El sacerdote que estudió diplomacia sin saber idiomas y que recibió un disparo en su habitación - Alfa y Omega

El sacerdote que estudió diplomacia sin saber idiomas y que recibió un disparo en su habitación

El nuncio en Gran Bretaña, Miguel Maury, considera que «por encima de las divisiones que desgraciadamente nos separan y son difíciles de superar, tenemos la obligación de ser testigos de Cristo en el mundo actual»

Redacción
El arzobispo Miguel Maury Buendía el23 de julio de 2024.
El arzobispo Miguel Maury Buendía el23 de julio de 2024. Foto: Organización Marítima Internacional.

El periodista Ariel Beramendi ha entrevistado al nuncio en Gran Bretaña, Miguel Maury. En la conversación, la que publicamos a continuación, el arzobispo español hace un repaso de su carrera diplomática, recuerda cómo se hizo nuncio por obediencia, rememora su presencia en Ruanda durante el genocidio, habla de la nueva arzobispa de Canterbury y también se pronuncia sobre el próximo viaje del Papa a España.

—En este episodio tenemos el honor de entrevistar al arzobispo Miguel Maury Buendía, quien es el nuncio apostólico en Gran Bretaña. Monseñor, ¿por qué el Papa tiene un embajador que vive en Londres y es embajador de Gran Bretaña?
—El Papa ya en la Edad Media tenía un embajador ante la corte de Saint James, que es como se llama la corte del rey de Inglaterra. Estuvo aquí hasta la reforma protestante y el día en el que murió la reina María Tudor, también murió, en extrañas circunstancias, el cardenal Pole, quien fue nuncio durante muchos años. Durante los últimos siglos, no hubo nuncios en Gran Bretaña.

A principios del siglo XX, el Santo Padre mandó un delegado apostólico, es decir, un representante ante la Iglesia Católica en Gran Bretaña, pero que no tenía carácter diplomático. Sólo en el año de 1982 se restablecieron las relaciones diplomáticas con el Reino Unido en su totalidad. Por una parte las tres zonas que forman Gran Bretaña: Inglaterra, Wales y Escocia, y por otra el Ulster dependiente de la nunciatura en Irlanda.

Para la Santa Sede era importante que toda Irlanda tuviese relación con la Nunciatura de Dublín, porque la conferencia episcopal irlandesa abarca toda la isla, y hay diócesis, como por ejemplo la sede primacial de Armagh, que tiene parte del territorio en el Ulster y parte del territorio en la República. Es decir, yo soy nuncio en Gran Bretaña, no en el Reino Unido.

Esto lo aceptó Inglaterra porque entendió los problemas pastorales y todo lo que eso comporta, porque, la misión de un nuncio es doble, según está claramente reglamentado en los estatutos sobre la diplomacia vaticana: relación con las iglesias locales y relación con los gobiernos de esos países, para facilitar la vida de la Iglesia y las grandes cuestiones que atañen a todos los ciudadanos.

Un embajador, normalmente, defiende los intereses y las personas de sus ciudadanos en un tercer país. Un nuncio no. Para un nuncio, los católicos ingleses son ciudadanos de este país, y yo defiendo los mismos intereses que tiene Inglaterra hacia sus ciudadanos, velando que ellos puedan vivir su fe con libertad y en armonía con las otras confesiones.

El monarca con Maury en el palacio de Buckingham el 18 de mayo.
El monarca con Maury en el palacio de Buckingham el 18 de mayo. Foto cedida por Miguel Maury.

El nuncio no solo se relaciona con la Iglesia católica, sino que se relaciona y tiene una misión con las demás confesiones, particularmente aquellas que son más mayoritarias en cada país, aquí sería la Iglesia anglicana, pero también con los ortodoxos, con los hebreos, con los musulmanes. Yo tengo muy buenas relaciones con todos.

El segundo nivel de relación es estrictamente diplomático, y también tiene una doble dimensión. Por una parte, el trato y la cercanía con todos los diplomáticos acreditados en ese país y las relaciones con las autoridades.

