Rozalén: «La música es una herramienta maravillosa para para facilitar el diálogo»
La cantante Rozalén cantará en el Movistar Arena durante el encuentro Tejer redes. «Va a haber gente muy distinta de muchos lados y precisamente creo que es lo que más se necesita en estos momentos»
«Cuando se canta en una plaza en un pueblo», donde «todos saben cómo piensa cada uno» y sin embargo se abrazan, «las diferencias desaparecen». Esto es lo que lleva a María de los Ángeles del Carmelo Rozalén Ortuño, Rozalén, a asegurar que «la música es maravillosa». Esta cantante y compositora albaceteña será, junto con Antonio Banderas o Sara Baras, una de las voces que actúe en el Movistar Arena durante el encuentro Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte.
—¿Qué supone para usted y su familia cantar ante el Papa León XIV en su primera visita a nuestro país y en un evento, además, que busca tejer redes entre la Iglesia y la sociedad civil?
—Para mí es un honor que sacerdotes amigos me hayan pedido tenerme ahí para cantar una canción que además eligieron ellos. Además, llamaron primero a casa a mi madre, que yo no sé ni cómo, en vez de llamar a nuestra oficina. Imagínate la ilusión con la que me llamó ella.
Yo, inevitablemente, pienso lo que hubiera sido para mi padre el ver que su hija canta para el Papa. Él fue sacerdote diez años, se secularizó porque se enamoró de mi madre. ¡Qué fuerte! ¿Qué habrás movido por ahí arriba para tenerme ahí? Ya solamente el hecho de estar ante una de las personas más influyentes del mundo, precisamente en un evento que lo que intenta es tender puentes, para mí es un privilegio y una suerte. Voy a cantar con toda el alma. Vamos, como siempre hago.
—Si pudiera hablar cinco minutos a solas con León XIV, ¿qué le preguntaría?
—Uy, seguro que con cinco minutos no tendría suficiente. Igual que cuando hablo con muchos amigos sacerdotes o con hermanas. Yo soy muy curiosa, digo con mucho amor todo lo que pienso, pregunto muchísimo. Creo que primero le agradecería la posición antibelicista que está tomando en este momento, o cómo está incitando a que la gente se ponga en la piel de quien tiene que emigrar. Esos dos puntos sí creo que son muy de agradecer.
Luego sí que le preguntaría qué pasos seguiría dando la Iglesia para ser más plural e inclusiva. Por ejemplo, entre tantísimas cosas.

—¿Por qué eligió precisamente Y busqué para este momento?
—Como he dicho, me ha sido impuesta. Y me encanta porque ya muchas veces muchos amigos sacerdotes me habían dicho que la usaban para retiros espirituales, para oraciones. Es verdad que es superintrospectiva. La inspiración real fue la subida a un templo mexicano, Tepozteco, en Tepoztlán.
Dice que vas buscando con tus dudas, con los obstáculos de la vida, que buscas y buscas, que muchas veces no le encuentras sentido a nada. Y que al final la respuesta siempre la sueles tener dentro de ti, cuando tienes el tiempo y la calma. Todo esto tiene que ver mucho con la meditación, con la espiritualidad, con la oración. Me parece guay que me hayan pedido esa canción. Ojalá sea también como un punto de tejer conciencia colectiva en estos tiempos convulsos.
—La canción habla de búsqueda. ¿Qué sigue buscando Rozalén a estas alturas de su carrera?
—La vida siempre es una eterna búsqueda. Y conforme vas creciendo cada vez tienes más dudas, más preguntas. Pero sí es verdad que vas teniendo algunas cosas claras. En los últimos años me he dado cuenta de que lo más importante que tengo tiene que ver con lo pequeño, con la raíz, con la gente que te quiere. En vez de tener tanta ambición o fijarte en lo material, lo único importante es cuidar lo emocional y a la gente que tienes cerquita y lejos. Todos los días me pregunto qué hago aquí. Y hacia dónde quiero ir.
—Este acto reúne a artistas, deportistas, empresarios y sindicatos. ¿Qué papel puede jugar la cultura para acercar mundos que a veces parecen enfrentados?
—Es de las cosas que más me gustan de este evento. Va a haber gente muy distinta de muchos lados y precisamente creo que es lo que más se necesita en estos momentos, que parece que tiene que ser todo o blanco o negro o que si piensas de una manera no te puedes mover de ahí o no puedes tener en cuenta la variedad de grises o de colores.
