Este nuevo libro del cardenal Robert Sarah aborda, sobre todo, la cuestión de la música sacra en la liturgia. El volumen trascribe una serie de entrevistas realizadas por Peter Carter. Es un libro recomendable y aleccionador. La ventaja que tiene el género literario de la entrevista es que hace la lectura más amena y entretenida. La desventaja es que se difumina a veces el hilo conductor.
En todo caso, Peter Carter demuestra ser un entrevistador eficaz. Sus preguntas son provocativas, a veces un poco subversivas, con un estilo típicamente americano, cortante y al grano.
Si pasamos al contenido, creo que leer al cardenal Sarah es siempre recuperar el sentido de lo sagrado en la liturgia: silencio o contemplación son palabras que resuenan continuamente en el libro. A ello se suma un hondo sentido de la centralidad de la liturgia en la vida cristiana. La respuesta de los mártires de Albitene en el año 304 expresa bien lo que para el cardenal Sarah es (o debería ser) la natural perspectiva cristiana: sine dominico non possumus, «sin domingo no podemos vivir»; sin la Eucaristía dominical no podemos subsistir.
En general, el libro es profundamente heredero de Joseph Ratzinger y de su punto de vista sobre el sentido de la música en la liturgia, la preservación del latín, la belleza de la liturgia o el significado de una paticipatio actuosa en la ella.
Las preguntas del pertinaz entrevistador obligan, a veces, al cardenal Sarah a aterrizar sobre terrenos un poco tortuosos, como cuando Carter inquiere sobre la «necesidad» del canto gregoriano, o se empeña en saber hasta qué punto es posible el baile durante una celebración eucarística o porfía sobre la medida en que ciertos ritmos musicales modernos pueden emplearse en un contexto litúrgico. Son temas que evidentemente despiertan cierta curiosidad y que pueden impactar más en una lectura superficial. Repito, sin embargo, que para mi gusto lo que aporta el cardenal Sarah supera con mucho toda esta serie de cuestiones más puntuales.
En su profundidad última, lo que despierta este libro es el sentido de la belleza sagrada de la liturgia. Esa belleza es, en sí misma, testimonio de Cristo e invitación a adentrarse en el misterio. Una liturgia banal, descuidada, secularizada; o una liturgia de mero aplauso y escenario, de espectáculo y pasarela de moda, nos deja, en el fondo, muy vacíos.
No quiero terminar sin añadir que las palabras del cardenal Sarah respiran, sin duda, un sincero cariño y cercanía a los sacerdotes que, ciertamente, hacen mucho más reales y llevaderas la serie de exhortaciones particulares que les dirige en el libro.
Robert Sarah, Peter Carter
Palabra
2026
288
19,90 €