Edoardo Leo: «Esta cinta me deja la voluntad de centrar la atención en momentos profundos»
Tras interpretar a un padre con alzhéimer precoz, este actor italiano se confiesa impactado por la sensación de que «el cariño no vuelve a ti» y reclama ayudas para las familias
Conocido por títulos como Perfectos desconocidos, Edoardo Leo se enfrenta en Cosas que no olvidaré a uno de los retos interpretativos más delicados de su carrera. La película llega a los cines el 3 de julio con una historia inspirada en hechos reales que aborda el alzhéimer precoz desde una mirada profundamente humana, alejada de los convencionalismos del drama. Para construir a Paolo, un hombre que afronta la enfermedad en plena madurez, Leo recurrió tanto a una intensa labor de documentación como a la experiencia vivida junto a su abuela. En esta conversación reflexiona sobre la memoria, el trabajo del actor y la capacidad del cine para generar conciencia sin renunciar a la emoción.
—Paolo empieza a perder recuerdos, pero el filme propone una cuestión más profunda: ¿qué queda cuando la memoria empieza a desaparecer? ¿Cuál es la respuesta personal que le ha dejado este personaje?
—Lo que queda son los lazos afectivos, cosas que no se pueden medir con la duración del tiempo, sino con su profundidad. A mí, personalmente, me ha dejado esta voluntad de centrar la atención en momentos importantes y profundos de mi vida. Porque, de todos modos, los recuerdos se difuminarán también en las personas que no padecen alzhéimer. Es algo que nos atañe a todo el mundo.
—De cara a interpretar a Paolo, ¿cómo se preparó para confrontar la experiencia de quienes viven un alzhéimer de aparición temprana sin caer en estereotipos o en el sentimentalismo?
—El primer paso fue observar todos los vídeos que tenía a mi disposición: vídeos verdaderos de Paolo que existen online, muchos vídeos. Paolo está vivo, es una persona viva. Decidí no encontrarme con él porque se encuentra en una situación en la que no me hubiese reconocido. Y el segundo paso fue buscar en mi memoria, porque mi abuela padeció alzhéimer de joven. Fue una mezcla de un trabajo hecho con un material original y también con mis recuerdos personales.
—Ha interpretado personajes muy distintos a lo largo de su carrera, desde en comedias como Perfectos desconocidos hasta dramas de gran carga emocional. ¿Qué experiencias anteriores le ayudaron especialmente a construir a Paolo?
—En realidad, es mi formación teatral la que más se acerca a un personaje de este tipo. He tenido la suerte de tener éxito con la comedia en Italia y también me ha ido bien con las películas en la que he trabajado, que han tenido éxito en taquilla.
Este tipo de películas, como Cosas que no olvidaré, es el que más valoro, porque tratan sobre la vida: tenemos drama, también una parte de comedia y una parte sentimental. Para mí esta película es, paradójicamente, una comedia, no es un drama.
—La cinta muestra que la enfermedad afecta no solo a quien la padece, sino también a toda la familia. ¿Qué ha aprendido sobre el amor, el cuidado y la vulnerabilidad al rodar esta historia?
—Yo me reuní con la mujer de Paolo, hablé con ella varias veces; también con sus hijos. Y he entendido que tienes que ser una especie de héroe diario para cuidar y amar a alguien que en un momento determinado te deja de reconocer. Creo que la sensación de que el cariño es unidireccional, que no vuelve a ti, debe de ser una sensación horrorosa. Además, he sabido que estas familias reciben muy pocas ayudas del Estado, ni sanitarias ni de ningún tipo.
En este caso, y en casos parecidos a este, espero que el cine pueda ayudar a concienciarnos sobre esta enfermedad, a sensibilizar. Esperemos que alguna asociación encuentre, con esta película, la fuerza para mostrarles a los que nos gobiernan que hay que hacer hincapié en ciertos temas.
—Por último, ¿con qué propósito le gustaría que se quedara el espectador después de ver esta película?
—Yo creo que las películas no tienen que dejar propósitos o enseñanzas didácticas o morales de ningún tipo. Creo que la forma más grande de aprendizaje que nos brinda el cine es un aprendizaje emocional. Lo más bonito que puede acontecer en la sala con una película como esta es que el espectador pueda volver a su casa, mirar a sus hijos y pensar: «¿Sabéis quién soy?».