentos mucho más eficaces y capaces de promover la vida humana para afrontar los conflictos, como el diálogo, la diplomacia y el perdón», pues lo contrario, como una vez más nos muestra lo sucedido en Gaza, «siempre tiene consecuencias desastrosas para las poblaciones civiles». Nadie debería convencerse, todavía más si somos gente de fe, de que la guerra es inevitable. La diplomacia debe hablar más alto que cualquier tipo de interés.