Madrid necesitaba 10.000 voluntarios para la visita del Papa León XIV, pero finalmente han sido 16.800 quienes harán todo lo posible para que el Pontífice y aquellos que vengan a su encuentro se sientan en casa: jóvenes, adultos, jubilados, familias, profesionales de diversos ámbitos… Una gran diversidad de edades, profesiones, habilidades, carismas.
Reconocimiento a la dedicación
Todos trabajarán voluntariamente para que este viaje sea un éxito. Y a todos ellos, es de bien nacidos ser agradecidos, los recibirá el Papa en uno de los pabellones de IFEMA poco antes de subirse al avión que le llevará a Barcelona en la mañana del 9 de junio de 2026. Un encuentro en el que, de alguna manera, los voluntarios verán premiado su esfuerzo con el reconocimiento de aquel a quienes han decidido servir.
Y es que el voluntariado es una manera ponerse a disposición de quien te necesita. Una forma de entender la vida muy presente en el día a día de la Iglesia católica. De hecho, sin ese trabajo voluntario nuestra Iglesia difícilmente conseguiría realizar muchas de las labores que lleva a cabo.
En la catequesis, en la liturgia, en la dimensión socio-caritativa, en la administración… Cuando alguien se acerca a los diversos espacios eclesiales, pero sobre todo a las parroquias, se depara con ese enjambre de voluntarios que donan su vida. Muchas veces de forma callada, a veces sin un reconocimiento expreso. De ahí la importancia de este encuentro, el único de este tipo en la agenda oficial de esta visita.
Al servicio de la Iglesia
Un ser voluntario que, desde un punto de vista cristiano, es un ejercicio práctico de la caridad. Desde la gratuidad, movidos por un sentimiento de fe, los cristianos, y así debe ser entre la gran mayoría de los voluntarios inscritos para colaborar en la visita del Papa a Madrid, donan su tiempo al servicio de aquello que Dios a través de la Iglesia les pide.
Del mismo modo que otras personas, movidas por sentimientos altruista, dedican su tiempo a otros tipos de voluntariado, aquí la fe cobra particular importancia. Una fe que muchos viven cada día, de diversos modos y en espacios diferentes, y que también los lleva a ejercer ese mismo voluntariado asumiendo otras tareas que la Iglesia les encomienda.
La gratuidad, se llame como se llame y se ejerza como se ejerza, es algo propio de quien es capaz de alzar la mirada. Frente a un individualismo creciente, que lleva a mirarse el ombligo, a preocuparse por el propio interés, por aquello que da rédito inmediato, que miles de personas se ofrezcan para ser voluntarios es un testimonio de que la fe en Dios, alzar la mirada a Él cada día, lleva a un compromiso. Muchos les agradecemos su actitud y seguro que el Papa también lo hará, de corazón.