«Tremendamente ilusionados» por ir a CEDIA
Enfermos, migrantes, víctimas de trata o personas con discapacidad serán los primeros en reunirse con León XIV en CEDIA la tarde del sábado. Los acompañan 92 entidades de la pastoral social de la Iglesia en Madrid
«Quién les iba a decir que estarían con el Papa». Alicia Monjas describe así la emoción de dos supervivientes de trata a las que, como voluntaria de la Fundación Amaranta de las Adoratrices, está previsto que acompañe al encuentro con León XIV en el centro CEDIA 24 Horas, de Cáritas diocesana de Madrid, en la tarde de este sábado. Muchas de ellas llegan tras haber sido identificadas en distintos contextos de explotación y derivadas a recursos especializados, como la casa de la fundación. Allí, explica Monjas, la prioridad inicial es garantizar su seguridad y que puedan sentirse protegidas.
Luego, «la mayoría inician un itinerario de regularización», aprenden el idioma, se forman y encuentran trabajo. Posteriormente muchas pasan a un piso tutelado como paso previo a la independencia. Algunas, en esta etapa, «se convierten en apoyo para otras mujeres» en situaciones similares. «Cuando les habla alguien que ha pasado por lo mismo, tiene mucho más valor»; más aún si es en su idioma o desde su misma cultura. Las asistentes a CEDIA se han seleccionado dentro de este grupo porque ya no requieren tanta protección y, según los responsables del programa, «están en condiciones de transmitir un mensaje de esperanza y empoderamiento, que es el que se quiere hacer llegar al Papa».
En total, estarán en CEDIA 92 delegaciones y organismos diocesanos, congregaciones y entidades de la pastoral social. El Santo Padre tendrá un encuentro con sus usuarios y acompañantes, y luego bendecirá brevemente a sus representantes. Allí estará Gerardo Dueñas, subdelegado de Pastoral de la Salud de la archidiócesis, con algunos enfermos. Han buscado a personas con dolencias graves crónicas pero no hospitalizadas. Esta decisión logística les permite además dar protagonismo a la vertiente menos visible pero «fundamental y principal» de la pastoral de la salud, que es la atención cotidiana, en casas y residencias, desde las parroquias.
Junto a la delegación, habrá entidades y congregaciones con un carisma cercano. Por ejemplo, los Hermanos de San Juan de Dios han buscado a sus protagonistas entre los usuarios con discapacidad intelectual de la Fundación Instituto San José, que preside el cardenal José Cobo y en la que participan el Arzobispado y esta congregación. Los acompañarán Pascal Ramos, director pedagógico de esta área; Diego González, del Servicio de Atención Espiritual y Religiosa; y una colaboradora del programa de Protección Internacional. Agradecidos, Ramos y González subrayan que «acudimos en nombre de a quienes servimos cada día y de toda la Familia Hospitalaria, llevando con nosotros las historias, la fe y la esperanza de tantos a las que la orden acompaña». Esperan que sea «un momento profundamente transformador. El Papa sabe escuchar, consolar y recordar que Dios no se olvida de nadie, especialmente de quienes viven situaciones de fragilidad o vulnerabilidad». Este acto «nos recuerda que la fe se fortalece cuando alguien nos mira con misericordia, y eso es lo que el Santo Padre hace con los más frágiles».

Irán también dos residentes del Centro Asistencial San Camilo. Francisco Javier Rodríguez, su director, considera «un tremendo orgullo» acudir a lo que «considero el acto central de la visita del Papa. En él está manifestando lo que es la esencia del Evangelio de Jesús, la preferencia por las personas pobres, frágiles y vulnerables». Y si para él es así, «no te quiero decir para nuestros residentes. Están tremendamente ilusionados» de que León XIV «quiera tener un encuentro con ellos». Para José Carlos Bermejo, provincial en España y Argentina, la presencia de tantas entidades «es expresión de comunión dentro de la Iglesia, donde hay múltiples carismas» y «la caridad se expresa de diferentes maneras».
Para Inmaculada Martín, que el primer acto eclesial del Pontífice en Madrid sea este significa que «se quiere poner el foco en cuestiones como la pobreza, las migraciones o la exclusión». Esto «supone un aliento» para el Servicio Capuchino al Desarrollo (SERCADE), que «tiene en su ADN la cercanía y la acogida a las personas más vulnerables». Lo representará como coordinadora de su Casa Boza, para migrantes jóvenes. Esta oportunidad los anima a «reforzar nuestro carisma de vivir en fraternidad con todas las criaturas, especialmente con las que viven en los márgenes». Estar allí envía a las personas de sus distintos proyectos a las que acompañará «un mensaje de dignidad y reconocimiento que me parece muy importante en nuestro mundo», por parte de una «Iglesia atenta», que mira «todos los ángulos de la realidad» y no «quiere que nadie se quede fuera» sino escuchar y acoger a todos. Personalmente como creyente, «supone una renovación de mis valores franciscanos. Espero que sea un momento de fuerza, de sentido y aliento para cada día».