A nadie de los que circulamos estos días por las calles de Madrid se nos escapa que la llegada del Papa es inminente. La visita de León XIV se palpa en el ambiente, su rostro y las alusiones a su persona aparecen en cada esquina y eso provoca sentimientos positivos en la gran mayoría de los que habitamos este cruce de caminos que es la capital de España.
Sentirse en casa
Una visita de todos, pues son miles las personas que se han empeñado en arrimar el hombro para que la estancia del Santo Padre y quienes vengan a su encuentro se sientan en casa. Ese hacer sentirse en casa es algo muy propio de esta ciudad de brazos abiertos.
Para que todo funcione, mucha gente, la mayoría voluntarios, lleva semanas haciendo todo lo que puede, inclusive más de lo que puede. Gente que le ha quitado tiempo a su ocio, a su familia, a sus hobbies…, para hacer lo necesario para concretar la visita. La gran mayoría quedará en los bastidores, inclusive algunos no verán al Papa, o lo harán desde muy lejos, pero en su rostro se dibujará una expresión de satisfacción, de deber cumplido.
No podemos ignorar que, sin lo micro, sin lo pequeño, lo macro no llega a buen puerto. La familia que acogerá a un peregrino, quien ha estado limpiando los salones de la parroquia para que esos peregrinos puedan extender su colchoneta, el que informa a la salida de una estación de tren o de autobús… Todos harán posible la visita.
Ayudar nos humaniza
Una actitud que genera sentimiento de gratitud y de que es posible seguir creyendo en la humanidad. No olvidemos que lo gratuito, nuestra disposición espontanea para ayudar a quien nos necesita, es lo que nos hace humanos. Y estas son oportunidades para comprobar que eso continúa siendo algo real.
Pero también es una visita a todos, no solo a los católicos practicantes. En una agenda llena de actos y encuentros, públicos y privados, León XIV aprovechará su visita para hacer aquello que el ser Papa le demanda: ser pontífice, constructor de puentes. Puentes que se construyen a través del diálogo, de la cultura del encuentro, y buscar así aquello que nos une con quienes tenemos a nuestro lado, que será más o menos, pero siempre será algo.
Multitud de encuentros
Autoridades civiles, políticos de distintas opciones políticas y religiosas, gente de la calle, inclusive personas que profesan otros credos, jóvenes de los más variopinto, católicos practicantes, sus hermanos Agustinos, representantes de una sociedad y de un universo cultural cada vez más diverso, multirracial y multicultural, obispos, gente de parroquia, voluntarios, y tantos que, sin aparecer en la agenda oficial, ocuparán el tiempo y la atención del Santo Padre.
Llega el Papa de la escucha, de la paz, de la unidad, llega León XIV para disfrutar de una visita preparada por todos. Viene para encontrarse con cada uno de nosotros, contigo y conmigo, porque los encuentros verdaderos no siempre dependen de la proximidad física, a veces entrar en juego otros elementos, que en principio no pensábamos que estarían ahí, pero que después se volvieron decisivos. ¡Bienvenido León XIV!