El CRS pide ayuda para que Venezuela «pase de la supervivencia a la recuperación»

El CRS pide ayuda para que Venezuela «pase de la supervivencia a la recuperación»

El equivalente a Cáritas en EE. UU. está intentando llevar más personal a Venezuela y empieza a preparar un plan de acción a largo plazo

María Martínez López
Foto: CRS.

Una semana después del doblete sísmico que golpeó Venezuela el 24 de junio, «miles de familias duermen a la intemperie en parques, plazas y estadios porque sus casas han sido destruidas o ya no son seguras». Robyn Fieser, portavoz de Catholic Relief Services (CRS, la ONG de ayuda al desarrollo de la Iglesia en Estados Unidos, equivalente a Cáritas), describe la situación que están encontrando sobre el terreno sus trabajadores en Venezuela.

Este miércoles, las autoridades han elevado la cifra oficial de fallecidos a 2.295 y la de heridos a 11.267. Al mismo tiempo, «muchas familias no tienen acceso al agua potable de forma fiable porque los sistemas de conducción están dañados. Y el suministro de comida se ha visto interrumpido en algunas de las comunidades golpeadas con más fuerza».

En cuanto a la atención a las víctimas, «los hospitales están desbordados y la gente necesita atención médica de emergencia así como tratamiento para enfermedades crónicas». Por otro lado, hace falta «apoyo emocional mientras afrontan el trauma y la pérdida. La recuperación llevará tiempo y las familias van a necesitar apoyo continuo en las próximas semanas y meses», asegura Fieser.

¿Cuáles son las prioridades?

Pero más allá de la ayuda de emergencia, los venezolanos necesitarán «mucho apoyo cuando comiencen a reconstruir sus hogares, sus negocios y sus comunidades», asegura Fieser. «A muchas familias ya les costaba llegar a fin de mes» y «algunas no tenían ningún ingreso extra o ahorros». Una muestra más de cómo «los terremotos golpearon un país ya sometido a una presión enorme».

Ante este trágico panorama, «la Iglesia ha sido un salvavidas desde el principio. Cáritas Venezuela y las parroquias», tanto en Caracas como en La Guaira, «abrieron sus puertas casi de inmediato, ofreciendo refugio y comidas al tiempo que trabajaban para identificar las mayores necesidades», asegura la portavoz de CRS.

Con apoyo de la entidad estadounidense, han podido «repartir comida, agua potable, mantas; cosas que hagan que las personas se sientan seguras y menos solas». En este sentido, «también estamos haciendo que la salud mental sea una prioridad». Explica que «tras un acontecimiento traumático como este, es importante recordar que esta es tan importante como el bienestar físico».

Un plan a largo plazo

«Estamos intentando llevar más personal de emergencias al país para ayudar a expandir nuestro trabajo», explica Fieser. Además, mientras todavía se esfuerzan por cubrir las necesidades básicas de la población, «empezamos a trabajar en una respuesta a largo plazo».

No están solos. El portavoz de CRS aplaude la «tremenda respuesta» de la comunidad internacional. Por ejemplo, de los más de 40 países que han enviado equipos de mensaje y personal de emergencias o han prometido apoyo económico.

Y subraya que «lo mejor para los venezolanos es que eso continúe», más allá de esta «primera ola». Se trata de ayudar al país a pasar «de la supervivencia a la recuperación».

Secuestros, violencia y otros riesgos para la infancia

La ONG Plan Internacional ha señalado que en Venezuela miles de niñas y niños siguen enfrentándose a riesgos que van mucho más allá de la pérdida de sus hogares: separación familiar, interrupción educativa, impacto emocional y una mayor exposición a la violencia y al abuso en entornos de desplazamiento y hacinamiento. Por ello, esta y otras organizaciones humanitarias alertan de «la necesidad urgente de reforzar la protección de la infancia dentro de la respuesta».

«La infancia siempre está entre los grupos más vulnerables en una emergencia, pero las niñas y adolescentes afrontan riesgos adicionales. En los albergues, donde conviven muchas personas y faltan espacios diferenciados y privacidad, aumenta su exposición a distintas formas de violencia», explica G. García, de Plan International en Venezuela.

En uno de estos lugares «conocí a dos mujeres de una misma familia que se turnaban para descansar mientras cuidaban a los niños. Una de ellas me contó que a veces tiene miedo de quedarse dormida porque teme que se lleven a su hija», añade García.

Este temor coincide con las denuncias en redes sociales de varias familias sobre niños rescatados con vida que luego han desaparecido o se han entregado a adultos de forma irregular. Por ejemplo, el presidente de la ONG Foro Penal, Gonzalo Himiob, confirmó el caso de Amaia Landaeta Machado, de 6 años. Según la publicación venezolana El Diario, fue rescatada con vida el mismo día de los seísmos y trasladada a un puesto de control provisional. Desde allí se afirma que fue derivada a un hospital de Caracas, pero no consta su ingreso en ninguno público.

UNICEF ha instado al Estado a implementar un sistema técnico de identificación, registro y reunificación familiar para evitar que el caos de la emergencia facilite delitos contra la infancia.