Fernando y Myriam preguntaron al Papa: «Me dio la sensación de hablar con un sacerdote más»
Alfa y Omega charla con dos de los jóvenes que charlaron con León XIV. Implicados en sus parroquias y en actividades de la Delegación de Jóvenes, destacan la naturalidad de la conversación y cómo sus preguntas representan las inquietudes de los jóvenes
—¿Cómo fue la experiencia de poder hacer una pregunta al Papa?
—Fernando Conde-Pumpido: Fue muy profunda, un regalazo. El momento fue muy natural. El Papa estuvo cercanísimo con nosotros y nos respondió muy bien, además de preguntarme por mi matrimonio. Hizo bromas y hubo mucha complicidad. Se notaba que quería estar allí con nosotros.
Pero lo más especial fue el momento de oración, todos juntos, estar yo rezando al Señor y verle a él de fondo también rezar y ver la relación de cercanía y de profundidad que tiene con el Señor. Eso fue lo que me llevé del día.
—Myriam Más: Fue muy emocionante. Lo que más me impresionó fue la normalidad que tiene. Cuando recibimos al papamóvil estaba supernerviosa y no sabía qué hacer. Pero fue sentarnos en el sofá y por el clima que se creó era como si estuviera en casa. Me dio la impresión de estar hablando con un sacerdote más. Actuaba como si lo fuera, o esa impresión me daba, dentro de que es el Papa y tiene un cargo muy importante. Sabe la responsabilidad que tiene y que la gente le quiere un montón y que para ellos él es importante. Pero a la hora de hablar me transmitió mucha calma. También me impactaron esos momentos de dejar el guion al lado un momento y conectar con la gente, como cuando dio la enhorabuena a Fernando.
Y fue bonito que leyera y se quedara con los carteles que tenía la gente abajo, como uno que ponía «nos casamos el 13». A veces cuando vas a este tipo de cosas, dices «pue si el Papa ni me va a ver o no le voy a importar». Pero él tiene presente a todo el mundo.

—Myriam, preguntó al Papa sobre cómo distinguir la voz de Dios. ¿Con qué se quedan de sus respuestas?
—M. M.: Con los puntos que dio, concretamente con el de que Dios conoce tu voz. Que no tenemos que dejar de hablar al Señor porque Él sabe lo que deseamos, dentro de que luego nos lleva por donde quiere. Todavía no lo he procesado todo porque es como si estuviera viviendo como en un sueño, pero me quedé muy contenta y muy ilusionada, la verdad.
—¿Quiénes son estos jóvenes que hablaron con el Santo Padre?
—F. C.-P.: Soy Fernando, estoy recién casado con Alba (en octubre del año pasado), y tanto mi mujer como yo somos catequistas de unos 50 o 60 jóvenes de 16 a 24 en una parroquia del sur de Madrid, Virgen de la Fuensanta. Yo llevo en ella toda la vida y Alba nueve años. Allí nos conocimos. Nuestros grupos de jóvenes no tienen como fin la Confirmación, que se produce en paralelo: cuando están maduros, no al llegar a una determinada edad. El fin no es recibir este sacramento sino que vayan aprendiendo a crecer en la fe y como personas y a insertarse en la vida comunitaria.
—M.M.: Yo soy Myriam, de 20 años, estudio 3º de Terapia Ocupacional. Vivo la fe en la parroquia Santa Teresa de Jesús, de Tres Cantos, y soy voluntaria de la Delegación de Jóvenes para cosas como la Javierada o el Jubileo; o aunque vaya de peregrina siempre estoy pendiente si se necesita algo. En la parroquia Voy al grupo de jóvenes que se reúne los domingos después de Misa de ocho y soy catequista de los niños de Confirmación. Desde que he podido he sido monitora y catequista. Me gusta mucho trabajar con los niños porque creo que también uno aprende mucho de ellos.
—¿Cómo llegaron a entre los que se dirigieron al Santo Padre?
