En este coro se canta cuando el habla falla
El Coro Afínate, de la asociación Afasia Activa, ofrece un espacio rehabilitador lleno de amor para ayudar a crecer y mejorar a personas con afasia, un trastorno del lenguaje que en muchos casos se produce tras un ictus
Se nota que Sagrario tiene muchas ganas de hablar, pero no puede. Por su boca sale un sonido similar a «ante», que repite con distintas entonaciones. Consigue decir su nombre, pero el resto queda en un continuo «ante». Sagrario tiene afasia como secuela de un ictus. Se trata de una alteración o pérdida total del lenguaje provocada por un daño en el cerebro. El ictus es una de las causas de este trastorno. Muchas personas con esta dolencia saben lo que quieren decir, pero no consiguen verbalizarlo. Sagrario es uno de los casos más extremos. Y, sin embargo, canta.
«Algunas personas no hablan nada y cantan», confirma Esperanza Ochaita, que también tiene afasia tras un ictus. Las dos son parte del madrileño Coro Afínate, compuesto por personas con afasia y acompañantes (maridos y mujeres de los afásicos).
A un ritmo más pausado del habitual, Paloma Blanco de Córdova, con la misma secuela por idénticas causas, explica que tienen afectado el lado izquierdo del cerebro, que es el del lenguaje, pero el derecho lo tienen bien; y ese es el de cantar. «Ves a los compañeros cantar y te quedas alucinada», cuenta Lili Solís, que comparte el mal de sus compañeras.
Este coro forma parte de la asociación Afasia Activa, que fundó y preside Paloma. Es un lugar pensado para que las personas con esta dolencia sigan creciendo y mejorando cuando reciben el alta hospitalaria. Lili, Esperanza y Paloma han mejorado mucho gracias, entre otras cosas, a la cantidad de actividades que han realizado y realizan. Una de ellas es el coro, pero en la asociación también hay pintura, teatro, juegos, lectura, logopedia, etc. Estas propuestas pensadas y dirigidas para personas con esta dificultad han sido determinantes en la mejora que han vivido. Por eso hoy pueden responder a nuestras preguntas.
«Nos cuesta hablar, pero cantar es fluido», explica Lili. «No hay que pensarlo», añade Esperanza, «y a la gente le hace mucha ilusión». A Lili le falta tiempo para añadir: «Cuando cantas te olvidas, te entregas. Hemos dejado un poco fuera todos nuestros problemas». Comparten que cuando el coro empezó era un desastre. Con los años han mejorado mucho y están muy orgullosas. «Ves la evolución de todos», dice Paloma. «Me siento feliz, salgo del coro con otro ánimo». En su repertorio tienen canciones como Madrid o El reloj. También suelen cantar Mi gran noche, de Raphael, en los conciertos que ofrecen una vez al trimestre.
El coro las ayuda con la entonación, la memoria, la concentración, «que con la afasia va por libre también», señala Paloma. «No es una terapia, es un coro estándar. Pero Yasel, nuestro director, tiene en cuenta los problemas que tenemos cada uno».

En el local de ensayo hay bastones y una silla de ruedas que recuerdan las secuelas físicas que también puede dejar un ictus u otro tipo de accidente. Paloma, por ejemplo, tiene problemas de movilidad. Mientras me fijo en sillas y bastones, Lili me coge del brazo y me dice: «entramos en un mundo mágico». Son unas 20 personas las que ensayan cada jueves. Sagrario no habla, pero no le quito ojo de encima y canta todas las canciones. Con un boli va siguiendo cada línea de la letra de la canción.
Mientras las veo cantar pienso en lo que me ha dicho Esperanza: «Fue mi hija quien contactó con la asociación porque yo estaba hecha polvo. Lloraba y me costaba, me costaba muchísimo». Definen el coro y la asociación como un espacio seguro. La paciencia y el tiempo rigen las formas de hacer. «A mí la afasia me ha bajado la autoestima, no tenía confianza. Aquí todos teníamos el mismo problema y por eso no nos vamos a sentir tan mal», explica Lili. «El profesor Yasel nos hace sentir bien y me ha dado fuerzas para seguir. Al momento de cantar ves a las compañeras tan felices, nos damos confianza». Esperanza y Paloma miran emocionadas a Lili. «Tiramos unos de otros», completa Paloma. «Nos apoyamos, vamos todos a una».
El ensayo dura casi dos horas. Se lo toman muy en serio. Hoy los dirige Flavia, la mujer de Yasel. No quiere que me vaya sin dejar claro lo mucho que se esfuerzan y las ganas que le ponen. Mientras ella me cuenta, el coro se gira porque mañana es el cumple de uno de sus miembros: 93 años. Mientras le cantan el Cumpleaños feliz, empiezan a circular pastas y bombones para celebrarlo.
Cuando terminan de cantar forman pequeños grupos para charlar. Lili habla con una compañera que le pide el favor de que mañana la acompañe al médico, a lo que Lili responde con una sonrisa y un abrazo. Paloma me da en el hombro, tiene que irse. No puede caminar deprisa, así que no puede demorarse más si quiere llegar a su siguiente actividad: entrenamiento para preparar el Camino de Santiago que hará en junio un grupo de Afasia Activa. «Y no te olvides de que el espíritu de la asociación es que no nos sintamos inútiles», me dice con una sonrisa al despedirse.