Precisamente hace falta mucho más diálogo, mucho más mirarnos a los ojos y ver tantísimo que nos une en vez de estar todo el rato muy pendientes de todo lo que nos separa. Encima a través de la cultura y del arte, que siempre he dicho que me parece uno de los medios más amables para decir algo, igual que el humor.
Tengo mucha suerte de poder dedicarme a algo que en realidad es como una herramienta maravillosa para hacer reflexionar o para facilitar el diálogo. Muchas veces lo pienso con las verbenas de los pueblos, o con el folclore que tanto me gusta: cuando se canta en una plaza en un pueblo, ahí las diferencias desaparecen. A través de las canciones, todos nos unimos de verdad ante el baile y ante el cante. Eso hay que valorarlo y cuidarlo, hay que cuidar la cultura.
—En tiempos de tanta polarización, ¿la música sigue siendo un lugar de encuentro?
—Totalmente. Yo que soy de un pueblo muy chico, en la verbena que todos saben cómo piensa cada uno, si cree o no cree. Y es de los pocos lugares donde uno se abraza cantando con el diferente y te quieres por encima de todo. La música es maravillosa. Menos mal que la tenemos.
—Ha contado que es hija de un sacerdote. ¿Cómo ha influido eso en su manera de entender la espiritualidad?
—Es que mi padre era de otro planeta. Me gusta que quien lo conoció se me acerque para contarme historias de él y lo buena gente que era. [Cuando murió en el funeral] lo pusimos con el ataúd mirando al pueblo, como a los sacerdotes. Era algo muy como era él. Pertenece a un tiempo en el que era una figura tan importante en los pueblos. No solo cuidaba la espiritualidad y la fe de la gente, sino que era el que se ocupaba de hacer las obras de teatro, las ligas de fútbol. Acompañaba la vendimia cuando se iban a Francia a trabajar.
Tenía mucho que ver con lo social, con la justicia social. Siempre me hablaba de sus referentes, como Óscar Romero. Me hablaba de la teología de la liberación. Me decía que para él no tenía sentido que la iglesia estuviese al lado del poder. Tenía como una manera de ver las cosas muy coherente con la figura de Jesucristo, decía que siempre había que mirar por el pobre, por los demás; que antes de quererte a ti, tenías que querer a los demás.

Con eso siempre discutía, debatíamos con amor. Yo siempre decía que hay que cuidarse a uno mismo para poder querer a los demás. Y él siempre decía primero el resto. Siempre los demás por delante. Siempre humildad. Siempre no tener en cuenta lo material. Siempre el espíritu por delante. Aunque él y yo pensábamos diferente sobre muchísimas cosas, yo tengo mucho de él. Mucho, mucho, mucho. Y ojalá tuviese más.
—¿Qué canción de su repertorio le recomendaría a León XIV, teniendo en cuenta que uno de los pilares de su pontificado es hablar de paz, después de Y busqué?
—Cualquiera de mis canciones tiene una base de amor y de paz, sinceramente. También las cosas más duras que reivindico, como [la lucha contra] la violencia hacia las mujeres o la memoria.
Todo tiene una base muy amorosa y basada mucho en la justicia. Creo que cualquier canción la entendería y me comprendería. Pero la primera que me ha venido a la cabeza es La cara amable del mundo, que es la que le escribí a mi sobrino. Ahí totalmente se ven los valores que a mí me gusta compartir o que tengo como bandera en mi vida. Esa me gustaría que escuchara.
—¿Le emociona más la dimensión histórica del acto o la humana?
—Yo estoy pensando todo el rato en la humana, evidentemente. Pero supongo que cuando pasen los años, cuando ojalá yo llegue a viejita y haga como una recopilación de todas las cosas que me han pasado —que ya son muchas y muy fuertes—, cuando diga «mira, yo canté para el Papa León XIV», ahí sabré valorar también la dimensión histórica. Pero siempre lo humano por delante.
—¿Qué red le gustaría ayudar a tejer con su música en los próximos años?
—Ahora que estoy en ese parón, que estoy escribiendo ya mucho, componiendo, leyendo, estoy como muy obsesionada con esa manera de intentar ser mediadora; de intentar rebajar los humos y —sin perder evidentemente los ideales y la esencia y el sentido de justicia— que fuésemos muchísimo más capaces de tender puentes, de querernos de otra manera, de querer al diferente, de entenderlo.