En mi caso, como nuncio apostólico, tengo una relación particular con Su Majestad el rey Carlos III, a quien encontré en muchas ocasiones, sobre todo, por cuestiones de tema religioso.

—Él además de ser el rey del Reino Unido, también es la cabeza de la Iglesia Anglicana, ¿verdad?
—No, es la cabeza de la Iglesia de Inglaterra, porque la Comunión Anglicana tiene varias iglesias nacionales confederadas.

—Pero ¿existe algún tipo de primacía histórica por Canterbury?
—Bueno sí, Canterbury es el primado tradicional de la Iglesia Anglicana.

—Que entre otras cosas, por primera vez mujer, tiene una «arzobispa».
—Y que hoy (27 de abril) ha sido recibida por el Santo Padre con su delegación y el Papa ha insistido en que, por encima de las divisiones que desgraciadamente nos separan y son difíciles de superar, tenemos la obligación de ser testigos de Cristo en el mundo actual.

—Entonces hay una dimensión religiosa-eclesial y, por otro lado, político-social. Recientemente leí la frase: «una taza de té, especialmente aquí en Inglaterra, puede ser más potente que una espada». ¿Qué le parece?
—La Iglesia es lo que la gente de mundo llama un soft power, ya usted conoce la famosa frase de Stalin: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?». Es decir, nosotros y el Papa León XIV insistimos mucho, en que no buscamos otra cosa que la paz y el bien de la entera sociedad, es decir, usamos métodos humanos, no métodos animalescos, como es la ley del más fuerte.

—Y especialmente en estos tiempos de guerra que estamos viviendo en la actualidad, el Papa, curiosamente cuando salió al balcón central de la basílica San Pedro por primera vez dijo: «la paz sea con ustedes», casi como una premonición de lo que iba a pasar. Y él ahora está promoviendo la paz por todos lados.
—Ese es el saludo de Cristo resucitado.

Maury durante una Eucaristía en Deva (Rumanía).
Maury durante una Eucaristía en Deva (Rumanía). Foto: Nunciatura apostólica en Rumanía.

—Pero él anima a que la paz también se encuentre sobre todo en un diálogo y a través de la diplomacia.
—Sí. Bueno, eso lo vienen diciendo los papás desde hace mucho tiempo. Lo que pasa es que se escucha poco, pero es el camino.

Hay muchos intereses, la guerra es un gran negocio, se gana mucho dinero y hay mucha gente interesada en promoverla.

—Pero existe un trabajo silencioso que ustedes los nuncios realizan teniendo redes de diálogos y puentes, incluso, como nos ha mencionado, con personas que no tienen la misma religión o que simplemente son aconfesionales?
—Ciertamente, es decir, nosotros apelamos a la conciencia humana y usamos razones. No hacemos presión de otro tipo.

En todos los países en los que he estado, que han sido muchos, siempre he encontrado gente dispuesta a oír razones, incluso para su propio beneficio.

No olvidemos que la diplomacia también es saberse poner en el lugar del otro y decirle aquello que a él le beneficia. No sólo tratar de presentar nuestras razones, sino de decir, mire usted, para usted esto es mucho más que conveniente por estos motivos…

—Acaba de mencionar que ha estado en varios países. Usted trabajó apoyando en las lecturas de Ruanda, Uganda, Marruecos, Nicaragua, Egipto, Eslovenia, Irlanda y también en la Secretaría de Estado del Vaticano.
—Así es. Mire usted, empecé en Ruanda con las masacres de Burundi y estuve allí cuando estalló el genocidio, es decir, he vivido la guerra en primera persona. Tengo una bala que entró en mi dormitorio una noche durante el asedio de Kigali. Es decir, que sé lo que es la guerra en carne propia.

—Y supongo que a edad temprana.
—Entonces tenía 32 años.

—Quisiera hacer un paréntesis. ¿Qué le llevó a ser nuncio?
—La obediencia.