—F.C.-P.: Por un poco de suerte y por mucho cariño de las personas que me rodean. Mi mujer y yo estamos terminando un curso que propuso la diócesis, Lab Madrid, con otras 20 o 30 personas. Se trata de un itinerario de dos años de formación para agentes pastorales de jóvenes tanto en temas puramente religiosos, doctrinales y morales, como en liderazgo. Dentro de la segunda parte, que está orientada a los dos temas que más le interesan a cada uno, cogimos moral y catequética.
—¿Y cómo conecta esto con su papel en la vigilia con jóvenes?
—F. C.-P.: Nuestro arzobispo tenía mucho interés en el Lab porque cree que puede dar mucho impulso a las parroquias. Cuando se planteó la venida del Papa, estaba muy interesado en que los que habíamos estado participando tuviéramos un papel más protagonista, tanto por la implicación ahora ahí como por la futura que vamos a tener en las parroquias. Un día a eso de las diez de la noche recibí una llamada: «¿Te gustaría hacerle una pregunta al Papa?». Cuando hablé con los responsables, me dijeron que habían intentado que hubiera una representación de todas las realidades de la Iglesia.

—M. M.: Mi caso fue igual. Cuando me lo dijeron me quedé en shock. Ya tenía mi función: iba a ser voluntaria en la vigilia y en la Misa. Pero me dijeron que habían estado pensando en distintas personas y que creían que yo podía ser una buena opción para representar a los jóvenes de Madrid.
No sabía ni qué hacer ni qué decir. Sentí un agradecimiento muy grande y la ilusión de que hubieran pensado en mí. Pero también vértigo de ver que habían pensado en mí. ¡Las dos cosas! Pero me da más vergüenza y vértigo el pensar que no voy en representación de Myriam, sino en representación de los jóvenes de Madrid y de los jóvenes en general, que el estar delante del Papa.
—En realidad, cada pregunta da voz a muchas personas.
—F. C.-P.: Viene de una consulta que se hizo entre las parroquias de Madrid. Escucharon las inquietudes que tenían los jóvenes y eligieron las que más se repetían.
—M. M.: Querían que las preguntas que hiciéramos realmente representaran las inquietudes de los jóvenes.
—Fernando, preguntó qué visión y qué misión tiene el Papa para los jóvenes. Como joven y catequista de jóvenes, ¿se identifica con esta cuestión?
—F. C.-P.: Estoy muy contento porque es la pregunta que probablemente le habría hecho yo. Con 30 años, estoy en el límite entre ser joven y no serlo, pero sobre todo por mis chicos de catequesis. ¿Cuál es el sueño del Papa, y de Dios, para ellos? ¿En qué dirección tienen que trabajar, no solo como misión en la Iglesia sino por ellos mismos, por su futuro y su vida?
Al final, la Iglesia es parte del mundo, como la encarnación de Cristo aquí. Cuando le pregunté por el papel de los jóvenes en la Iglesia, en el fondo lo estaba por el su papel en nuestra época.
—¿Los muchachos a los que da catequesis se hacen esa pregunta?
—F. C.-P.: A lo mejor no con esas palabras, pero sí que es verdad que en esta generación en general todos tienen mucha sed de verdad, de identidad y de encontrar su sitio en el mundo, de ser de quien verdad ellos son. La pregunta está muy alineada con esa búsqueda porque lo que les ha respondido el Papa puede ayudarlos a encontrar su identidad, es quien de verdad les va a resonar y quién va a poder ser quien los ayude a responder.
—Y sus amigos, Myriam, ¿cómo han vivido la visita del Papa?
—Los que son de parroquia con mucha ilusión y ganas, era un momento único. Y la gente que a lo mejor no cree y no practica también con mucha curiosidad. Sabe que yo suelo estar de voluntaria en estas cosas y me pregunta: qué es, por qué hay tanto revuelo. No he visto que la conversación diera tanto de sí como para invitarlos, pero indirectamente como iba a estar de voluntaria sí les decía cosas como «a ver si me ves en la tele».