Un sacerdote muere de un tiro en Centroáfrica. «No sabemos si intentó mediar o fue una bala perdida»
El obispo emérito de Bangassou, Juan José Aguirre, explica lo que se sabe de la muerte de Crépin Martial Monga el lunes y el difícil traslado del cadáver en moto para poder enterrarlo
Cuando la pasada madrugada el cuerpo de Crépin Martial Monga llegó a la sede de la diócesis de Bangassou, «estaba tan deteriorado que el obispo, Aurelio Gazzera, decidió celebrar el entierro lo antes posible». El obispo emérito de esta diócesis, Juan José Aguirre, explica así por qué la ceremonia está teniendo lugar «ahora mismo, mientras hablamos», en la mañana de este miércoles. Monga, de 36 años, era el vicario de San Juan Bautista en Zémio y había coordinado el Comité Local para la Paz y la Reconciliación de Zémio (CLPR), un organismo para mediar entre las comunidades y las autoridades.
Fue asesinado a última hora del lunes en la parroquia. Aguirre explica que ese día llegaron hasta la misión católica los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Centroafricanas (FACA) y los miembros del Africa Corps, el grupo de mercenarios organizado por Rusia y heredero del Grupo Wagner. En medio de la confusión, el sacerdote recibió un balazo. «No sabemos si intentó mediar entre ellos o fue una bala perdida».
El difícil traslado del cuerpo
«Lo llevaron ensangrentado a la iglesia y allí murió», relata Aguirre, emérito de Bangassou desde la semana pasada y él mismo promotor de iniciativas para mediar entre los bandos enfrentados durante la guerra civil en el país. Durante horas «no pudieron hacer nada por la agitación» que todavía reinaba. Por fin, a las cinco de la madrugada del marte, «entraron unas mujeres a lavarlo».
Zémio está a 300 kilómetros de Bangassou. «Los primeros 100 solo se podían hacer en moto», porque además es temporada de lluvias «y está todo embarrado», relata Aguirre. «Iba una persona conduciendo la moto, el cuerpo de Crépin con las piernas abiertas entre los dos y atrás otra persona abrazándolo». Además, por las malas condiciones del camino, «tuvieron un pinchazo, se cayeron y hubo que volver a subirlo…».
Al llegar a un río que había que cruzar en barco y donde les esperaban Gazzera para continuar el trayecto en coche, aunque «la enfermera de la misión le aplicó formol y trató de cuidarlo», el deterioro ya era grande. Tras otros 200 kilómetros, ya más fáciles de recorrer, «llegaron a Bangassou a las dos de la madrugada» de la noche del martes al miércoles.
¿Qué pasa en Zémio?
Zémio está en la región de Haut-Mbomou, que ocupa el extremo oriental del país. En concreto, esta localidad está pegada a su frontera sur, que linda con la República Democrática del Congo.
El obispo emérito de Bangassou explica que «desde que yo llegué al país hace más de 40 años, la región está muy abandonada», entre otras razones por lo remoto de su localización. «La gente está muy desmotivada y ha habido muchas revueltas». Por ejemplo, hace cuatro años «una revuelta de jóvenes secuestró a cuatro personas, que siguen» desaparecidas.
La inestabilidad hizo que bastantes personas hayan ido abandonando sus hogares para buscar refugio bien en Zémio, en la misión católica, o bien al otro lado de la frontera. «Casi 20.000 personas se han ido ya a la República Democrática del Congo», estima Aguirre.
En este contexto, surgieron dos grupos, la FAPA y mercenarios vinculados al Africa Corps. Estos últimos «están en el país para pacificarlo a cambio de acceso a las minas de oro y diamantes», recuerda Aguirre. «Pero en vez de unirse para liberar a los secuestrados empezaron a enfrentarse entre sí». Fueron estos combates los que, el lunes, se cobraron la vida del padre Monga.