—¿No la vocación?
—No. Mi vocación ha sido siempre una vocación sacerdotal. Yo quise ser sacerdote y un día el Cardenal de Madrid me llamó y me dijo: «El Papa me ha pedido un sacerdote joven para la academia diplomática. He pensado en ti». «Yo no hablo ningún idioma». «Eso se aprende. Tú vas, si ves que puedes seguir adelante…, pues adelante». Y así me he pasado toda la vida.

—Ese cardenal tuvo un ojo clínico para escogerlo…
—Era el cardenal Ángel Suquía, un hombre inteligente.

Libros y literatura

—Hablando de sus misiones como nuncio, me parece que ha tenido tres grandes sedes.
—Estuve casi ocho años en Kazajistán, con Kirguistán y Tayikistán, y casi ocho años en Rumanía y en la República de Moldova. Aquí (en Inglaterra) ya llevo tres.

—Y cada una de estas le ha dejado algo, como es lo lógico, pero durante el pontificado del Papa Francisco, usted estuvo involucrado en primera persona en la organización de la visita del Papa Francisco a Rumanía.
—En Kazajistán participé mucho en los congresos de los líderes religiosos, en cuatro, porque se celebran cada tres años. Al último asistió el Papa Francisco, pero yo ya no estaba en Kazajistán, pero había seguido esos congresos.

En cambio en Rumanía, sí. En Rumanía publicamos este libro de gran formato sobre la visita del Papa en Rumanía, que le gustó mucho y me dijo mandadme algunos ejemplares que los pongo aquí en Santa Marta para que los vea la gente, etc.

Es un libro en el que se recogen todas las intervenciones, los discursos, y todo lo que ha sido la visita a Rumanía. Fue una visita importante, justo antes del Covid, del 31 de mayo al primero de junio de 2019.

—¿Y este libro lo ha escrito cuando usted estaba todavía en Rumanía?
—Sí, este lo preparé yo en Rumanía, pero no es que sea un libro mío, son los discursos, son las intervenciones, son las fotos que hicieron los del L’Osservatore Romano, muy bien hechas.

—Pero ha tenido el tiempo para editarlo…
—Pero el tiempo no se tiene, el tiempo se busca y se emplea.

—Y se prioriza, seguramente. ¿Es este libro que usted va a presentar en Londres?
—No, para nada.

—¿Entonces es uno de tantos?
—Sí, de hecho yo he escrito varios libros.

—A usted le gusta la literatura. Quisiera entrar en ese tema, si me permite.
—Bueno, a mí me gusta hablar poco de mí mismo, porque nosotros los diplomáticos debemos ser como un buen cristal de una ventana. Dejar pasar la luz y la imagen, de manera de que, el que te manda, en mi caso el Papa, vea lo que hay en la habitación y los de la habitación vean al Papa. En el momento en el que uno se erige como protagonista está traicionando la misión más profunda de un diplomático. Pero sí, he escrito libros.

El primero que publiqué fue una novela y lo hice con pseudónimo en el 2002. La última edición lleva ya mi nombre, lo retoqué un poco, la hice un poco mejor y se tradujo hace poco al esloveno, porque el protagonista es un joven esloveno del siglo XVI. El libro se llama El cáliz de Carlos V.

En la presentación que hice en Liubliana de la versión eslovena, se interesó mucho el cardenal Rodé, para hacer que fuera un esloveno clásico y hermoso como el castellano de la novela. Hace poco me han informado que lo han puesto como libro de lectura obligatoria en algunas escuelas, porque no tienen mucha literatura sobre el siglo XVI y menos de un extranjero sobre Eslovenia.

—Pero escribir un libro también lleva un tiempo de investigación y sobre todo la pasión por la literatura. ¿Qué libros usted recomendaría o que le han gustado últimamente?
—Yo no recomendaría ninguno. Cada uno tiene sus preferencias. Ya le digo, a mí me gusta la literatura de creación, las novelas. Prefiero más la literatura sobre la realidad, por ejemplo, ahora estoy leyendo un libro de viajes escrito por Leandro Fernández de Moratín en la última década del siglo XVIII, que se llama Viaje a Italia.

Y claro, es maravilloso descubrir cómo era Italia hace más de dos siglos. Hay muchos puntos en común y que siguen todavía vigentes. Es como ver un documental del pasado.

