María Bazal: Movistar Arena se convierte en un ágora del encuentro - Alfa y Omega

María Bazal: Movistar Arena se convierte en un ágora del encuentro

El Movistar Arena reunirá, la tarde del domingo 7 de junio, a miembros del arte, la cultura, la economía y el deporte con el Papa León XIV y la Iglesia en Madrid para tejer redes en torno a la cultura del encuentro

Cristina Sánchez Aguilar
María Bazal
Foto cedida por María Bazal.

María Bazal, delegada de Familia y Vida de la archidiócesis de Madrid junto a José Barceló, es una de las responsables del evento Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte, que reunirá al Santo Padre y a la Iglesia en Madrid en torno a la sociedad madrileña, el domingo 7 de junio por la tarde, para compartir el sentir de una ciudad que «mira alto y toca el cielo». Porque en el ADN de Madrid reside una secuencia lógica que define nuestro carácter: primero aprendemos a alzar la mirada y, solo entonces, comprendemos por qué el destino final es el cielo. 

Esta no es solo una frase hecha; es la hoja de ruta de una sociedad que ha hecho de la apertura y la cultura su mayor patrimonio. En este contexto, el arte y la expresión cultural se alzan como el lenguaje universal que permite a la Iglesia dialogar con el corazón de la ciudad. La belleza no es un lujo decorativo, sino el atrio de los gentiles donde la fe y la razón contemporánea se encuentran para descifrar el misterio de lo humano.

—¿Cómo nace la idea de organizar este evento en torno a la cultura, el arte, la fe y la cultura del encuentro?
—Nace de una convicción profunda: la Iglesia no puede ser un espectador de la realidad, sino una interlocutora válida en la plaza pública. Queríamos que la archidiócesis de Madrid fuera ese espacio donde la fe y la razón se abrazan. La idea es pasar de una Iglesia que solo enseña a una Iglesia que escucha y discierne junto a la sociedad civil, buscando las huellas de Dios en la vanguardia cultural y en el día a día de nuestra ciudad.

—¿Qué significado especial adquiere esta iniciativa en el contexto de la visita del Papa León XIV?
—Su visita no es un evento aislado ni puramente protocolario; es la validación de un proceso. El Papa León XIV no viene como un actor externo, sino como el pastor que confirma un camino de escucha sinodal que Madrid ya está recorriendo. Su presencia convierte este encuentro en un hito de unidad, mostrándonos como una Iglesia que dialoga internamente para poder ofrecer algo con sentido hacia afuera.

Encuentro Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte

Domingo 7 de junio

18:00 horas

Movistar Arena

—¿De qué manera el arte puede convertirse hoy en un puente entre la fe y una sociedad plural?
—El arte es, por definición, el lenguaje de lo humano. En este encuentro, el arte y la cultura actúan como ese ágora del encuentro donde nadie se siente extranjero. En una sociedad fragmentada, la belleza es capaz de sanar la ruptura entre fe y cultura, permitiendo que personas de distintas sensibilidades se encuentren en una búsqueda común de trascendencia sin prejuicios.

—¿Cree que el lenguaje artístico sigue siendo capaz de interpelar a quienes están alejados de la fe?
—Absolutamente. El arte no impone dogmas, sino que abre preguntas. Como hemos planteado en la estructura del evento, el arte es un lugar teológico que toca las fibras de la esperanza y el dolor. Es capaz de interpelar porque habla el idioma de la experiencia humana, convirtiéndose en el primer paso de un diálogo que quizás en otros ámbitos sería imposible.

—¿Qué papel juegan los miembros de la sociedad civil en la construcción de una cultura del encuentro?
—Un papel protagonista y esencial. En la primera etapa del evento, el Atrio de la Escucha, son los artistas, intelectuales y empresarios quienes toman la palabra. La Iglesia reconoce que el mundo tiene preguntas reales y urgentes. La sociedad civil no es un público pasivo, sino el sujeto con el que queremos construir esa «amistad social» de la que nos habla Fratelli tutti.

—¿Qué desafíos se encuentran hoy para construir esta cultura del encuentro en una ciudad como Madrid?
—El principal desafío es la fragmentación y la soledad que a veces genera la gran ciudad. Madrid es un nudo de acogida, pero también de ruido. El reto es convertir a la diócesis en un lugar de cita real, donde logremos que la vanguardia cultural y las realidades temporales (deporte, empresa, trabajo) no caminen de espaldas a la búsqueda de sentido.

—¿Qué impacto esperan que tenga este evento, más allá de su celebración?
—No buscamos que sea un acto fugaz, sino una «liturgia del encuentro» que marque un antes y un después. Esperamos que se consolide una red de colaboración permanente por la justicia y el bien común, donde la diócesis siga siendo ese espacio de acogida para la cultura y el pensamiento, generando un sentido compartido a largo plazo.

—¿Qué mensaje le gustaría que se llevaran los participantes? ¿Y qué mensaje se transmitirá a León XIV?
—A los participantes, que la Iglesia es su casa y que sus gozos y esperanzas son los nuestros. Que no venimos a cerrar diálogos, sino a abrir horizontes de esperanza. Al Papa, nuestro agradecimiento por ser un constructor de puentes, de escucha y de paz. Queremos transmitirle que Madrid es una Iglesia misionera que no tiene miedo a la plaza pública y que está comprometida con ese respeto por las realidades temporales que él tanto promueve, sobre todo a una paz desarmada y desarmante basada en el diálogo, la justicia y la fraternidad entre los pueblos.

—¿Este evento es un punto de partida para futuras iniciativas similares?
—Sin duda. Es el inicio de una nueva forma de presencia. Queremos que la metodología de escucha en el Espíritu se aplique de forma habitual en nuestra relación con la sociedad civil. Este encuentro con el Papa es la chispa para convertir este diálogo en una estructura estable de misión y unidad.

—¿Qué le gustaría que cambiara en la relación entre fe, cultura y sociedad tras experiencias como esta?
—Me gustaría que cayera el muro de la desconfianza mutua. Que la fe deje de verse como algo ajeno al progreso cultural y que la sociedad vea en la Iglesia a una aliada para reconstruir lo humano. Que pasemos de la coexistencia al verdadero encuentro.

—Si tuviera que resumir en una idea el objetivo de este encuentro, ¿cuál sería?
—Queremos que Madrid sea el lugar donde la Iglesia y la sociedad civil se sienten a la misma mesa para escucharse sin prejuicios, usando el arte y la cultura para encontrar soluciones comunes a la soledad y la división de nuestro mundo. En definitiva, este encuentro con el Papa León XIV es nuestra forma de decir que la Iglesia no es una burbuja, sino una compañera de camino. 

Siguiendo el espíritu de Gaudium et spes, queremos que los problemas y las ilusiones de cada madrileño sean los nuestros, sin distinciones. Pero no nos quedamos solo en la empatía: como nos recuerda la Fides et ratio, necesitamos que la fe y la razón vuelvan a abrazarse. Queremos demostrar que pensar y creer son dos alas de una misma búsqueda de la verdad. Si logramos que en Madrid la vanguardia cultural y la fe se miren a los ojos para construir una humanidad más digna, habremos convertido este evento en algo mucho más grande: en un horizonte de esperanza real para todos.