El Papa pide al Espíritu Santo que «nos salve del mal de la guerra» y «nos sane del flagelo del pecado» - Alfa y Omega

El Papa pide al Espíritu Santo que «nos salve del mal de la guerra» y «nos sane del flagelo del pecado»

Durante su homilía en la fiesta de Pentecostés, el Santo Padre ha vinculado la paz al perdón y ha llamado a los fieles a transparentar el soplo del Espíritu «en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud».

José Calderero de Aldecoa
El Papa durante la Misa de Pentecostés. Foto: Vatican Media.

El Papa León XIV ha madrugado esta mañana para celebrar la Misa en la solemnidad de Pentecostés. La Eucaristía ha tenido lugar en la basílica de San Pedro, a las 10:00 h., pero las palabras que se han pronunciado allí han dado la vuelta al mundo.

«Queridos hermanos, con corazón ardiente, pidamos hoy que el espíritu del resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor», ha dicho el Pontífice sin especificar ningún país concreto.

Asimismo, el Santo Padre ha pedido oraciones para que el Señor «libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible». Y ha añadido: «Pidámosle que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús. Esta es la gracia que infunde valentía a los apóstoles; que lo infunda también a nosotros, hoy y siempre, por intercesión de María».

Paz, misión y verdad

Más allá del contexto internacional, el Pontífice ha centrado su homilía en tres claves –paz, misión y verdad-, emanadas de aquel momento histórico en el que los discípulos estaban encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos. Entonces, entra Jesús y «sopla sobre los discípulos dándoles el Espíritu Santo», ha rememorado León XIV. Así, «el lugar de la cena y de la traición se transforma y, de sepulcro de los apóstoles, se convierte para toda la Iglesia en fuente de resurrección».

El primer aspecto en el que se ha detenido el Papa ha sido la paz, la cual ha vinculado al perdón y que es difundida por el Espíritu Santo en todo el mundo. «Esta paz viene del perdón y nos lleva al perdón; comienza con el perdón que da el mismo Jesús, traicionado por nosotros, condenado y crucificado».

Si queremos paz, hemos de pedir perdón. Y también ha hablado de perdonar -los pecados-, Se trata de «una obra divina, porque solo Dios puede perdonar los pecados», pero que se la ha confiado a la Iglesia.

De leproso a apóstol

Para hablar de la misión, el Santo Padre ha vuelto al cenáculo. Allí los apóstoles reciben el Espíritu Santo y pasan del encierro a dar a la humanidad una palabra de salvación. Nosotros, según el Papa, estamos llamados a hacer lo mismo con nuestra propia vida. Somos protagonistas del Evangelio, no solo guardianes, y esto «se expresa en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud».

Pero el protagonismo no deriva de nuestros méritos, ni se trata de un privilegio, sino que es «por la palabra del Señor, que santifica al pecador, sana al leproso, convierte a quien ha renegado de él en un apóstol».

Por último, León XIV ha hablado de la verdad. Concretamente, ha asegurado que «el Paráclito nos defiende de todo lo que impide este entendimiento: de los prejuicios, de las hipocresías y de las modas que apagan la luz del Evangelio». Y ha añadido: «La verdad que Dios nos da sigue siendo así palabra liberadora para todos los pueblos, mensaje que transforma cada cultura desde dentro».