Me gustan los libros de historia, pero ya digo, a veces la literatura creativa tiene la capacidad de transformar la realidad, de darle mayor profundidad.

—Ahora, usted presenta un libro en Londres.
—El libro que voy a presentar esta semana (30 de abril) en el Instituto Italiano de Cultura, porque es en lengua italiana, se llama Fe, vida, diplomacia.

Este libro fue escrito originalmente en rumano y es una entrevista que me hace la diplomática y literata Diana Turconi. 111 preguntas sobre la fe, sobre mi vida, sobre lo que es la diplomacia de la Santa Sede.

Lo presenté en Roma el año pasado, en octubre, y lo voy a presentar en español en Madrid en junio. Es decir, yo todavía no he publicado nada en inglés.

Espero todavía tener el tiempo y las ganas para meterme en ello. Yo normalmente escribo ya al final de una misión mía, porque hay tantas cosas que hacer que uno no tiene el tiempo para escribir con calma.

—Y sobre todo en una nunciatura como la de Londres…
—Bueno, no solo Londres porque, entre otras cosas, estoy visitando todas las diócesis de Gran Bretaña, ya he visitado 2/3, pero me queda todavía 1/3. Visitarlas en serio, es decir, pasar 3, 4, 5 días, ver al clero, a los laicos, visitar las escuelas, las obras sociales y de caridad. En fin, conocer la realidad sobre el terreno. Eso toma tiempo.

También la preparación de los nombramientos de los obispos. Realizar una consulta amplia, profunda, también toma tiempo.

Participar en tantas recepciones y cenas, también toma tiempo. Uno no tiene tanto tiempo.

Los viajes del Papa León XIV África

—De hecho, estoy agradecido por su tiempo y este diálogo. Pasando al tema de la internacionalidad de la cual hemos hablado, el Papa León XIV recientemente estuvo en África. ¿Qué le ha parecido este viaje?
—Me ha aparecido sobre las huellas de los viajes precedentes que han hecho otros Papas. El primero fue Pablo VI con su viaje a Uganda (en 1969), luego vino Juan Pablo II (en 1993). Yo estuve en Uganda, habían pasado 30 años de su visita y esa visita del Papa había dejado un gozo enorme.

El Papa Francisco también hizo viajes en África, el último que hizo en Sudán, acompañado del doctor Welby, el primado anglicano. Fue un claro ejemplo de los muchos campos en los que podemos y debemos colaborar juntos.

—Me llamó mucho la atención el viaje a Argelia porque fue como un viaje de característica «circular», porque León XIV, siendo agustino, fue a visitar, esta vez como Papa, la diócesis de san Agustín de Hipona. Entonces tiene un carácter espiritual profundo.
—Allí hubo una gran cristiandad que desapareció con el islam. La presencia cristiana es mínima. Durante el protectorado francés había una cierta presencia católica, pero de franceses, no de argelinos. Claro, no es ni el primero ni será el último país de mayoría musulmana que el Papa visite, porque también sus predecesores han visitado países musulmanes.

Pero lo importante es que el Papa ha querido que uno de sus primeros viajes fuera hacia África, definido por Pablo VI como el continente de la esperanza.

El contexto en el cual ahora nos movemos, son de estas emigraciones masivas, manipuladas en buena parte, de la gente que se anima a dejar sus países en busca de una vida mejor.

España

—Al hablar de viajes y considerando que Usted es español, no podemos dejar de mencionar el inminente viaje del Papa León XIV a España. El contexto es totalmente distinto al africano, pero ¿qué significa esta visita a España?
—Dice usted que es distinto el contexto. Le digo una cosa, Juan Pablo II trató de visitar las Islas Canarias, no por los motivos que quiere ir León XIV.

