El español Larrosa, nuevo obispo en Honduras: «Aquí hay progreso pero ha faltado desarrollo»

Un español, nuevo obispo en Honduras: «Aquí hay progreso pero ha faltado desarrollo»

Patricio Larrosa, excolaborador de Alfa y Omega, será el nuevo pastor de la diócesis de Danlí. Deja en Tegucigalpa un proyecto que ofrece educación a 10.500 niños y jóvenes. «Espero visitarlos»

María Martínez López
Larrosa con niños. Foto: diócesis de Guadix.
Foto: diócesis de Guadix.

De septiembre de 2015 a julio de 2016, el misionero español Patricio Larrosa, originario de Guadix, compartió con los lectores de Alfa y Omega sus experiencias en uno de los barrios humildes de Tegucigalpa, donde dos décadas antes había puesto en marcha la Fundación ACOES. El pasado viernes, se hizo público su nombramiento como nuevo obispo de Danlí, en el mismo país.

—No sé si preguntarle primero cómo ha recibido la noticia de su nombramiento usted o toda la gente con la que trabaja en la Fundación ACOES.
—Yo me quedé un poco sorprendido y bloqueado. Pero como el nuncio te dice que el Papa te ha nombrado obispo, pues ¿qué vas a decir? Que sí, que cuente conmigo y que aprenderé a ser obispo, si Dios quiere. Estoy bien, en el sentido de que no estaba metido en este mundo pero estoy contento. Y agradezco al Santo Padre que se haya fijado en mí.

—¿Y la gente de la parroquia de Santa Teresa de Calcuta y de las colonias de Monterrey y Montes de Sinaí?
—Algunos se creen que voy a desaparecer del Proyecto de Jesús, que es como hemos puesto de nombre a esta misión de la Iglesia porque no queremos ser una ONG; aunque para que tenga personalidad jurídica se llame ACOES (Asociación Colaboración y Esfuerzo). Es verdad que mi misión y mi tarea ahora estarán en la diócesis de Danlí, en un departamento a dos horas de viaje de aquí. Pero no es que me vaya al fin del mundo. Espero visitarlos. El mismo Papa se toma un día de descanso a la semana y yo también pienso hacerlo.

Larrosa recibe el Premio Derechos Humanos Rey de España de manos de Felipe VI. Foto: diócesis de Guadix.
Larrosa recibe el Premio Derechos Humanos Rey de España de manos de Felipe VI. Foto: diócesis de Guadix.

Tampoco es que me necesiten tanto, aunque cortar el cordón umbilical cuesta a todos. Pero aquí se queda un grupo de cinco misioneros no hondureños y por lo menos 25 o 30 hondureños que llevan 15 o 20 años trabajando en esto y que son más misioneros que los que somos de fuera. Están muy preparados intelectual y religiosamente y conocen mucho la realidad del país. Y hay un grupo de jóvenes muy capaces.

¿A cuántas personas ayudan?

—¿Qué alcance tiene ya su organización?
—Nuestra primera misión es educativa, en el sentido del Evangelio: no solo la formación intelectual oficial sino una educación del alma, integral, para hacernos sensibles a Dios y a los hermanos. Ayudamos a 10.500 niños y jóvenes, siempre con el criterio de buscara las personas de más bajos recursos para facilitarles la educación; en las escuelas públicas o en las que hemos hecho nosotros. Otros van a la universidad y algunos están estudiando y haciendo prácticas en España.

Tenemos además espacios para la oración y la celebración y el compartir nuestra vida cristiana. Queremos que nos mueva el espíritu de Jesús. Luego, esta formación hace a las personas sensibles a las necesidades de la sociedad. En consecuencia, atendemos a la gente desde que nace (empezando por las madres, que a veces se quedan sin esposo) hasta la vejez, como a ancianos en situación de pobreza. También ayudamos con medicinas a personas enfermas, pagamos el recibo de la luz. Son tantas las necesidades que podemos ayudar un poquito nada más: unas 60.000 personas, gracias a que hay 700 personas ayudando.

—Lleva más de 30 años dedicado a esa labor. ¿Cuesta marcharse?
—Yo dejé a mi padre y a mi madre, dejé la diócesis de Guadix, el pueblo donde nací, dejé todo. Y si Dios me llama, tengo que estar disponible para lo que me pida. No me puedo amarrar a cariños que tienen que estar hechos para Dios y dirigirse hacia Él. El trabajo y sacrificio hay que hacerlo, porque la llamada es a servir la voluntad de Dios y no a enamorarse de otros dioses que no son el Dios verdadero. Claro que cuesta todo mucho pero ya dijo Jesús que «el que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga». El Evangelio no es comodidad ni gusto.

Entrenamiento como vicario general

—¿Cómo ha cambiado el país desde su llegada?
—Cuando a un padre se le pregunta cómo ha ido cambiando su hijo, no se ha dado cuenta. Han aparecido centros comerciales que antes no estaban pero los problemas de muchos siguen siendo muy semejantes. Dicen los especialistas que hay más progreso, podemos decir que tenemos la última tecnología; pero que ha faltado el desarrollo: generar una sociedad más justa, tener las mayoría de necesidades de la gente cubiertas y que haya oportunidades para todos.

El trabajo con niños es clava en la misión de Larrosa
El trabajo con niños es clava en la misión de Larrosa

—¿Cómo es Danlí, la diócesis a la que le envía el Papa?
—La verdad es que sé muy poco porque me he dedicado casi todo el tiempo a esta misión que tenía aquí en la arquidiócesis de Tegucigalpa, a la educación, a la escuela, a los jóvenes. Danlí tiene la tercera ciudad más importante del país, es un departamento próspero en el sentido de que hay una agricultura potente y mucho trabajo en el maíz, los frijoles, el tabaco y el café; además de riqueza natural. La iré conociendo poco a poco pero puedo decir que ya le he cogido cariño. Algunos sacerdotes ya me han escrito porque los conocía de cuando eran seminaristas; pero no he hablado demasiado con ellos.

—Desde 2023 ha sido también vicario general en Tegucigalpa. ¿Cree que le ha preparado para esta nueva misión?
—Estos dos años y medio han sido muy positivos. Me han servido para poder amar a la Iglesia y servirla desde otra posición. Ha sido muy enriquecedor, un regalo grande que el Señor me ha dado, el poder estar cerca del arzobispo y ver la Iglesia desde una perspectiva más general, darme cuenta de que necesita gente que la atienda en su organización. He descubierto también muchas personas muy buenas que están aquí en el Arzobispado trabajando todos los días para que la Iglesia funcione y esté estructurada.