Los salesianos desafían al miedo y reabren sus escuelas en Sudán - Alfa y Omega

Los salesianos desafían al miedo y reabren sus escuelas en Sudán

Hasta que puedan regresar a Jartum los religiosos, tres cristianos locales coordinan la labor de dos colegios, que cuentan con el apoyo de Misiones Salesianas

María Martínez López
La vuelta al cole, donde pueden comer, es motivo de alegría para los niños a pesar del miedo y el trauma.
La vuelta al cole, donde pueden comer, es motivo de alegría para los niños a pesar del miedo y el trauma. Foto: Misiones Salesianas.

Cuando en abril de 2023 estalló la guerra en Sudán, el centro de los salesianos en Kalakala —zona muy poblada al sur de Jartum, la capital—, donde tenían una parroquia, dos escuelas y una casa de salesianas, se vio inmerso en pleno frente entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés). «La casa de las religiosas daba a una carretera donde había constantes ataques», narra la cooperante Ara Tena Sánchez, coordinadora de Misiones Salesianas para Sudán del Sur pero que trabaja con todos los proyectos de la ONG en la provincia salesiana de África del Este. Al principio el conflicto golpeó con dureza a la capital, donde los religiosos tenían además una escuela de formación profesional. Algunos tuvieron abandonar el país inmediatamente por seguridad. Los que se quedaron, estuvieron bloqueados en la capital hasta el julio siguiente, cuando por fin se consiguió evacuarlos. «Uno de ellos, indio, estaba tan débil que se fue directamente a su país y estuvo ingresado» hasta que se recuperó. El año pasado volvió a África, pero a Sudán del Sur.

Sudán
Población:

53 millones.

Guerra:

14 millones de desplazados y refugiados, según la ONU. No hay datos fiables de muertes.

En esta nación vecina, no exenta de dificultades, viven buena parte de ellos. Ninguno ha vuelto aún, y hasta hace muy poco todos sus proyectos en Jartum, además de otras tres escuelas y de un centro de formación profesional en Kordofán, han estado cerrados. «Entre ellos se respiran bastantes ganas de regresar. Hablan con mucho cariño de Jartum y la vida que tenían», comparte Tena. «Están viendo la mejor manera de hacerlo». 

Mientras llega ese momento, en febrero decidieron reabrir dos de las escuelas de la zona de Kalakala, aunque fuera con los recursos mínimos, para llegar a 1.500 niños y niñas. En ausencia de los religiosos, están al frente de ellas y del personal tres colaboradores locales, cristianos. Como ya había pasado la mitad del curso, el formato es similar a un programa de vacaciones hasta septiembre; aunque «intentando tener clases regladas para recuperar al menos algo de estos tres años de formación que han perdido», explica la cooperante. Otra prioridad es la alimentación de los alumnos: «Muchas veces es lo único que comen en el día», por lo que además de ser una ayuda humanitaria básica funciona como incentivo.

Maestros locales dan clase en centros dañados por la guerra.
Maestros locales dan clase en centros dañados por la guerra. Foto: Misiones Salesianas.

Para ello, cuentan con el apoyo de Misiones Salesianas. Su campaña incluye los alimentos, el material escolar y los arreglos imprescindibles en los centros. «Todos están dañados», describe Tena, pero las dos escuelas son habitables. En el futuro, hará falta una reconstrucción a fondo, pero «no creemos que tenga sentido hasta que no acabe el conflicto». Aunque el Ejército controla la ciudad desde hace un año y el Gobierno «está intentando recuperar la normalidad» y persuadir a las ONG y las congregaciones religiosas para que regresen a la capital, «sigue habiendo miedo a que vuelvan las RSF». 

Además, «mucha gente no se siente preparada para regresar a Jartum porque no tienen los medios para vivir. Tanto el sector público como el privado están paralizados». Incluido muchos de los colegios estatales. A pesar de las dudas y el temor, los salesianos «consideraron que había pasado ya un tiempo prudencial» para retomar unas clases que no son solo un elemento esencial de la rutina infantil. En este contexto representan un antídoto clave para prevenir el trabajo infantil, el reclutamiento de niños soldado o el matrimonio precoz. Por eso, están acogiendo a muchachos nuevos, «sobre todo entre los que pudieran estar en una situación de más vulnerabilidad». 

Datos

1.500 niños y niñas quieren los salesianos que vuelvan a sus escuelas en Jartum.

549 alumnos participan ya en los programas de vacaciones de ambos centros.

Ocho profesores trabajan en cada colegio, además de tres empleados y dos guardias

«Las familias lo viven como algo muy positivo, una esperanza de que poco a poco “vamos a recuperar nuestra vida”, dicen». Sin embargo, la alegría convive en los pequeños con «el miedo y la inseguridad constantes», que en cada edad se manifiestan de formas diferentes. «Han sido tres años de pérdida de su infancia, y al final se nota», señala Tena. A medio plazo, la intención de los religiosos es crear un servicio de sanación del trauma para los niños y sus familias. 

También parte de los profesores son nuevos, en sustitución de los que no están en la ciudad. «Ganamos todos, porque al final es un empleo para personas en una situación grande de vulnerabilidad», abunda la cooperante. En este empeño, han contado con el apoyo de las autoridades, las Iglesias y entidades que valoran su pedagogía. Más lejana de momento parece la reapertura de la escuela técnica de Kordofán. Esta región «está muy afectada por el conflicto» y es una de las cuatro del país donde hay hambruna.