Hace 30 años las Islas Canarias eran la zona más practicante de España. Más del 60 % asistía a la misa todos los domingos, pero el Gobierno español le dijo: «Santidad, usted es bienvenido a las Canarias, si viene al mismo tiempo a España o va usted a Hispanoamérica, ningún problema, pero, ir a Marruecos y a Canarias, como había propuesto, no. Porque Marruecos, que no tiene nada que ver con las Islas Canarias, tiene el deseo de decir que está enfrente de nuestras costas del Sahara español, que ha ocupado Marruecos y son nuestras. Entonces no, porque eso podría ser una excusa…».

El Papa León XIV quiere ir a las Canarias justo porque hay mucho emigrante africano que trata de colarse en España a través de las Islas Canarias. Allí el brazo de mar es pequeño, en un día de navegación se llega a las Islas Canarias y allí se están recibiendo a muchísimos inmigrantes. Entonces, está siguiendo el ejemplo del Papa Francisco al darle a esa visita un carácter particular, también sobre los emigrantes.

La otra visita que el Papa León XIV hace a Madrid y a Barcelona, no es a esas ciudades, es a toda España. Lo que pasa es que no pudiendo hacer, como hizo Juan Pablo II en el 82, que dedicó doce días a recorrer todas las regiones de España, pues va a dos puntos centrales donde se concentra la vida española. Madrid, por una parte, donde celebrará el Corpus Christi y Barcelona, donde se concluye la torre del Salvador de la basílica de la Sagrada Familia de Gaudí.

El nuevo nuncio en la carroza que, según dicta el protocolo, lo traslada a su encuentro con el rey.
El nuevo nuncio en la carroza que, según dicta el protocolo, lo traslada a su encuentro con el rey. Foto: cbcew.org.uk / Mazur.

—Se terminará de construir después de 144 años, ¿qué significa esta basílica de la Sagrada Familia para Barcelona, España, Europa y el mundo?
—Que yo sepa, el único país donde todavía se construyen catedrales de piedra, es decir, para que duren milenios, es España. En los años sesenta y tantos se consagró la de Vitoria, en el 92 la de la Almudena. Ahora, la de la Sagrada Familia. Bien, es un signo y como obra de arte es única e insuperable.

Pero en fin, es una llamada de atención y también la dedicación a la Sagrada Familia en una sociedad en la que la familia está tan asediada y no deja de tener un hondo significado.

Inglaterra

—Hablando de viajes, ¿cree usted que el Papa León XIV puede venir a Inglaterra?
—A mí me parecería lo más natural, después de haber recibido la visita de Estado de su Majestad Rey Carlos III, de que le devuelva la visita y realice una visita de Estado al Reino Unido.

—La visita que realizó Benedicto XVI todavía es muy recordada por los católicos.
—Ciertamente, este Papa tiene además otra cosa, es el primer Papa de origen americano, y yo estoy convencido de que no sólo los ingleses, sino todos los norteamericanos estarán pendientes de la visita del Papa en Inglaterra, si ésta se realiza.

—Para terminar, quisiera hacerle un par de preguntas casi personales.
—Aunque ya se lo he dicho. Me gusta exponerme poco.

—Es más bien un consejo. ¿Qué consejo le daría hoy a Miguel Maury Buendía, de 25 años, si lo tuviera enfrente de usted?
—Ninguno, porque estoy seguro de que no me haría caso. Es decir, los consejos, sobre todo cuando uno es joven, entran por un oído y salen por otros. Siempre digo a los padres, mire, sus hijos no obedecen, imitan, imitan. Consejos… pocos.

—Los ejemplos arrastran más que los consejos. Pues, ya para cerrar esta entrevista que la verán seguramente personas de muchos lugares donde se habla español, quisiera que nos dé un mensaje a las personas que viven en este país, en el Reino Unido y que hablan español.
—Aquí muchísima gente viene sólo por una cosa, por el dinero. No es una razón.

Hay que vivir la vida más a fondo y lo único que tenemos es el presente. Muchos vienen pensando en un futuro que luego no llega. Es decir, hay que vivir con realismo y hay que vivir las virtudes cristianas cada día. Ese es mi aviso, es decir, que no vayan detrás de fantasmas que no conducen a ninguna parte.

—Creo que es un consejo que nos habla directamente a todos los que vivimos aquí. Muchísimas gracias.