El incumplimiento del alto el fuego en Líbano agrava la diáspora de sus vecinos
Desde la declaración han muerto al menos 380 personas. Según ACNUR, la realidad sobre el terreno sigue siendo extremadamente frágil
La entrada en vigor del alto el fuego el pasado 17 de abril no ha supuesto el final de la crisis en Líbano. Lejos de estabilizarse, la situación humanitaria continúa deteriorándose en un contexto marcado por la inseguridad, la destrucción y el desplazamiento constante de la población civil.
Según ACNUR, la realidad sobre el terreno sigue siendo extremadamente frágil. Aunque la capital, Beirut, no ha sufrido ataques recientes, el sur del país y zonas del valle de la Bekaa permanecen expuestas a bombardeos, fuego de artillería y restricciones de movimiento. Esta situación mantiene a miles de personas en un estado permanente de incertidumbre y obliga a muchas a abandonar sus hogares de forma reiterada.

Desde la declaración de la tregua, al menos 380 personas han muerto, lo que evidencia la fragilidad del cese de hostilidades. La destrucción sigue extendiéndose por amplias áreas del país, lo que ha afectado tanto a viviendas como a infraestructuras básicas. Datos del Consejo Nacional de Investigación Científica del Líbano indican que solo en los primeros días tras el alto el fuego cientos de viviendas fueron destruidas o dañadas.
Israel prohíbe el retorno al sur
El regreso de las personas desplazadas está siendo limitado y, en muchos casos, temporal. Aunque miles de familias han intentado volver a sus hogares, la falta de seguridad y la devastación generalizada las obliga a marcharse nuevamente. Muchas regresan para comprobar la situación, pero se encuentran con casas arrasadas, barrios inhabitables y ausencia total de servicios básicos como agua, electricidad o atención sanitaria.
En algunas zonas del sur, bajo control del ejército israelí, ni siquiera se permite el retorno de la población desplazada. Esta situación agrava la sensación de bloqueo y contribuye a ciclos repetidos de desplazamiento que desgastan a las familias afectadas.

Los testimonios recogidos sobre el terreno reflejan con claridad esta realidad. En localidades como Nabatieh o Tiro, familias que intentaron regresar se vieron obligadas a volver a refugios colectivos tras comprobar que sus viviendas habían desaparecido. En Saida, algunas personas sobreviven en condiciones precarias, durmiendo en escuelas habilitadas como refugios y sin perspectivas de retorno.
Otros refugiados se marchan
A esta crisis interna se suma la salida de los refugiados de otros países que habían hecho del Líbano su hogar. Por ejemplo, más de 310.000 sirios han abandonado el país en los últimos meses, cruzando de nuevo la frontera ante la falta de alternativas.
Mientras tanto, la respuesta internacional sigue siendo insuficiente. El plan de emergencia para el país apenas ha recibido poco más de un tercio de la financiación necesaria, lo que limita gravemente la capacidad de asistencia.